domingo, 28 de septiembre de 2008

La Música Contada



Javier Corcobado


Este próximo sábado comenzamos la novena temporada -¡más que Los Soprano, oiga!- del ciclo que dirijo, La Música Contada ®, (http://www.lamusicacontada.com/), una suerte de discofórums por donde ha pasado de lo más variado de la música -y no música- española -y no sólo española- a los largo de casi 150 sesiones.

Gracias a esta idea que echamos a andar un grupo de amigos hace nueve años me he convertido en empresario -modestísimo, pero empresario al cabo- y he conocido en intimidad a gente que jamás hubiera soñado conocer, he corroborado lo difícil y gratificante que resulta llevar adelante una idea donde se implican presupuestos, difusión y participación del público y he hecho muchos amigos con ella. También enemigos, por supuesto, pero esos salen solos si te mueves un poquito y tampoco me quitan el sueño.

El caso es que este sábado volvemos a la carga con un discofórum con uno de los raperos más peculiares del panorama español, El Chojín (http://www.elchojin.net/), acuñador del término que usa para sí mismo de "rap en postivo". Esto será en la sala Gades de Málaga (C/Cerrojo, s.n., Conservatorio de Danza de Málaga) y, como siempre, gratis, a partir de las 20 horas. Estais todos invitados. A los que ya conozcáis el ciclo, os alegrará saber que hemos vuelto a la carga. A los que no, será una buena manera de conocer un nuevo pasadizo de la música popular de la voz de este grandísimo MC y comunicador. El público puede -y debería- participar. Aseguro disfrute para los fans y aprendizaje a los neófitos. Y, siempre, buen ambiente. Lo auspicia la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía que paga las sesiones y pone los teatros para celebrarlo. Sin ella no habría paraíso.





El Chojin


Como todos los años, editamos un programa para la ocasión. En él, además de poner biografías de los invitados que vienen a poner y hablar o cantar las canciones que más le han marcado en su vida (este trimestre serán El Chojín, Sabino Méndez, Jon Sistiaga, Javier Corcobado, Sr. Chinarro y Amancio Prada) suelo escribir un texto como director del ciclo y de esta marca registrada -sí, amigos, la tuve que registrar y no vale barato evitar que te roben las ideas o los formatos- y como no tengo ganas de estar escribiendo de nuevo lo que ya he escrito pues cutypasto y ya.



(En http://flickr.com/photos/lamusicacontada/, estamos subiendo fotos de los invitados de este año y de sesiones pasadas. En la web también hay muchas, por si alguien tiene interés)




El periodista Jon Sistiaga

Nueve años después


La primera vez que escribí, hace ya nueve años, sobre qué era esto de La Música Contada ®, conté cómo las canciones eran la mejor manera de jalonar el camino de nuestros recuerdos y gustos. Es decir, quiénes hemos sido y en qué nos hemos ido convirtiendo con el paso del tiempo. Y, hablando de canciones, hablé de viejos amigos y amores frustrados, de celebraciones, exaltaciones y melancolías. Y convoqué por su nombre a personas perdidas y que, desde aquel momento, fueron apareciendo para quedarse, volverse a marchar o simplemente, decirte que siempre habían estado allí. Me han preguntado muchas veces por qué no he querido contar mi música en el ciclo que inventé para ello. Simplemente, confieso, porque eso es algo que, a nivel privado, he hecho miles de veces. Sabiendo del valor terapéutico que encierra, he preferido que sean otros, los que tienen cosas que contar y saben cómo porque su vida son las canciones, los que lo hagan para mí y los demás. La respuesta del público que ha asistido a las más de 140 sesiones que hemos hecho de LMC ha sido el mejor refrendo. El mejor asidero emocional también. Escuchar las palabras de quienes por ir a las sesiones te transmitían felicidad y ánimo compensaba las veces que has querido tirar la toalla porque un duelo emocional o una dificultad económica te atrapaba. Era como si te sintieras responsable de una familia putativa que había ido creciendo sesión a sesión y necesitaras alimentarla con nuevas y viejas historias, con viejas y nuevas canciones de siempre y entonces.


