miércoles, 13 de mayo de 2009

Pepo salta a la ficción

Pepo Pérez charlando en una cena de La Música Contada. Carlos Miranda escucha.

Pepo Pérez (http://www.pepoperez.com/) es uno de los más eruditos seres que he encontrado en mi vida y, posiblemente, una de las personas que más sabe de cómic y arte popular del mundo. Alguien que sabe trascender del datismo friki y que aplica concienzudamente principios científicos a sus investigaciones, opiniones y aseveraciones. Lo conocí una vez por nuestro común amigo Carlos Miranda -Cake, Carlitos, artista, teórico del arte y profesor en la Facultad de Bellas artes de Málaga- a quien alguna vez posteé al principio del blog como Mirandita der Perché, toda vez que le logré un robado en el Orellana donde parecía la mismita reencarnación der Camarón Shico, manque argo gachó. Habíamos coincidido alguna vez que otra en mis Músicas contadas y en alguna terraza y habíamos intercambiado charla.


Autorretrato de Pepo como Spiderman.

La conversación de Pepo es inteligente e inagotable. Puede estar hablando horas de un fotograma o una viñeta sin decir tonterías ni obviedades. A pesar de su verbofagia, que comparto, aunque intente quitarme de vez en cuando, tengo a Pepo por un tipo tímido. Creo que los habladores somos así no sólo porque nos guste escucharnos, que algo de eso habrá o asío lo dicen los freudianos de café con otras palabras y demás osis, sino porque de esa manera evitamos el silencio, el vacío de ser y, sobre todo, que nos interpelen con algo que nos saque los colores. Pepo, al contrario que yo, que soy un tipo disperso y poco dado a sistematizaciones concienzudas, es un enciclopédico ilustrado, además de un creador, divulgador, y crítico de cómics importantísimo. Sus blogs con C de arte (http://concdearte.blogspot.com/) y Es muy de cómic (http://pepoperez.blogspot.com/), son auténticas delicias, además de tener la virtud de estar trabajados con enorme rigor y constancia. Tuve la fortuna de compartir charlas con él y otros amigos etiqueta negra el día que Max vino a La Música Contada. Acabamos cenando en un restaurante de Málaga, por La Malagueta, una suerte de sador argentino dode el dueño, para postre te canta en el cogote canciones del folclore sudamericano, con voz de tanguero grave y arrastrado, algo que todos los parroquianos celebraban muchísisimo pero que a nostros nos indigestó el churrasco. Porque eso de ver cómo te vibra la nuca con Sapo cancionero o Zamba de mi esperanza mientras nos echaban todos una mirada de "cómoesposiblequeestostiposnosecallenysearrobenconmisonysiganhablandodetebeos" no es agradable, no. Eso fue la primera noche. La segunda, en el Mesón Mariano, ya nadie nos cantó y Pepo demostró como entre tdoos los Demóstenes del lugar, nadie le echaba la pata. Fotos hay que dan fe de ello.

Juan Pablo Gordillo (dueño de En Portada Cómics), Alvaro Gastmans y Conde siguen escuchando a Pepo.

Y Max, y Miranda, y Vicente y Nacho Gabrielli. Pepo es como Cristo cuando coge el hilo.


También dio fe de ello en mi última fiesta de cumpleñaos. Bueno, mía y de Miranda, donde acudió con Carlos, Cake, y durante cinco horas sólo dejaron de hablar para comer un poco de carne con mojo picón que habían hecho entre Victoria y Eva. Creo que se lo pasaron bien, pero supongo que no hubiera importado mucho el entorno porque su fiesta estuvo en las palabras e ideas que intercambiaban. Le gustó mi casa, eso sí, que no la conocía. Y me regaló el libro de Michio Kaku, Física de lo imposible, donde el físico yanquinipón revisa desde el punto de vista de la ciencia todos los conceptos y descubrimientos que aparecen en las obras de ciencia ficción de hoy bajo la luz de su posibilidad científica. Una forma amena de saber a dónde vamos tecnológica y científicamente hablando.


Max en la Música Contada. ¡Qué bien estuvo el maestro!


Pero este post venía a cuento de una pequeña anécdota de ayer. Pepo, como yo y todos los lectores de cómics de fantaciencia y superhéroes, está muy familizarizado con todo ese universo de imposibles lleno de dimensiones paralelas, viajes en el tiempo, enfrentamientos con tu doble temporal, sincronías y superpoderes habituales de las historietas y la literatura de ciencia-ficción -las pelis copian, ojo- que ahora la ciencia y las industrias de entretenimiento masivo empiezan a llevar a un terreno común. Ayer nos encontramos por la calle. Iba yo con mi hijo por el centro de Málaga camino de la Autoescuela donde le apunté para que se sacara el carné de conducir caundo lo vi andando delante nuestra. Al llamarle sus ojos se asombraron:

-Hola, tío. ¡Joder! No te lo vas a creer. Acabo de entrar en tu blog y ver el post de tu hijo. Y ahora apareces tú por aquí. Es como si la metarrealidad se hubiese materializado (o algo así dijo, que no tengo la memoria de Truman Capote para recordar textualmente todas las citas).
Era la sincronía universal. Y era algo muy de cómic. Entiéndanme. Eso pasa continuamente. Pero yo quería tener una excusa para hablar de Pepo e invitarles a que entren en su blog y se pierdan allí. A que lean alguna de sus dos entregas de El Vecino (Astiberri) (http://www.astiberri.com/elvecino/) y a que conozcan a este sabio a través de sus artículos y colaboraciones en prensa (Rock de Lux, El Periódico de Catalunya...) y de sus posts diarios en el blog.
Ayer pensé que quién era personaje en la ficción de quién. Probablemente ambos lo seamos en la de cada cual. Yo creo saber cuáles son los roles que ocupamos cada cual en mi propia ficción. Él sabrá los suyos. Ahora me pregunto si Pérez me está escribiendo o yo lo inventé a el. Probablemente haya un Alan Moore por ahí escribiéndonos a ambos. Podría decirme si mi hijo, al final, acaba sacándose el carné a la primera -que vaya pastón que cuesta- y si va a seguir estudiando como dice ahora. En este momento, me preocupa más que saber cuánto costará la factura de teletransporte en el siglo XXII.

sábado, 9 de mayo de 2009

Historias en el fin del mundo


Hace apenas una hora (sábado; 17.30 horas; en casa, con Miranda) que acabé de ver, de gozar la experiencia de sumergirme dentro de un documental de Werner Herzog ( http://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Herzog) sobre el fin del mundo. Lo había encontrado y bajado a través de esta excelente página (http://documentalesatonline.blogspot.com/) donde se linquean una gran cantidad de documentales -a veces para ver onlain, a veces para descargarse de la mula, otras a través del gestor de descargas Megaupload- grabados de televisiones o compartidos por otras personas. Muy recomendable para ir agudizando el paladar y dejar de ver lo que no merece la pena. Hay para entretenerse muchas horas. La película, rodada en el año 2006 en la Antártida, respone al título de Encuentros en el fin del mundo. Está doblada, pero se escuchan las voces de los personajes, así que se puede ver sin cometer herejía o que se te inflamen las glándulas receptoras de voces impostoras. Es una suerte de poema, diario de viaje, notas con cámara, del cineasta alemán durante su estancia en un asentamiento en la Antártida en la base de McMunro. Lugar ignoto, el templo donde se encuentra el polo sur geofísico, al que acudió convocado por las imágenes filmadas que un amigo submarinista que allá trabajaba le había enviado con sus asombrosas inmersiones en el mundo subacuático que hay bajo un mar de hielo.



Si como cineasta es indiscutible cuando aborda la ficción, como documentalista Herzog ha realizado algunos de los documentales que, al menos entre los que he visto a lo largo de mi vida, podría calificar fácilmente como piezas maestras. Maestras porque están lanzadas desde el conocimiento de un hombre sabio y singular. Cínico a veces. Poeta tantas. Negrísimo otras. Pero dotado de un alma única para detectar lo verdaderamente humano que descansa en lo aparentemente fuera de lo común. Para celebrar la humanidad en los límites de ser y estar. Y, al cabo es un hombre sabio dotado de una capacidad narrativa trasversal y derivante, flaneuresca y erudita, con la que mi manera de ver se siente cercana, aspirante y gratificada. Cito como ejemplos a Grizzly man, Enemigo íntimo o Todos los enanos empezaron pequeños, todas ellas editadas en DVD, y, sobre todo, o también, a ésta auténtica maravilla poética, fantástica, visual, narrativa e intelectualmente hablando.