Todo se explica fácilmente cuando creamos ritos colectivos: sentarse a celebrar la existencia compartiendo alimentos; jurarse amor y lealtad delante de testigos; simular que somos otros para contar qué sufrimientos y deseos nos mueven a todos; exaltarse en estadios cuando unos pocos conquistan un más rápido, más lejos, más fuerte; dolerse con la transformación en materia y energía diferentes de seres semejantes a nosotros… O, en fin, contar las historias de siempre en intimidad para aprender de ellas. O inventar un código basado en sonidos y ritmos que, al combinarse, son capaces de despertar en nosotros extrañas e intensas emociones y actuar como referencias en nuestra memoria. Esto último, contar historias y crear música es una de las cosas más remotas que los hombres son capaces de hacer.



Antonio Luque: Peter Parker tras el Sr. Chinarro


Y este rito tan añejo es lo que llevamos haciendo desde hace nueve años en La Música Contada ®. Naturalmente, que tras este ciclo se esconden afanes pedagógicos y la voluntad de que se reconozca el valor de las canciones en un lugar similar al que tienen los cuentos con firma. Y cierta intención de que la angustia que a veces nos produce el saber que el tiempo mata mientras avanza se alivie durante unas horas celebrando que aún están ahí las notas y las palabras que hacen posibles a las canciones. Hemos querido crear una zona de aprendizaje donde no hubiese examen ni jerarquía; donde el invitado no fuese un dios por ser famoso, admirado o admirable. Sino un semejante cercano y frágil en la medida que se exponía a contar sus emociones y quebranzas, a desnudarse simbólicamente delante de los demás sin obtener más diploma que el aplauso. La intención de que la velocidad histérica de nuestros tiempos no se trague la necesidad que los humanos tenemos de la pausa y la escucha, ha sido también fundamental a la hora de cocinar este ciclo. Y, asimismo, lo confieso, la voluntad de que mi eclecticismo estético, se alimentase con la creación de una Casa Común Mutante donde nadie tuviera que afiliarse a ninguna estética e ideario excluyente. Eso, claro sin olvidar la idea fundamental: permitir un encuentro cercano con personas que tuviesen cosas que decir, recordar, contar y cantar y a los que su trabajo y trayectoria les avalan como ejemplos de todo lo que antes he tratado de explicar.





En fin, ya estamos aquí con nuevos invitados. Escucharemos a maduros troveros de lo exquisito; a valientes poetas del ruido y el melodrama; a rimadores mestizos del mundo hostil con conciencia de especie; a excelsos guitarristas que son a su vez afilados narradores y saben distanciarse de ambas condiciones; a aventureros cronistas en los lugares donde las bombas arrasan a los inocentes o a poetas del absurdo existencial enmascarados bajo el nombre de un secundario de años infantiles: Amancio, Javier, Domingo, Sabino, Jon o Antonio, todos ellos y los que seguirán viniendo hasta junio, volverán a hacer lo mismo: contarse y contarnos a través de melodías propias o ajenas, confesarse con la voz prestada o prestar sus voces para cantar confesiones universales.


Como siempre que pienso en este viaje, sólo me entran ganas de decir gracias y perdón. Perdón por lo que haya hecho o dejado de hacer para que permitir esta travesía y gracias por contribuir a que siga siendo posible nueve años después. Más de un ciclo vital de un ser humano después. Después de que las industrias discográficas estén a punto de quebrar y se hayan transformado en ceniza personas queridas. Después de que myspace sea tan necesario como el dni. Después de que tus ídolos antiguos sigan cantando, ya con arrugas en la voz, lo que fue un día un himno de la explosión juvenil. Hoy, nueve años después, ciento cuarenta y cinco invitados después, setenta mil asistentes después, decenas de amigos y amores después, seguimos queriendo reunirnos junto al fuego de las palabras, en el corazón donde las canciones nos siguen celebrando. Seáis bienvenidos, como siempre, una y otra vez.

Sabino Méndez, después de Loquillo

martes, 23 de septiembre de 2008

¡El sidetour a las puertas de casa!