Foto de promoción de Grizzly Man con Herzog
Klaus Kinsky y Herzog en una escena de Enemigo íntimo

Encounters in the end of the world. Un hombre, Herzog, recibe unas imágenes de un submarinista nadando bajo un mar de hielo. La luz a través de las paredes de hielo y las burbujas ascendentes son sobrecogedoras. Resulta el anzuelo de un amigo para invitarle a mirar allá, en el lugar que dejó de ser inhabitado por el hombre tras las incursiones de Admundsen, Shackelton o Scott. Herzog, siempre tan al límite de las cosas, siempre tan inteligentemente excéntrico avisa que no va a filmar pingüinos así como así -lo acabará haciendo, pero sólo porque descubre un rastro de humanidad, o de parangón poético, en un pingüino que se desvía de la manada y se marcha solo a una empresa de la que nunca regresará vivo-, que las preguntas que le asaltan no son las habituales. Que no va a hacer un reportaje para el National Geographic sobre el calentamiento global.

Herzog

Lo que Herzog se encuentra en su viaje es una especie de isla de Nunca Jamás donde van a parar los viajeros que gustan de salir de los márgenes de los mapas. Un lugar lleno de científicos, aventureros, personajes tan sólo encadenados a su propio camino a ninguna parte o a encontrar nuevas evidencias para ampliar nuestros conocimientos científicos. Y lo va contando como un poeta que se va implicando. Encuentra tanto los inenarrables y sobrecogedores sonidos que hacen al bucear bajo el hielo las Focas de Walden (las ballenas les parecerán aprendices al lado de estas focas), los conductos místicos de las fumarolas o los telones de lava del volcán Érebo como la colección de personajes más singulares que uno imaginarse pueda: un lingüista que cuida plantas en invernadero en un lugar donde no hay ninguna lengua que estudiar: plantas en vez de dialectos; un filósofo que cita a Alan Watts con pasión exacta, y que ha viajado por todo el mundo; un biólogo submarino que sabe que ha llegado la hora de su relevo generacional y prepara un concierto en la nieve con su guitarra eléctrica mientras sigue animando a su equipo con viejas películas de ciencia-ficción de los años 50; una aventurera que ha escapado de la muerte en varias ocasiones y que entretiene a sus colegas de base encerrándose en una bolsa de deportes; un zoólogo que acaba de descubrir nuevas y sofisticadas formas de vida a medio camino entre el reino mineral y animal; un mexicano de ascendencia apache que muestra con orgullo sus manos descendientes -así le contaron- de reyes aztecas; un ruso de pasado inexpugnable y doloroso que cada día hace su mochila para viajar en cualquier momento; un vulcanólogo que se viste como los viejos exploradores de princiopios del siglo XX; un físico hawaiano que quiere fotografiar los invisibles neutrinos a los que explica como espíritus o fantasmas: están ahí, podemos medirlos, pero no verlos porque están en otro lugar o dimensión; o el esturión congelado que se guarda en los túneles subterráneos de la base americana que cubre el punto exacto donde se encuentra el polo Sur. Ese esturión que comparte altar con una lata y una pequeña instalación, un altar de palomitas de maíz heladas que guarda postales con poemas y flores como una cueva en miniatura, arqueología futura y enigmática que, profetiza o elucubra Herzog, si algún día llegaran civilizaciones del espacio a rastrear nuestros vestigios les supondría un reto entender qué significaban.




El viaje de Herzog es nuestro viaje. El hielo permite que las cosas tengan otra dimensión. Nada te distrae. Los personajes hablan del silencio ante la cámara y de los ruidos que guarda el hielo bajo sí que escuchan con la oreja pegada como indios navajos. Pero la blancura del entorno acompañada de momentos musicales sublimes es suficiente para hacerte ver las cosas de otra manera. Hasta la suma belleza de los paisajes inexplorados se planta serena y sobrecogedora ante ti como una revelación y una evidencia. Se dice -lo dicen los científicos, O Herzog resumiéndolos- que el hombre no sobrevivirá a las consecuencias de su impacto en el planeta. No hace falta que lo juren. Eso ya lo sabíamos. Pero la evidencia de estar en el lugar del límite para entenderlo, un lugar que puede que un día desaparezca, pero que hoy parece un puerto perdido y borgiano y atemporal, casi simbólico, de sabios y poetas, de locos y visionarios, te sobrecoge y piensas lo necesarias que siguen siendo las uniones de ciencia y poesía. De mirar sin saber y de seguir buscando no se sabe qué. Son la misma mirada. Una mirada que te parece extrañamente universal, esencial, precognitiva, camino obligado si quieres entender qué mierda haces en todo esto. Cuál es de verdad nuestro lugar en el mundo. Cómo es que esos hombres hablan y miran en nombre de todos, aunque no nos demos cuenta. Por qué somos como ese pingüino que se lanza a una aventura de la que nunca regresarán. Ese hombrecillo blanquinegro que camina patizambo, perdido como los personajes unidos con una cuerda y papeleras de plástico pintadas con caricaturas cubriéndoles la cabeza que al principio del documental reciben entrenamiento por si la ventisca te sumiera en la neblina helada absoluta. ¿Qué querrá encontrar ese pingüino que se suelta de la cuerda de su manada y sale de su isla helada para viajar a su propia Antártida? ¿Está realmente perdido o es la manada la que aún no ha escuchado la auténtica brújula interior? ¿Se habrá dado cuenta, como cita el filósofo exiliado en las lindes del último sur, de que el universo mira a través de nuestros ojos, oye a través de nuestros oídos, tan sólo para tomar conciencia de sí mismo?



lunes, 27 de abril de 2009

¡Duende saca la ESO!

Duende, hace unos pocos meses, en casa.

Hay un momento en la vida donde es bueno sentirse padre (o madre) de nuestro Pantojito. Osea, plenos de orgullo y sacando pecho por los logros del vástago. Resulta que yo tengo un hijo de casi 18 años que se llama Duende. Se llama así de registro y carné no de avatar en el messenger. Y no, no tiene ningún trauma con eso. Podrá tener otros por otras cosas, o por los efectos colaterales que haya sufrido por la incapacidad conjunta de sus padres de organizarse con criterio común a lo largo de su vida, o desde que su madre y yo nos separamos, hace ya 13 años. Pero no por llamarse Duende. Lo juro por la cancanilla de Son-Goku. Seguramente a eso han ayudado su físico y encanto, que es cierto que le sobran. Y otra cosa es pensar que vaya tela de padres que le ponen un nombre así a su hijo y se quedabn tan panchos. Eso sí es discutible, claro. Pero al cabo, los padres somos los que somos y tampoco fuimos en asamblea a procrear y a dar el biberón luego. Lo cierto es que yo nunca he sido padre babeante con mi hijo, del estilo de es el mejor, es más guapo, el más blabla. Es más, si me he pasado en algo supongo que ha sido en la parte entrenadora. Es complicado ser hijo. Y es complicado ser padre. Madre también, claro. Pero las madres tienen un vínculo físico con los seres paridos que le da un plus orgánico y celular a lo simbólico paterno. No sé si me explico. Y tampoco tiene importancia.
Duende tenía ocho años cuando fuimos a París. Le enseñé la ciudad donde nací.

Porque lo que yo quería era celebrar que mi hijo, que hace dos años entró en barrena educativa, emocional y personal y había dejado de estudiar convencido de que no servía, ni quería, ni era capaz, ni tenía interés, motivación ni nada de lo necesario para seguir adelante con los estudios, se ha sacado la ESO en el primer intento libre de hacerlo. Vale, el nivel es una patata, las pregunta son tipo test y deben estar pasando cada vez más la mano. He estado con él haciendo modelos de examen durante una semana, día y noche sin parar y constato lo que ya sabemos todos: el nivel de exigencia académica actual en la educación primaria y secundaria suele ser una basurilla. Pero aquí lo que estamos midiendo es el hecho de ver cómo tras muchos sinsabores acumulados, tras mucha culpa soportada, tras mucho sinvivir para cada uno de los miembros de esta familia separada y rarita -¿quién no es rarito bien mirado?- hemos tenido unos momentos de enorme alegría y ahora siento un orgullo inmenso por mi hijo y su manera de haber encarado la situación.
En el Pompidou, delante de Kandinsky. Obérvese cómo el cuadro tiene los colores que llevamos nosotros.

Duende llevaba dos años empezando y dejando el colegio; este curso directamente había pasado de ir al instituto donde la madre lo había apuntado. Hacía dos años que había decidido irse a vivir con su madre. En ese tiempo un par de veces volvió a vivir conmigo y volvió a marcharse. Tras aceptar lo inevitable, y asumir que estaba tan perdido como debía encontrar por sí solo sus caminos, comencé a adoptar otras estrategias que las que habían servido hasta hacía poco. No dejar de ser firme y evitar los cabreos. Establecer otro tipo de relaciones de las que teníamos hasta ahora y aprovechar bien el tiempo común dejando siempre las puertas abiertas a la ayuda, no a la subvención. Poco a poco, y él ha ayudado lo inimaginable, la táctica ha ido dando sus frutos. Se ha presentado por libre por vez primera para sacar la ESO -se había quedado en tercero- y tras mucho "la vida no es para mí", lo hacía con la intención de sacar ahora en abril uno de los tres bloques del examen, el de lengua e inglés y ver cómo eran los otros dos y seguir preparándose con ahínco hasta junio. Se examinó hace una semana. Tras salir de cada examen me fue llamando para comentar la jugada. Me sentía como el entrenador en la esquina del ring. Ése era mi papel: apoyo, ánimos y estrategias de zorro viejo. Él se sintió muy bien con los exámenes, con haber pasado la prueba de enfrentarse a ellos con sentido común y sin nervios. Esta mañana fue a ver las notas.

-Papa (sin acento agudo, que ahora le ha dado por llamarme pápa). Acabo de ir al instituto a ver las notas.
-¿Y cómo ha ido?
-¡¡Que he aprobado todo, papá (ahí volvió el acento agudo)!! Un notable, en lengua, un bien en historia y geografía y un sufi en ciencias. ¡Que ya tengo la ESO!!
(Ahí empezaron los gritos y la alegría. Las felicitaciones y el orgullo. Las gracias y los planes. Su voz sonaba pletórica. Ahora quería estudiar. Se sentía fuerte. Ambos sentíamso que se nos había quitado un peso de encima).
-Gracias, papá, por ayudarme siempre.
-Gracias a ti por intentarlo, hacerlo y no desfallecer, tío. Este triunfo es tuyo. Compártelo y disfrútalo con la gente que quieres.
Y ya el resto no se lo cuento porque hasta yo tengo límites de intimidad. Como hace poco le decía con motivo de sus primeras alegrías/fracasos sentimentales, por más que te duela ahora y lo veas todo perdido tu corazón iba a sanar, como dice esa canción de Drexler que le gusta tanto. No hemos parado de hablar y hacer planes el resto del día. Hoy mi hijo está feliz. Y yo conozco pocas felicidades semejantes a ésta: un chico, un hijo tuyo, aprendiendo a sacar su vida adelante, haciéndose hombre.

El pasado 1 de enero, con su novia Paula. Lo han dejado hace poco.

Pongo este video de la canción, encontrado en youtube. hecho por algún fan de Jorge. Como la vida está llena de casualidades, recuerdo que concoí a Drexler dos días después de que muriese mi madre, cuando lo invité al ciclo de La Música Contada. Fue un encuentro intenso y hermoso. Entonces Duende tenía nueve años y vivía conmigo. Me gustaría volver a ver a Jorge. Seguro que la vida nos permite esa oportunidad. Estoy muy orgulloso de ti, Duende, y sé que muchos de vosotros, que nos conocéis a los dos, os alegráis conmigo. Con él sobre todo. Brindo por todos nosotros.







martes, 31 de marzo de 2009

Andy Chango, Animalario, Espejo negro y Premios Max

Andy Chango ensayando en el Teatro Central de Sevilla el espectáculo Boris Vian, que representamos dentro del ciclo La Música Contada el pasado sábado. Fernando Lupano al contrabajo.

Un piojo llamado Matías, de los malagueños de El espejo Negro. La mejor obra de teatro infantil hecha en España en el 2008 según los premios Max celebrados anoche.

Urtain, de Animalario. El actor Roberto Álamo en el papel del morrosko. Se sale.

Ahora que Miranda se ha llevado unos días la carne de Penkapunky al pueblo salmantino donde su madre se crió y áún se duerme hecho un cuatro bajo las mantas y con bacinilla bajo la cama para que no se te congelen los dedos de los pies, me entran de pronto hábitos de soltería y así me desparramo un poco. Ya saben, esto es desde críos: cuando la seño o mamá salen un rato, desmadre. Cuando el rato se estira, el desconcierto y el caos. Debe ser cierto, que así lo corroboran neurólogos y pruebas de laboratorio, que la capacidad del cerebro masculino para procesar abstracciones espaciales y orientarse en el espacio es superior a la de la mujer. Vale, en mi experiencia suele ser. Pero la de manejarse y ordenarse con el tiempo, doy fe de ello, es muchísimo peor. Al menos la mía, que nunca he sabido cuánto de masculino, de femenino y marciano guardan las gónadas que me legaron. Así que una de mis primeras reacciones cuando Miranda se marchó ayer fue poner seguidos tres documentales de música doblados con acento portorriqueño que a ella le irritan y a mí me recuerdan mi más tierna infancia cuando series y dibujos animados venían doblados con aquel 'asento' tan artificial que tenían expresiones como:
-Chicos, den a su madre un beso y acompáñenme al garaach a desempacar.
Aquí nadie nos decía chicos, ni había garaach ni se desempacaba nada. Y menos con aquellos timbres imposibles. Y menos en technicolor con tipos rubios riendo todo el rato como si estuvieran abducidos, padres que nunca daban hostias, familias con un extraño sentido del humor que nadie entendía y que siempre acababan los capítulos así, riendo por algo que no tenía ni puta gracia, y madres que parecían muñecas de procelana en la cocina y no gritaban eso de:

-Mira, niñoooo, como vuelvas a coherme otra cocreta te marco la esparda con la espumaera!!!!


El caso es que a mí, tan simio desde que nací, me encantaban aquellas voces engoladas e imposibles y aprendí muy pronto a imitarlas. Así que era capaz de tirarme hablando solo mientras jugaba haciendo las voces de todos aquellos personajes. Porque yo jugaba casi siempre solo en casa -mis hermanos ya eran un filón agotado hacía tiempo y estaban hartos de mis juegos- y para que fantasmas y soledades no apretaran era bueno escuchar voces y no siempre la misma. (¡Qué lástima de niño!).

Federico Lechner en la actuación del sábado en el Teatro Central de Sevilla.

El caso es que toda esta interminable disgresión -¿qué les decía de la organización del tiempo y los cromosomas? Eso sí, sé donde estoy en cada momento- no tenía otro sentido que hablar de los premios Max de teatro que anoche se entregaron durante una gala que echaron por la tele, en la 2 y que vi durante un rato mientras cenaba. ¿Y por qué quería comentar algo de los premios Max? Por varias cosas. La primera es corroborar que la gente de teatro hace siempre galas muchísimo mejores que la gente del cine. No hablo por hablar, que además he sido guionista de las galas del Festival de Cine Español de Málaga durante años y aspirante a actor /director de teatro durante toda mi adolescencia y juventud y alguna información tengo. Aunque, esto que digo lo puede decir cualquiera. Y eso que a veces son los mismos actores los que tienen ingenio en los Max y una sosería pasada de rosca total en los Goya. Ah, misteeerio, que decían los payasos Colombaioni en un espectáculo maravilloso que vi en Málaga hace años.

El grupo de Chango que es de todo menos chungo.

Lo bueno es que, mientras el cine español cae en barrena y salvo contadas y celebradas excepciones no deja de producir bruños amanerados, el teatro sigue gozando de una mala salud envidiable. Es lo que comentamos algunos amigos que nos dedicamos a esto de lo creativo. A nosotros nos suele ir bien en épocas de crisis económica -no es la primera que pasa; espero que sea la última y el sistema actual acabe saltando por los aires y nos dejemos de gilipolleces de una vez- porque es un estado habitual en nosotros. Solemos tener pocos recursos y estamos acostumbrados a ver menguar la cuenta bancaria, así como a responder creativamente cuando tenemos la pistola apuntándonos a la sien. El problema mayor lo tienen las criaturas que sólo saben nadar en piscina artificial climatizada y con socorrista. En cuanto se meten en el atlántico, el mar los revuelca o se los traga. Eso comentábamos la otra noche en Sevilla con Andy Chango y los músicos de su (excepcional) banda (Fede Lechner, Andrés Litwin, Juan Munguía, Fernando Lupano y Norman Hogue) durante una cena exquisita que nos metimos después de su actuación en La Música Contada con el espectáculo nuevo que ha montado, Boris Vian. (http://www.andychango.com/). Estamos acostumbrados a no tener seguridad alguna, dinero elástico y a saber trabajar bajo presión. La crisis es nuestra casa.