Lo confieso: aún estoy temblando. Llevo catorce minutos haciendo volteretas hacia atrás con una doble carpa sukajara porque Miranda y yo hemos sido tocados con la varita de los dioses. Sé que con este post despertaré las envidias de todo el orbe telemático y que muchos hablarán de retoques y photoshop y no les valdrá este documento gráfico, en mi humilde opinión, el más impresionante desde el desnudo del conde Lecquio, ése si retocado con photoshop. Pero así son las cosas. A joderse tocan. Sí, amigos, es rigurosamente cierto. ¡El sidetour ha llegado a las puertas de casa!



Eran apenas las ocho de la tarde y transcurrían apacibles y lentas las horas tras el intenso día de lluvia cuando sonó el portero automático:

-glbblsgllssrinngglb.

"¿Quién será?, nos preguntamos Miranda y yo con las cejas fruncidas. Bajamos a abrir al puerta y ¡estaban allí! Bruno y Albano, embutidos en psicodélicos trajes empapados a lomos del impresionante sidecar que les está llevando por inciertas y serpenteantes carreteras españolas. Bruno y Albano repartiendo abrazos y sonrisas. Húmedos y cansados, pero sin perder la compostura. Cercanos y amigables como si te conocieran desde siempre. Así son ellos, espontáneos. Sin que su condición de estrellas de la ruta les afecte en su bonhomía. Desde Arturo y Lancelot y Pajares y Esteso no se había visto tamaña apostura. En la puerta de casa. Aquí, en calle Ancla.





Han bebido dos vasos de agua y han usado nuestros váteres. Sí, amigos, Bruno y Albano, Albano y Bruno, cronista y abogado, abogado y cronista, conductor y copiloto, copiloto y conductor, han dejado gotitas de ácido úrico alrededor de nuestro inodoro. Pero lo más grande es que han usado nuestros secadores. Porque, amigos, el sidetour no para aunque llueve y diluvie, como así les ha sucedido durante la etapa de hoy, Cabo de Gata-Torremolinos, que han cubierto con ingenio y bolsas de plástico, hasta que los cielos, apiadados, se han abierto para dejarle el camino expedito en su entrada triunfal a Torremolinos, cuna e inspiración dabadabadá de cualquier españñol que se precie. Así, españñol, con dos eñes virguladas como los cojones de Babieca.

Secando los calcetines mojados por la batalla. Aquella cocina olía a... victoria.


Con sólo 30 minutos de repostaje -así son los héroes de la carretera: llegan, traen su alegría, historias y canciones, nos dan caramelos y se marchan de nuevo hasta perderse en el horizonte- todo ha cambiado en nuestra apacible jornada vespertina. (Bueno, todo, no, que Telefónica sigue sin arreglar el acceso al correo web, aunque, eso sí, ya han informado que a las seis de la tarde los técnicos se han dado cuenta del problema que teníamos los usuarios desde las siete de la mañana: vosotros sí que sois la sal de la tierra). Varias personas se han parado en la puerta asombrados por la majestuosidad del sidecar. Un vecino argentino preguntó: "¿y no llevás tracción en la rueda lateral o es sólo de arrastre? ¡Es bárbaro!". Varios chicos en bicicletas, como salidos de verano azul -no, ésos no eran de La Cala del Moral, que se conocen por sus nucas rapadas y la camiseta al cinto, eran más estilo Nerja, sonrientes y pijines como los discípulos de Chanquete- frenaron sus bicis cantarinas y con la boca abierta dijeron:


-Ay, va. ¡Qué chulo! ¡Son los del sidetour!



Y era cosa de ver la sonrisa complaciente de Bruno, mascullando "estos muchachos..." mientras sonaban de fondo canciones de los payasos de la tele. Después de los abrazos y las historias junto al fuego, las lágrimas y las promesas de que para la próxima edición se elegirá una Miss Sidetour durante el recorrido, y se hará un casting de Siderettes con hermosas chicas sin piernas -o, mejor, con el tren inferior obsoleto- para posar ligeras de ropa en un calendario sideturiano, han acabado de secar sus ropas empapadas, se han calzado los botos y han emprendido la marcha no sin antes regalarnos unos ricos caramelos de sabores, los aciditos, para que la despedida fuese menos amarga.





Mientras agitando sus manos, doblaban la esquina envueltos en un sonido de trueno, Miranda y yo nos miramos profundamente como en un hondo suspiro.

-¿Sabes? Nunca olvidaré este día.

-Son grandes, mi amor. Muy grandes.
-Mucho... Pero el váter lo limpias tú, que el Bruno se ha meado fuera.




Escorpiones







Esta noche he soñado con un escorpión. Pasaban muchas cosas durante el sueño, pero se me han quedado grabadas las imágenes del pequeño y hermoso escorpión negro y amarillo. Mi madre, que era de ese signo zodiacal, y no le gustaban los insectos, me aconsejaba en el sueño cómo no tenerle miedo. Mamá murió hace seis años ya. Cuando la veo en sueños suele ser un buen augurio. En el sueño, el escorpión, que al principio parecía amenazante, fue, poco a poco, transformándose en un respetable y pequeño animalito. Cada vez que aparecía me parecía más cercano. Tengo grabadas esas imágenes del escorpión andando sobre un cartón que estaba a su vez cubierto por un papel de seda rojo. Era fascinante ver su silueta bajo el papel de seda. Recuerdo que llegó a romper el papel y se escapó. Al final del sueño apareció de nuevo en el suelo. Más grande que al principio. Ya no le tenía miedo, sólo respeto. ¿Un aviso de algo? Quizá.


De niño coleccionaba insectos -bueno, coleccionaba casi de todo lo que caía en mis manos o se escondía en lugares ocultos- y siempre andaba con tarros de bichos llenos de perfume caducado de la perfumería de mis abuelos sobre la que vivía. Era una manera barata y bastante peculiar de sustituir el formol que mis padres no me dejaban comprar o de no gastar el alcohol del botiquín en disecar bichos. Los insectos siempre me han atraído de la misma manera que me daban miedo. Hay que respetar a estos seres diminutos y acorazados, voladores o subterráneos que llevan viviendo en el planeta mucho antes que nosotros. Coleccionar insectos es una manera simbólica de hacerse cazador sin tener que empuñar rifles. Un tarro de cristal, una buena jeringa, formol o sus sustitutivos, y unas cajas con fondo de porexpan son una forma barata de mostrar el resultado de tus microsafaris sin exterminar a especies protegidas, aunque, claro está, había que matar.


Aunque mis preferidos siempre han sido los coleópteros, lo cierto es que éstos siempre me resultaron amigables. No así las arañas, las escolopendras y los escorpiones -menos aún los himenópteros y los dípteros, esto es abejas, avispas, moscas y mosquitos y todos sus primos- cuya presencia venenosa y a veces mortal me hacían temblar ante la posibilidad de encontrarme cada vez que levantaba una piedra con uno de estos depredadores fabulosos. Yo le tenía miedo a estos seres tan antediluvianos y rapidísimos.



Dicen los sabios que la única manera de intentar ser feliz, de crecer, es ir superando tus miedos, colocándolos en la justa medida de su razón. Aunque cagón de niño, siempre me enfrenté con variadas estrategias a la parálisis que te provocaban. Temblando y con el corazón latiendo sin descanso me fui enfrentando uno a uno a los terribles bichitos y los fui incrporando a mis cajas de trofeos disecados.




Tenía una caja especial donde guardaba a los venenosos, mis minúsculos tigres de Bengala, mis diminutos rinocerontes blancos. Era una caja de pañuelos también reciclada de las basuras de la perfumería de mi abuela. Charín, se llamaban mi abuela y la perfumería. Hoy, ninguna de las dos existe. Pues bien, en aquella caja de pañuelos con tapa de plástico transparente lucían orgullosamente mis mejores ejemplares. No sólo por lo peligrosos y hermosos, sino por la historia de cacería que cada cual encerraba: la escolopendra que me sacó virutillas finas de la uña intentando clavarme sus aguijones traseros mientras yo le hundía la inyección letal; el escarabajo gigantesco cuyo vientre hacía ruidos como las chicharras y yo interpretaba como gritos semihumanos, aquel avispón que atrapé en el aire con el tarro de cristal cuando se dirigía amenazadoramente a mi rostro; la tarántula que le picó a Lorente Ventura y le dio una enorme fiebre; aquella araña blanca, de vientre casi cerúleo que jamás había visto... Y el escorpión pardo que cogí cerca del Monte Coronado y que me resultó tan fácil de cazar que me inventé la historia de que estuvo a punto de clavarme el aguijón. No era de recibo que el gran predador, el mayor trofeo de la colección se hubiese entregado tan mansamente.