La crisis es la casa de los cómicos y los creadores, que siempre han hecho arte cuando era menester agudizar el ingenio. El ingenio con hipoteca y bienestar se turbia y adocena. Se acostumbra a guardar y no arriesga. Somos piojos a los que invitan a las fiestas en el primer mundo. Piojos a los usar como bufones para entretener al personal a cambio de un poco de guita, curro y hacer la vista gorda con nuestra bohemia consentida y ma non tropo. Para crear y decir algo dentro de este estado adocenado de cosas, el artista necesita esa red incierta en su equilibrio. El hombre necesita esa incertidumbre para evolucionar tanto como necesita creer que va alcanzando seguridad y objetivos previos. Ay, qué especie. Por cierto, el espectáculo de Andy, que hace un año y pico presentó por vez primera en La Música Contada, en Málaga, es una delicia inteligente. Musicalmente es la bomba, las adaptaciones -más bien recreaciones de espíritu libre que han hecho entre Andy, Javier Krahe y Luis Antonio de Villena- de las canciones del gran Boris Vian son fantásticas y vivísimas y Andy está sencillamente genial. Él es un genio. Y como todos los genios a veces se despendola y pierde la precisión. Pero amigo, cuando está láser no tiene rival. Y el otro día estuvo así. Tiene cosas de Groucho (cultiva un humor judío/argentino de réplica rápida e inteligente), espumas de Charlie García, planta y dominio a lo Serge Gainsbourg, formación e ingenio de alta escuela, ingenuidad juguetona, la falta justa de pudor, capacidad de improvisación e imaginación, todas, y un sentido del espectáculo ab urbe condita que le convierten en uno de los grandes showmans que uno ha visto sobre el escenario. Y he visto a algunos ya. Alguien que logra que todos los demás artistas que trabajan con él le cubran y rían los efectos de sus bohemias es que es muy grande. Y además, buena gente. Autoexcluido para lo práctico, eso sí. Grande, Andy. Sos el Messi del rock argentino. Aunque te quedaría mejor el salvadoreño Mágico González. Imagina por qué. (Y encima su novia es una de las chicas que más nos gustan. Si es que no le falta un perejil).

Ángel Calvente con su marioneta del Piojo Matías.


Y valga esta segunda disgresión -¿lo ven?... En cuanto dejé los periódicos y se acabó la dictadura de las líneas, los tiempos y los formatos al escribir, demuestré mi verdadera naturaleza de fárrago disperso- para intentar meterme en los premios. Resulta que los Max fueron muy divertidos. Que hay que apuntar nombres como los de Sexpeare y Ron lalá a los ya muy conocidos de Yllana, Ángel Ruiz o Leo Bassi que animaron una gala con sentido del espectáculo y capacidad real de autoparodia, como debe ser. Está claro que los del teatro se han venido arriba con la crisis. Y el público está viajando a los orígenes del espectáculo: en directo, cerquita, con la respiración y el fallo cerca. Como Andy, que para ambientar su espectáculo con humos de cabaré subo al público al escenario a fumar a rienda suelta. Está claro que al crisis -la prespectiva de estar hora y media sin fumar para un fumador es terrible- agudiza el ingenio. Y el público lo agradece. Sigo con los Max donde, además, salieron premiados gente muy cercana, como nuestros paisanos, y sin embargo admirados amigos, de El Espejo Negro (http://www.elespejonegro.com/) en el apartado infantil, con su Historia de un piojo llamado Matías. Mola que se lo den en infantil a unos provocadores como El Espejo Negro de Ángel Calvente (bueno, Ángel es el director, el alma y el artista y genio indiscutible, pero detrás hay manipuladores, artistas, actores y promotores que hacen espléndidamente su trabajo; y está su mujer, Carmen, que le ha permitido que sea quien es; eso no s epone en los programas pero, amigos, sin mujer/es, no somos nada). No sé ahora a cuántos Max ha optado y se ha llevado luego Ángel Calvente, director de EN, a lo largo de su historia. Varios. Sólo sé que si le hubieran simplemente nominado a un Goya no pararían de hacerle entrevistas en las teles. Pero también sé que en su último estreno en Málaga, en el Teatro Cánovas (Es-puto cabaret: un compendio antológico, actualizado y medidísimo de todas sus historias, personajes, fórmulas, obsesiones y estéticas que ha ido desarrollando en los últimos 25 años de profesión con sus asombrosas, puercas, soeces y provocadoras marionetas de gomaespuma, tan virgueras como irreverentes y merdellonas) estaban todos los antiguos compañeros en pie aplaudiendo al triunfador, lo que ya es mérito en una Málaga donde cada cual va a su avío y organizar algo colectivo es sinónimo de zancadilla, malediciencia, sospecha, envidia y desgana. Sé de lo que hablo de primerísima mano. Y sólo espero por la cuenta que nos trae que las cosas se vayan transformando. Uno a uno somos muy frágiles. En plan peña, tenemos más voz de la que creemos. Bueno, por eso hemos montado el ciclo de Málagafrita. A ver si sale algo de aquí y no nos crucifican antes de intentarlo.



La protagonista de gomaespuma de Es-puto Cabaret, la última de El espejo Negro.


Un momento de la representación de Argelino, por la que se llevó anoche Animalario cuatro premios.


Los otros por los que me alegré mogollón fueron los de Animalario (http://www.animalario.net/), que se llevaron cuatro premios. Su llegada al mundo del teatro y su estrategia colectiva han servido para traer foco a las tablas y frescura. En los últimos meses he visto en Málaga sus dos últimos espectáculos, Argelino, servidor de dos amos, una actualización del clásico de Carlo Goldoni, con Javier Gutiérrez demostrando sus infinitas capacidades histriónicas (Teatro Cánovas) y Urtain (Teatro Alameda. Festival Internacional de Teatro), que me dejó absolutamente pegado a la butaca y con un post pendiente que el trabajo me iba retrasando una y otra vez. Al final Gutiérrez ganó el premio al mejor actor. Supongo que Urtain (http://roberalamo.blogspot.com/2008/08/urtain-estreno-25-de-septiembre-teatro.html)competirá para el año que viene y arrasará, porque Roberto Álamo, el actor que hacía de Urtain, completa una de las mejores caracterizaciones que he visto en mi vida en un escenario a partir de un personaje real. Creo que Urtain plantea una dramaturgia y una solución escénica a la manera de asaltos en cuenta atrás de un combate de boxeo -el escenario es un ring- muy creativa y a la que le buscan casi todas las salidas posibles. Lo que me gusta de los trabajos de Animalario es su concepto de colectivo, la actitud política de sus componentes y la capacidad de usar la imaginación del espectador para crear espacios de representación sin apenas atrezzo ni escenografía. Esa mezcla de comedia dell'arte con distanciamiento brechtiano hace que la compañía de los Andrés Lima, Alberto SanJuan, Guillermo Toledo, los pequeños Alterios o Javier Gutiérrez esté, hoy por hoy, siempre a la cabeza de las producciones teatrales españolas. Hasta ahora me quedo con Hamelin, Pornografía barata y con este Urtain, celebrando Lo que el público no vio de la boda de la hija del presidente como uno de los pocos momentos donde la profesión desafía a los políticos en el poder con nombres y apellidos desde las épocas del teatro independiente y los primeros Joglars. Y ya ha llovido.


Ensayos del Urtain de Animalario.

La radiografía de la españa predemocrática que hace Urtain -donde aparece como personaje, entre muchos mitos de la España cañí, un malagueño de pro, el escritor y periodista Manuel Alcántara, una de las personas que lo conoció, lo cronificó y más sabe de boxeo que he conocido nunca- muestra la capacidad de este país para usar, exprimir y tirar a los que un día nos levantaron del asiento como mitos. Contrasta su fineza de escalpelo, por ejemplo, con la vacía y ñoña bioserie que han emitido los de Antena 3 sobre Marisol/ Pepa Flores la semana pasada. Mientras que en la serie todo destilaba ñoñería -por no hablar del hambre de morbo que hay detrás de la vida de alguien que afila los colmillos hambrientos de la prensa rosamarilla del circo mediático y que hace años que dio de mano a su vida como personaje público en un gesto ejemplar que nadie parece respetar- en Urtain todo olía a caspa y Soberano pura casta. Y eso era lo que había realmente. Mentira, brutalidad, ignorancia, manipulación, deshumanización y egoísmo. Qué cutres éramos. Qué cutres seguimos siendo para tantas cosas. Bien Animalario. Bien Espejo. Bien Andy. Bien aquellos que recuerdan lo que hay mientras nos entretienen. No quiero reír sin pensar. Sin llevarme un escalofrío.

El Urtain real. Se tiró desde la ventana y se suicidó en el año 92. Pobre tipo. Nadie le ayudó en sus últimos días.


Miranda me ha llamado desde San Pelayo. Hace un frío allí que pela. Ya le he dicho lo de mis caídas al abismo de los niños solos, nos hemos amariconado un poco haciendo cucamonas telefónicas poniendo voz de memo y hemos metido en la mesa de operaciones a la institución familiar. Cuando el cadáver estaba supurando hemos parado. En realidad, somos también parte de eso. Ese gran teatrillo que nos mantiene unidos en tiempos de crisis. Ahí también hay que echarle imaginación e inventarse estrategias para evolucionar. Vaya a ser que también acabemos con la cara partida quejándonos luego como niños desorientados. No, papá se murió hace tiempo. Ya es hora de coger al torito por los cuernos. Qué día tan bueno hace.



lunes, 16 de marzo de 2009

Slumdog mierdonaire (crónicas de Penka-Punky)

Desde hace meses, viven con Miranda y conmigo, algunos seres de difusa e intermitente existencia. Se reparten con nosotros espacio y comida. A veces, sexo. A veces, sueño. Hoy me toca repartir blog. Total, tampoco es mío. No pago por ello. ¿O realmente sí pago? Mi espalda, Brokeback Sitting, dice que yes. Ella sabe, que soporta.


Sigo. Iré hablando de estos seres poco a poco. Otras veces hablarán ellos. O no. Baste saber ahora que uno de ellos tiene aspecto y sexo femenino. Formas redondas. Risa fácil que suena como el timbrazo de una bici antigua. No hay ni refinamiento artificioso en sus formas ni abyección alguna en sus motivaciones. Pippi Calzaslargas con 30 y tantos y querencia de chiruca. Se tiraría en bomba sobre los globos de la fiesta de unos niños pijos si no fuese porque suele darle pereza levantarse luego del suelo. Le encantaría cantar en la Scala de Milán y poder eructar durante el Omiodaddinocaro. Pero sabe que la cara de flato enconado de los milaneses le acabaría llevando al sofá de nuevo, desanimada y aburrida de la falta de humor de los exquisitos. Así que prefiere quedarse en el sofá. Le gustan las películas. Así que se aprovecha de nuestros hábitos. Es un poco Penca. Pero también es Punky. Es PenkaPunky. Carnal, sin doblez, gamberra, divertida y vaga. Y muy sincera. Si no dice siempre lo que piensa es porque ronca cuando tiende. Canta y baila pogo. No usa tanga. Nunca. ¿Tango? Puede. Con chirucas. Venga, vente. (Buena tipa. Penkapunky).
Quiere escribir sobre Slumdog Millonaire. Yo la dejo. La suscribo. No la copio. Es Penka Punky:

Hola. La peli de Slumdog Millonaire es una mierda. Vamos, una mierda que te deja mala leche y todo. Una mierdaleche. Se debería llamar Slumdog Mierdonaire. Y es una estafa de las gordas por mucha virguería que haga con las cámaras y los monatjes picaditos, Dannyboyle, que te veo, y por mucho niño que te conmueve, el hijoputa. Y por mucho como en Bollywood se hacen así las cosas para enmascarar la realidad. Metacine. Blabla. Métete el metacine por la cinemateca del píloro. Danny Boyle haría un documental de los niños explotados haciendo Nike para que después Michael Jordan le invitase a su loft y dejarse oler sus Air. Que no. Es u-na-mi-er-da.
Pero yo sé como arreglarla. Con sólo repetirle una escena la dejas que te cagas. Ni una escena, cinco planos, vamos. Tienes que avisarle a los que se queden a verla que aguanten hasta el final, que ya sabes que va a ser duro, pero que aguanten. No duro, un coñazo. Un insulto, joder.

(Buarggg!)... ejjejeejiii. Cuando eructo alto me da risa. Pero es lo que hay. ¿Algún problema?

Decía, que aguantaran porque con repetir una cosita se arregla todo. Cuando el niñato que ha ganao el concurso -¿que te cuento el final? ¿que avise del espoiler? Pero si te estoy haciendo un favor, coñññoo- está bailando en el metro con la novia es el momento del cambio, porque si has llegado ahí sin comerte dos toblerones de la ansiedad ya la mala leche está calentita. Pues ahí, mientras se da el muerdo con la niñata con la cámara dando vueltas, pum, plano flashback.
Aquí empieza ya el momento del nuevo montaje.
Y vemos al niño cuando chico, cuando fue capaz de meterse en un pozo de mierda para pedirle un autógrafo al actor de moda Y le dieron el autógrafo. Niññññooooo, coññññooo. ¿Qué actor merece que te tires a un pozo de mierda, niññññoo?

Perdonad, joder, que es que al Danny Boyle me dan ganas de meterle siete rábanos por el ojete con un petardillo dentro, filmárselo todo con un gastroscopia pero moviendo la cámara mientras como a él le gusta hacerlo. Luego le ponemos a eso la música del final y que lo pongan en la MTV.

Pue eso, que me voy. En la escena del final se cae el suelo del metro y se caen todos, la pareja prota los primeros por prestarse a esto siendo ya mayores de edad. Se caen como abducidos al mayor pozo de mierda de todo Bombay que se mueve como un remolino y va atrapando a los actores todos. Woooooooooo. Las caras de los actores enredadas en el remolino de mierda y dándose en la coronilla con los vagones del metro. Y da vueltas muy rápido y lo vemos pasar por el instestino grueso de Danny Boyle y saludamos a los rabanillos que le hemos metido antes así como muy rápido y con chunda pitta chunda, raba pitta chondi sonando a tó meter. Salen del culo en explosión, de pronto la cámara lenta de matrix y el chorro haciendo una espiral, no mejor uan elipse, con todas las cabecitas de los actores así como dibujos animados llenos de mierda y por fin llegamos a un plano de frente con la cabeza de Ewan Macgregor metida en el water de Trainspotting y diciendo:
"ufff, vaya mierda de peli que he estado a punto de hacer". Y vuelve a potar. Y música chunda bollywood otra vez y títulos de crédito y le devuelven a todos la pasta de la entrada y si la has pirateao como yo -bueno yo no, que es un coñazo el emule ése; mi novio que es un picao y no aprende que hay que dosificarse- te pagan el adeseele un messss.

Y así arreglamos la peli. Y así, vaya, me lo pienso y no te meto los rabanillos, Danny Boyle, que hasta que no te han dao el oscar no has parao. Anda y vete al bar con Tarantino y hacéis un campeonato de uñas de los pies.

Por el ojete te lo metía, Danny, campeón.



Valoración: MEMO (Menudo Mojón). Y no le pongo MEMOJO porque mi novio me ha hecho un masaje en los pies.

Yo voy a poner valoraciones. Y son a mi manera. Mis valoraciones:


TECA: Te cagas.
VES: Va en serio. Te la debes ver. Te la puedes ver, vamos. Tú misma.
MEMO: Menudo Mojón.
MEMOJO: Menudo Mojón, ¡joder! (encima te da rabia porque te la ha clavado o porque te parece inmoral -sí, inmoral, ¿qué pasa?- pero tú te la has comido).
PEI: Peliculilla Idiota. A mi novio le gustan también ésas. Yo las veo con él porque me hace cositas en los pies mientras tanto. Pero suelen estar rozando el MEMO y yo soñando mientras. Los niños tiene que ver idioteces de cuando en cuando pa sentir que piensan.
PAKEPI: Pa ke pienses. Pero de dejarte comiéndote el tarro y echarte semillita en tu vida.
PAKETELEPI: Pa ke te lo pienses. Que hay mucho que hacer.
TUECHA: ¿Tú estás chalao? Te parto la boca antes.
PAPARPE: Pa partirte el pecho. Te ríes.

Pues lo mismo escribo otra vez, androide. Que me ha gustao.
(Buarggg!)... ejjejeejiii.

Penka Punky

viernes, 13 de marzo de 2009

Max viene a La Música Contada, Gastmans, Malagafrita, el Gordo de la Victoria y otras cosas de ver, oír y estar



¡Mañana viene Max a La Música Contada! (Sala gades. Málaga. 20 horas. Entrada libre). Hoy comeré y/o cenaré con él y con Pepo Pérez y mi compadre José Garriga, que está que se sale proque estuvo en el Camp Nou la otra noche viendo el repaso que el Barça le dio al Lyon. Eso sí que fue un chorreo, mientras mi Madrid (sí, soy del Madrid y no soy ni facha ni subnormal, ni me gustan ni sus presidentes, ni la prensa blanca, ni la prepotencia de sus ultras, ¿qué pasa?). Estoy realmente excitado con poder charlar con uno de mis más respetados artistas. (No sexualmente, aclaro). Ya os contaré. http://www.maxbardin.com/.






Max y Bardín (por Max).


Anoche estuve viendo a Morente en el Cervantes. ¡Qué bien sonó! Dijo que iba a cantar a Picasso pero citó y cantó a Alberti, Lorca, Leonard Cohen. Eric, de Lagartija Nick, a la batería estuvo colosal, como El Paquete y David Cerreduela lo estuvieron al toque. Y el maestro cada vez está más director de orquesta dentro de su potaje flamenco. Recuerdo cuando lo vi por primera vez cantar textos de Picasso en la inauguración del Museo ídem. Fue en una carpa de lujo asiático que montó la Junta cuansdo la llevaba Carmencita Calvo. Los yanquis y guiris que invitaron -entre ellos a Jeremy Irons, que no es yanqui y fue la auténtica atracción de la noche- querían ver un flamenco tipo Lola Flores y se quedaron un poco a cuadros escuchando los delirios malísimamente sonorizados del granaíno. Anoche en el Teatro Cervantes de Málaga, no. Anoche sonó que te cagas y lideró el tempo de la actuación como un metrónomo. Cantó al final, en el numerito del bis en corro por bulerías:




"Yo no le temo a la muerte

que morir es natural.