Desde muy niño fui para mi familia tan agotador como celebrado. Según mamá, "siempre estaba inventando", una expresión que decía entre resignada y lamentosa, como quien pensaba que estaba muy bien que le hubiera salido listo y curioso, pero por qué no paraba quieto o me decidía sólo por los sellos, como los niños aplicados, o mantenía un orden cartesiano entre mis cosas, en vez de aquella pulsión de crear montones, zulos o "níos" en cada rinconcillo. Hay que reconocerlo, porque mucho no he cambiado: soy un poco Diógenes y acumulo más cosas de las que necesito o sé darles salida. la edad sólo ha templado las ansias y ha permitido interiorizar a mi propia madre pidiendo al cielo que el el niño se calmara un poco.



Lo cierto es que yo jamás vi a mi madre tan cabreada como cuando estuvo a punto de darle un infarto por culpa de mi caja favorita, la del escorpión, el abejorro, la mantis, la escolopendra, la tarántula y demás terribles animalitos. Un día, al llegar del colegio al mediodía -hablo de 10 años- vi que mi caja había desaparecido de encima del mueble-cama donde dormía. Entre preocupado e indignado, inquirí a mi madre, que no tardó ni medio segundo en meterme mi indignación en los morros: mi colección era desde esa mañana y ya para siempre, pasto de basureros, lamierdaelniñocoñoquemeibasamatarmalaspuñalasteden.




-¿Tienes idea del bote que he pegado cuando levantado el pijama y he visto debajo ese pedazo de escorpión?

-Pero si están disecados. ¿Tú sabes lo que me ha costado conseguirlos?

-¡Me importa un pepino, niño! Eso, si cuidaras mejor tus cosas y las guardaras siempre en su sitio (1) no habría pasado. Y no quiero seguir discutiendo. Y como entre una mierdabisho más en esta casa, se encarga tu padre. Te quedas con las mariposas y punto. Será joío el niño...

Asunto zanjado. Mi madre, realmente era un chollo, y este episodio fue una raya en el agua. Pero la ira de mi padre era mucho peor que las temidas picaduras simultáneas de escolopendra y alacrán. Él primero gritaba, inmediatamente pegaba y luego preguntaba si había algún problema metiéndote la cara amenazante en la tuya. Mascullaría yo algo, seguro, que callarme a mí es cosa difícil, y me iría al patinillo a llorar con rabia por el alacrán perdido. Mi rebeldía innata me llevó a domesticar a una lagartija sin título y un escarabajo -al que llamé little beatle en un alarde políglota- que me duraron vivos cerca de un mes, hasta que el padre Mayo me los quitó y arrojó lejos de mi alcance el día de la foto para la revista del colegio. El buen padre agustino que solía ser afable y bastante lamioso, no vio procedente que yo posara con las manos abiertas y una mascota en cada mano, mostrando orgulloso al mundo que lo mío con los bichos era una vocación muy profunda. ¿No enseñó Jesucristo las llagas de sus manos en escorzo similar al mío? ¿No eran bichos éstos, tan bíblicos como Moisés, que estuvieron en el Arca? ¿No son todas las criaturas del señor? ¿No era el propio padre Mayo, que daba Ciencias, principal impulsor de nuestra dormida vocación naturalista? ¿Por qué esa saña para con Little Beatle y la lagartija? ¿No sería mejor que su mano izquierda supiera un poco lo que hacía la derecha, para variar? Ay, tantas preguntas sin respuesta ahogándome el pecho...