Le temo más a la vía

y a esta cabecita mía:

a dónde me va a llevar".



O algo así, que ya saben ustedes lo de los flamencos con las coplas, que alguien la escucha de una manera y luego le da vueltas hasta el masomeno era así, como hace Morente con todo lo que lee/escucha. Lorca mismamente se lo agradecería. Supongo. Más se lo agradecen sus herederos, imagino.

Gastmans, Álvaro Gastmans.

Luego de ver a Morente nos pasamos por el Drunk-o-Rama, bar que anda allí cerquita, por calle San Juan de Letrán, y donde Miranda y yo nos encontramos con imprescindibles amigos: Esperanza, Gaby, José Luis, Blanca Montalvo. Allí exponía sus dibujos/ilustraciones sobre el mundo del rock&roll Álvaro Gastmans, músico y dibujante (bueno, también abogado, pero eso no hace al caso ahora) en la expo Rock and Roll Scum. Los dibujos son pequeñitos y están enmarcados por las paredes del bar. Son muy buenos y tienen ese punto de autoironía, cinismo y acidez estupendos para que algo levante el vuelo. Ponen en solfa todos los lugares comunes del circo del rock, el artisteo de pose y el pretendido malditismo, los temas del ego de las rockstars y el vacío que hay detrás de tanto brillo fálico (y vagínico). Son viñetas con texto donde vemos caricaturizados a artistas-tipo acompañados de un texto. Como ese gordo que toca la guitarra y dice algo así como "toco la guitarra que te cagas con ese estilo único que dicen en la revista RdL que he inventado... El problema es que tengo tanta barriga que no veo ni cómo soy capaz de tocarla...". O esa chica pattismithada que toca el violín con los pelos de su sobaco consciente de que eso sí que la convertirá en una artista genial y alternativa. Muy recomendable. Id a verla.




Álvaro tiene un alias musical que se llama Gastmans (http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&friendid=107628216) donde canta en francés (nació en Bélgica y es bilingüe) y forma parte del proyecto Málagafrita, otra movida que dirijo desde El Pez Doble y que se presentará en un discofórum de La Música Contada el próximo 21 de marzo en la sala Gades también. Allí estarán los Caradefuego (Pepe Trueno y María Rayo), el gran Conde (por Santos de Goma y por sí mismo), Thalia B., FileTones, Gastmans y nuestro invitado especial Javier Ojeda. Promete ser una velada divertidísma en aneccdotario del poprock malagueño. Habrá cantatas en directo, vídeos, rarezas y fricadas varias. Álvaro está haciendo los carteles del proyecto Málagafrita, que se presentará en un minifestival en el Teatro Cánovas entre los días 11 y 14 de junio. Le propuse a Álvaro que trabajara sobre el icono publicitario de la Cerveza Victoria (Malagueña y exquisita) que a mí me enloquece y sobre el que escrito no poco y lo metí como símbolo eterno de una exposición que hicimos un grupo de amigos y profesionales (geógrafos, periodistas, escritores, arqueólogos, artistas, músicos, historiadores y diseñadores) en la Plaza de la Marina que se llamaba Málaga. Fragmentos de una travesía (año 1998).

Prueba para el cartel de Málagafrita. El logo raro es de otro músico, fotógrafo, diseñador y dibujante, Nacho Gabrielli.



Yo escribí la mayoría de los textos de la exposición y formé parte del núcleo duro creativo de la misma junto con Manuel Corrales, Alfredo Rubio y Jorge Dragón. Hice un texto introductorio que decía así:



“A medida que la necesidad resulta socialmente soñada, el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada, que finalmente no expresa más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de ese sueño”.
Guy Debord

Plaza de la Marina

Usted es un pez. Hace miles de años sería un pez. Un celacanto. O un mamífero marino: un delfín. Quizá prefiera ser un molusco, un múrido del que se extraía la preciosa púrpura en épocas remotas. Donde ahora pasean hombres en el tráfago de dejar y volver a su automóvil, hace siglos fondearon jabeques, verdearon anclas, anguilas cruzaron las cuencas de los ojos de un marino muerto. Gente marchó de aquí e imaginó volver algún día. Otros no llegaron jamás. Muchos abrieron los ojos de fiebre amarilla mientras los pulmones se le llenaban de terror líquido.
Pero imagine que es usted un mamífero anfibio, que puede respirar bajo las aguas. Imagine que está visitando un sueño. Vehículos de motor de combustión navegan bajo el mar. Sus conductores no se ahogan. Está usted vistando un naufragio soñado. Un templo del tiempo que se suplanta a sí mismo.
Aquí, los restos del pasado, el presente y el futuro se entremezclan. Una extraña música rememora los sonidos que durante siglos dejaron su eco por estas costas. Imágenes se suceden desde pantallas de luz, superpuestas como en la antesala de un accidente, como en el vértigo de un sueño profundo. Aquí es ningún lugar. En fríos cofres de cristal iluminado, el territorio dice y el tiempo y los hombres que ya son ceniza, hablan desde sus fragmentos. Piense que hombres que hablaban lenguas que usted desconoce cantaron aquí alguna vez. Amaron. Rieron. Gritaron de horror. Lloraron su expulsión. Escribieron su encuentro.
No. No crea que ésta es la voz de la Historia. La Historia no existe o bien puede contarse de muchas maneras. Esto no es más que una travesía ilusoria donde las voces se han robado y suplantado unas a otras. Una travesía subterránea de fragmentos donde las fechas se confunden y se solapan y los restos del naufragio hablan en silencio. El hombre siempre usó el pasado para fabricar su presente e imaginar su futuro. Debe saber que antes que usted otros hicieron lo mismo. Es posible que sigan haciéndolo. Esta ciudad es la huella sobre una huella que antes fue otra huella. Es la ciudad del tiempo que se devora a sí mismo. El lugar de la eternidad. Exquisito y eterno.
Aquí, en esta plaza marina, en este santuario del sueño y el tiempo, usted debería, como un pez abisal que recuperara la palabra desde la eternidad, pensar qué significa decir Málaga, MLK', Malaca. Este lugar no fue siempre Málaga. Antes de antes, el territorio existía. Luego de entonces, seguirá existiendo.
Ahora, salga al exterior y abra unos ojos nuevos.
Comience a preguntarse. Invente usted su propia mirada. Recupere su memoria de antiguo pez abisal. No recuerde, no olvide. No diga que fue un sueño.





Imágenes de la exposición Málaga: Fragmentos de una travesía



Luego había muchas más cosas. Entre ellas una reproducción escultórica del gordo de la cerveza Victoria que realizó Isabel Soto y cuya carita pintó mi amigo Carlos Miranda, el artista y profesor de Bellas Artes antes conocido como Cake. Siempre he considerado que se trata del mayor icono laico que ha creado esta ciudad. A la altura de sí misma. El religioso es El Cautivo, que me muero por hacerle una animación pero que si hago lo que pretendo me encontrarán con los varales del trono metidos por el ojete y quemado en el Gudalmedina. Pero eso es otra historia. De momento os invito a que paséis por al expo de Álvaro, os pongaís en rojo en la agenda el día 21-M para Málagafrita y vengáis a ver mañana a Max. Pinchará temas de Zappa, Grateful Dead, Dylan, Kurt Wagner, Pixies, Rolling Stones y así hasta 24 piezas. Veremos también imágenes de su evolución como dibujante e ilustrador. Para mí es uno de los grandes, grandes. Y por aquello del cómic, por mis tardes madrileñas con El Víbora y por lo mucho que admiro su obra y evolución es un día muy importante. No he contado aún mi historia con el cómic en condiciones. Las historias de Pumby y de mi vecino Juanito. Pronto lo haré. Pero eso, también, es otra historia. Malagueña y exquisita.

El Cenachero Enmascarado sucumbe a los pies del Gordo de la Victoria. Entre malaguitas anda el juego.

lunes, 2 de marzo de 2009

La Música Contada (por voz de otros)

Con Javier Labeira el día de la presentación de mi libro Rutas y Atajos. Él fue el editor

Me levanto pronto, aunque casi siempre llegue tarde a las citas, y me lanzo a ver los periódicos por internet. Quería leer un artículo de mi viejo amigo el escritor, filólogo, columnista de La Opinión y, actualmente, director de la bibioteca del Centro de la Generación del 27, Javier Labeira. Me había dicho que iba a escribir algo sobre La Música Contada tras la cita con Amancio Prada del pasado 17 de diciembre en Málaga. Fue una cita muy especial, tanto por la emoción que Amancio fue capaz de crear, como por el hecho de que se cumplían 150 sesiones del ciclo que inventé hace nueve años y que desde entonces dirijo. Pero fue especial también porque acudieron a verlo gente como Javier y su eterna novia Isa, hoy esposa y madre de sus dos hijos, fueron compañeros y amigos muy íntimos en los años de instituto y facultad, cuando compartíamos horas, lecturas, afectos, palabras, confidencias, dudas místicas, poemas, líos sentimentales y música, mucha música. Javier cantaba muy bien, acompañando a la guitarra cosas de Silvio, Serrat, Pablo Milanés, con voz grave y vibrato caprino, un poco a la manera de Serrat. Entonces yo quería ser poeta y actor y Javier quería ser novelista. Me acuerdo del inicio de su primera novela nunca acabada, portagonizada por un tal Joaquín Garcés que masculló "¡mierda!" entre los dientes cuando intentó dar la vuelta a la llave de su portal y vio que no abría. Me acuerdo de muchísimas cosas, que siempre he tenido cierta memoria. Y siempre a la memoria me viene aquella canción que cantaban Mercedes Sosa y Chavela Vargas. Canción que años después recreó maravillosamente mi amiga Martirio, -Maribel, para los que la queremos- Las simples cosas. Aunque Javier la que cantaba era Aquellas pequeñas cosas de Serrat, otro monumento, yo prefiero ésta, más honda y melancólica:



Amancio Prada en una de sus sesiones de La Música Contada, cantando tonadas de yunta y coplas de Chicho Sánchez Ferlosio

"Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas, lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas. Al fin, la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón. Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida, y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas. Por eso, muchacho, no partas ahora soñando el regreso, que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo. Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía, donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida. Por eso, muchacho, no partas ahora soñando el regreso, que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo. Demórate aquí... por eso muchacho....".




Javier, en el centro, con otros dos buenos amigos, Isabel Bono y Alberto Jiménez.

Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida... Es cierto que La Música Contada ha generado siempre una gran cantidad de eco en medios de comunicación y de simpatía entre público e invitados. Por eso sigo haciéndola y por eso quiero y sueño y lucho cada día para verla crecer ya segura y firme sin el amparo y dedicación que necesitan los críos, sin la eterna necesidad de estar convenciendo cada año, cada mes, cada día a las instituciones y programadores de que es algo que merece la pena. Por eso son necesarias las voces que van, miran, oyen y cuentan lo que pasa allí, en cada sesión, tan mágica e imprevisible como ese teatro que me hizo dejar la facultad y mi ciudad en el año 1983 para intentar una aventura vital en Madrid con el grupo Espacio Cero. En aquellos años, mis amigos del instituto y del grupo de teatro Histrión, las mujeres -eso siempre-, la poesía, la música y la conversación eran mi faro. Acabé regresando a Málaga porque en Madrid nunca encontré la sintonía y confianza de aquel maravilloso grupo de amigos y porque tal vez nunca tuve el talento o la competitividad necesarias para triunfar como actor. Pero, sobre todo, porque echaba tanto de menos a mis amigos (Javier, Pepe, Antonio, Richard, Fidel, Bartolo, Manolo el gitano, Sayago, el cura Alfonso, Paco Gil, Antoñito Olveira, Juan Antonio, Nuria...), la luz de Málaga y su calor que ni todos los estímulos culturales de la gran ciudad eran capaces de evitar el regreso. Ahora Javier escribe de aquellos años y rescata memoria. Y busca la madalena proustiana en el Héctor que ahora soy escarbando en el que fui. Me ha hecho muy feliz. Luego, otros dos periodistas más jóvenes, Nacho Doña y Cristina Consuegra, han escrito sobre lo que pasó el pasado sábado 28 de febrero en la sesión de los Niños Mutantes en la sala Gades de Málaga donde, entre otras cosas, Juan Alberto, el cantante contó y cantó sobre el Himno de Andalucía con la ironía y la emoción que tan bien combinan los Mutantes. Me hizo volver a los años del instituto con Javier, llenos de actividad y hambre cultural y política. De cuando montamos el grupo de teatro, arreglamos el salón de actos y cantábamos canciones de Jarcha y el hermoso himno de Andalucía. Recuerdo un día de Andalucía con todo el teatro pleno de chavales cantando la letra de Blas Infante. A Pucho Páez cantando por Paco Ibáñez y al Agüilla cantando una hermosa versión aflamencada y vigorosa de Si mi voz muriera en tierra de Alberti. Javier también cantó. No recuerdo qué. Y Antonio Medina. Seguro que el poema que Pepe Mesa hizo sobre el lugar donde hacíamos convivencias con aquel grupo cristiano de base de donde salimos casi todos ateos o agnósticos, sí, pero donde aprendimos a hablar, convivir y escuchar al otro. Y a pasarnos los canutos. Se llamaba Sauval el sitio. "Valle del sauce". Y aún debe existir, entre los términos municipales de Fuengirola y Marbella, aquel lugar lleno de memoria, amistad y pasión adolescente. Y deben verdear enormes algunos de los árboles que plantamos frente a la casa. No sabes el día que me has alumbrado, Javier. Bueno, sí lo sabes porque me conoces. Aquí te dejo con tus palabras. Gracias.


La música contada

Javier La Beira

Treinta años después, aún recuerdo a un adolescente Héctor Márquez entrando, tras driblar garbosamente el kiosco de los apetitosos bocadillos de caballa, por el pórtico de la gloria memoriosa del malagueño instituto de Martiricos que en gloria estaba. Como aquel adolescente sentía la necesidad extrema de llamar la atención, solía vestir una rebeca kilométrica y azulísima y vaqueros de marca. Su máximo afán consistía en llegar a ser, fíjate, un pedazo de pijo. Ya entonces llegaba siempre, en el mejor de los casos, con el tiempo justo, y cuando se enamoraba, lo cual sucedía justamente cada mes, se lo tomaba tan a pecho que emulaba al mismísimo San Juan de la Cruz proclamando a los cuatrocientos vientos que ya sólo en amar era su ejercicio. Toda vez que se ejercitaba hablando por los codos, escribiendo poemas y entonando canciones, si a aquel ratoncito presumido le hubiesen preguntado qué hacía por las noches, podría haber respondido: "Contar y cantar; cantar y contar". Cuando dejó la adolescencia, o más bien la adolescencia lo dejó a él, el amigo Márquez también dejó las poses pijas y Málaga, pero desde los madriles nos fue enviando cintas de casete en las que, fiel a su vocación, contaba sin parar andanzas, chascarrillos, pensamientos y sentimientos, amenizándolos con tonadas de su cosecha. Dulce y lejana voz por mí gustada, fue la época en que publiqué un breve ensayo sobre los llamados Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, a los que acababa de ponerles música Amancio Prada, y tuve a bien dedicarlo a uno de mis hermanos y a Héctor, porque ambos, a su muy distinto modo, amaban las palabras, la música y la música que desprenden las palabras. Estaba cantado que el genio desprendido de Héctor Márquez acabaría alumbrando un proyecto donde contasen tanto las palabras como la música. La música contada surgió aquí, en una ciudad secularmente necesitada de propuestas culturales atractivas y sólidas, con aspiraciones a perdurar no de cualquier manera, sino interesando y haciendo disfrutar al público. Nueve años después, las cifras (reales, en vez de inventadas con la mayor de las desfachateces como tantas otras) entonan por sí solas el allegro troppo de esta iniciativa de Héctor: cinco ciudades andaluzas recorridas, ciento treinta y nueve invitados de lujo y el lujazo mayor: ochenta y tres mil disfrutantes espectadores. Lo que comenzó siendo una tentativa que llegaba con el tiempo justo ha logrado el sello de lo imprescindible cultural. El pasado 17 de diciembre, La música contada celebró su sesión kilométrica número 150, dentro de la novena temporada, mediante un deleitoso discofórum propio de Amancio Prada. Sólo en amar la música y las palabras es ya el ejercicio de su creador. Cuánto me alegra dar fe de que la novena de Márquez resulta una suerte para Málaga y también una suerte de himno a la alegría.


Y ahora las crónicas y entrevistas de Cristina y Nacho. Las fotos son mías de la sesión del pasado sábado.


Andrés Mutante explica a la concurrencia cómo con los tres acordes de Cadillac solitario de Sabino Méndez y Loquillo uno ya puede tirarse el rollo de guitarrista y tocar cienes de canciones. Nani, Migue y Juan Alberto aún se ríen con el ingenio del amigo tras 20 años de amistad.



Niños Mutantes: "Siempre intentamos darle un toque animal a las canciones"

La edición de La Música Contada del 28 de febrero fue la número 156, y a mi juicio, una de las mejores del ciclo. El pop regresó a LMC de la mano del imprescindible grupo granadino Niños Mutantes. Con una Sala Gades abarrotada, el maestro de ceremonias Héctor Márquez presentó al encargado de prologar la sesión mutante, el periodista del diario La Opinión Chus Heredia, quien de forma magistral (respetando escrupulosamente las “tres ces” del buen periodismo) introdujo al público en su visión del universo de la banda granadina. Era el aperitivo de lo que esperaba a todos los presentes.
01/03/2009 23:03:01

Cristina Consuegra

Juan Alberto Martínez (voz, teclados y guitarras), Nani Castañeda (batería), Migue Haro (bajo) y Andrés López (guitarras), es decir, Niños Mutantes, salieron al escenario de la Sala Gades e hicieron un homenaje no sólo a toda la música que los ha influido, sino a la esencia misma del Pop Rock way of life. Estos cuatro compañeros de instituto no sólo mostraron lo muy unidos que están como amigos y como banda, sino que también desprendieron una química sobre el escenario difícil de encontrar hoy en día. Se trabajaron una de las sesiones más originales y divertidas de lo que llevamos de Música Contada, y compartieron con el público diversas anécdotas y experiencias de cuando eran músicos en ciernes.

Hicieron un recorrido, no sólo a través de los tres pilares de la banda (Pixies, Surfin’ Bichos y Nirvana), sino a través de todas aquellos grupos o solistas que los han o marcado: Radiodead, Ramones, Bob Dylan, Los Brincos, Raphael y otros.

Dejaron claro que son uno de los grupos más sólidos de la escena pop española, que lo mejor de los Niños Mutantes siempre está por venir (… tal como dicen ellos en Sapos y Culebras, "el futuro es un buen lugar"), y personalmente me hicieron volver a los quince años, cuando sonaba Nirvana en el programa de Radio 3 De 4 a 3, y yo desde mi cuarto saltaba tanto y tan fuerte que siempre creía que iba a alcanzar la luna con la mano. Cosas de la adolescencia.

Publicásteis vuestro primer EP en el año 1998. Más de diez años después, Niños Mutantes ha conseguido crear un sonido propio que, aun siendo característico, nunca suena a viejo o a algo ya hecho, sino siempre mantiene tintes de frescura. ¿Cuál es vuestro secreto?

No lo sabemos. Es un sonido que sale solo. No es algo pretendido o predeterminado, lo hacemos sin darnos cuenta, posiblemente porque siempre intentamos darle un toque animal a las canciones. Intentamos crear las canciones con mucha energía, pero en el sentido de intensidad, intentamos darle intensidad a todo, incluso a los fragmentos más tranquilos y suaves de las canciones, ya que éstas necesitan intensidad para transmitir algo. Es la obsesión central de nuestra carrera.

No soy partidaria de pensar que cualquier época pasada fue mejor. Pero sí es cierto que durante los 90 en España, la escena independiente eclosionó, y principalmente en dos puntos imprescindibles para entender aquella década: Granada y Gijón. En la actualidad, la escena indie parece ser un poco más gris que la de entonces. ¿Qué pensáis?

(Juan Alberto) Yo no lo veo así. A principios de los 90, hubo una explosión de muchas bandas, fue el descubrimiento de la escena independiente en España. Pero no fue nada nuevo, fue la reacción, la respuesta lógica a lo que estaba pasando en el resto del mundo: el movimiento Grunge, Nirvana, Sonic Youth, Pixies, Dinosaur Jr.,… Todo ello caló aquí, y se intentó imitar. Salieron muchos grupos, pero el contenido artístico de esas bandas se reduce a muy pocos, de todos los que estaban o estábamos en ese momento. Ahora quizá las cosas funcionan de una forma más individual, no se ve como un movimiento y el entusiasmo ha disminuido, pero creo que los discos españoles de los últimos años son más interesantes que los de los 90. Ahora casi todas las bandas cantan en español, sin ningún tipo de prejuicios, y si el grupo hace buenas letras me llega más que uno que canta en inglés.

¿Piratería sí, piratería no?

Ni blanco ni negro. En principio no, pero hay que recordar que lo importante de la música es que llegue a mucha gente. Como consumidor me gusta el pirateo, pero la música que me bajo suele fallar o se escucha peor. Ahora, lo que realmente me interesa me lo compro. Además, gracias a la influencia de la piratería los discos han bajado mucho de precio.

Vosotros sois grandes versionadores de canciones. Habéis creado uno de los mejores trabajos discográficos en esta materia, Grandes éxitos de otros (Astro, 2007). ¿Cuál es esa canción de canciones que tenéis pendiente?

Battiato, Madonna, de quien llegamos a probar La isla bonita. Cuando hemos hecho canciones no hemos ido persiguiendo esa canción, todo ha sido más casual. Quizá lo más consciente ha sido la versión de Raphael. Probamos dos o tres canciones y no nos salía ninguna, hasta que llegamos al Como yo te amo, que la tuvimos lista tan sólo dos días antes de entrar en el estudio de grabación.

¿De qué os ha salvado la música?

De llevar una vida rutinaria y tediosa. El día que se acabe esto tendremos que buscar otra cosa, para dar salida a toda nuestra creatividad. Nosotros siempre contamos que somos los verdaderos niños mutantes.



Y ahora la de Nacho Doña en el periódico digital Ymalaga (http://www.ymalaga.com/cultura/m%FAsica/musica-contada-ninos-mutantes-granadinos.4445.html), una iniciativa, entre otros de mi admirado comañero periodista Paco Rengel, que presentaron en sociedad hace unas semanas y al que le deseo toda la suerte del mundo en estos tiempos donde el periodismo de los medios tradicionales está tan secuestrado.





Juan Alberto Mutante en un momento de la sesión donde se hizo una estrofa muy peculiar del Himno de Andalucía


Niños mutantes en La Música Contada


01-03-2009 15:32 - Ignacio J. Doña
Los granadinos ofrecieron en la Sala Gades una divertida sesión llena de momentos inesperados

¿Qué situación puede hacer a uno de los principales grupos de la escena pop española interpretar en un mismo evento versiones de grupos tan dispares como Los Brincos, Velvet Underground, Triana, Bob Dylan, Wilco, Raphael, Pixies o 091? Pues no podía ser otra que una nueva sesión del ciclo La Música Contada, discofórum que a buen seguro guardará en su archivo como momentos inolvidables varios de los ofrecidos anoche en la Sala Gades por el grupo granadino Niños Mutantes. El cuarteto regaló al público malagueño una extensa y divertida sesión en la que realizó un recorrido por algunas de las canciones que han marcado su trayectoria vital en las últimas dos décadas, mezclando momentos de escucha de las versiones originales con la interpretación en directo en formato acústico de varios temas.Héctor Márquez, conductor del ciclo que cumple ya nueve años en los escenarios andaluces, y el periodista Chus Heredia fueron los encargados de presentar a los invitados de la noche, que comenzaron desgranando sus comienzos y vaivenes musicales quinceañeros previos a la fundación de Mamá Baker, grupo matriz que posteriormente dio origen a la actual formación. Canciones como "Nadie te quiere ya" o incluso un peculiar Himno de Andalucía a cargo de Juan Alberto, vocalista de la banda, anunciaban que la noche iba a estar llena de buen humor y momentos inesperados. El catálogo de referencias rockeras no pasó por alto a nombres imprescindibles como Pixies, Nirvana, Ramones o los nacionales Surfin' Bichos, Lagartija Nick o 091.RECORRIDOEn su particular recorrido cargado de anécdotas, los granadinos (recién llegados de Ceuta, donde ofrecieron un concierto la noche anterior), quisieron compartir un par de muestras en forma de vídeo de las experiencias musicales que llenan los viajes de punto a punto del país en sus giras, recurriendo a ejemplos tan diferentes como Las Grecas, Edwyn Collins, Beck o el mismísimo Nino Bravo. Finalmente, una mirada a Norteamérica cerró la noche con la interpretación a guitarra y voz de "Girl from the North Country", de Bob Dylan, y "Chelsea Hotel", de Leonard Cohen, antes de que un improvisado 'cuadro flamenco' homenaje al grupo Triana a petición del público pusiera el fin de fiesta.La próxima cita en Málaga de La Música Contada tendrá lugar el día 7 de marzo con la esperada llegada de J., cantante de la mítica banda granadina Los Planetas, que a buen seguro tampoco dejará indiferente al público que con gran expectación (entradas agotadas en sólo unos días) se congregue nuevamente en la Sala Gades.