Mi cara amargada en la foto de 5º, justo después de que me tiraran los bichos es la prueba número 1 de esta declaración. Ya nunca nada volvió a ser lo mismo y, poco a poco, fui dejando la afición entomológica por el deporte olímpico y las carreras de chapas, para las que llegué a construir un circuito de madera. Pero eso es otra historia.



Esta noche, al reencontrarme en sueños con mamá y un escorpión, he vuelto a recordar todo aquello. Al despertar Miranda, le dije:
-He soñado con un escorpión.
-¿Sabes qué significa?
-No. Sé cómo me siento. No tengo miedo.
Más tarde he buscado en mis libros y en internet. Soñar con escorpiones... Casi todos lo asocian a traiciones. Alguien te ha traicionado o va a hacerlo. Miedo a ser traicionado. Cualquiera sabe. Lo cierto es que a mí me ha dejado muy tranquilo.



(1): Sobre su sitio, y la localización exacta de este lugar arquetípico sería menester un ciclo entero de posts sobre la diferencia de percepciones entre padres y vástagos. No me atrevo a hablar de género, vaya, vayamos a pollas o miembras. Valga, cuando menos, este pequeño axioma. Su sitio, para mamá es siempre allá donde no se vea lo que tanto te gusta. En cambio, para tí, susitio -démosle ya categoría sustantiva- es el lugar más cercano a tu masa corporal. Si el sujeto infantil es de extrema movilidad, susitio se desplaza Es, pues, lógico el confilcto. No hay como acabar siendo padre para ampliar la perspectiva. ¿Y los insectos? Bueno, saco pecho cada vez que aparece una cucaracha y las chicas gritan. Entonces saco de mí al cazador que habita en mi interior. Ellas, lo juro, tras las convulsiones y la sinfonía gutural, te miran arrobadas. "¿Pero cómo puedes ser tan valiente?", dicen. "Es que he tardado, pero al fin he encontrado mi sitio". Te cagas...

viernes, 19 de septiembre de 2008

Bruno Galindo y su Sidetour

Sidetour 2008. Cartel Oficial


Mañana comienza uno de los recorridos periodísticos freakos más fascinantes del fin del verano.O algo así. Se trata, queridos y desconocidos, del Sidetour que Bruno Galindo y Albano Cruz desarrollarán hasta el 28 de septiembre por las más inmundas carretras comarcales españolas a bordo de un Sidecar.
Trasunto carpetovetónico del periodismo gonzo, el Sidetour es un viaje por "gasolineras inmundas * hostales sórdidos * clubes deleznables * campings inseguros * comida grasienta * noches al raso * letrinas de carretera * olor a sudor y falta de higiene * escupitajos y aceitazo * improvisación e imprevisibilidad * croonerismo y poesía * rebeldía y rock 'n' roll" (todo sic, que así lo manda y explica mi admirado hermano gusano BG). Fue este verano, cuando lo recibimos en casa que nos contó ésta su nueva experience donde el Don Simón picado sustituirá al mezcal y donde Hunter S. Thompson será una pegatina virtual en el chasis del cacharro.



Como no hay viaje sin banda sonora, Bruno -periodista, escritor, poeta, viajero, spokenwordista, creatorman, Gusano Miserable y Presidente Honorífico de la WWW, World While Worms- ha encargado al prolífico y genial músico Conde la banda sonora del sidetour (http://www.myspace.com/misterconde), para que todo aquel que la escuche imagine la odisea de nuestros centauros del macadam, buscando un hostal de mierda con olor a ozonopino donde echarse la noche a 12 euros y cintas de Georgie Dann. Conde es otro grande. Pero ya lo contaré en otro post.



Dará Bruno crónica diaria del sidetour en su página -o eso pretende- que se llama así: http://www.brunogalindo.com/. También se dará en http://www.andanteconmoto.wordpress.com/. O eso dicen antes de partir, que será cosa de verlos gripados en el Puerto de Pajares, con salivilla pegada en las comisuras de los labios.



Como patrocinadores, nos acabamos de apuntar desde estas crónicas de androide, aportando la generosa cantidad de veinticinco gritos animosos con el lema "¡ese Bruno, ese Bruno, hey!" a repartir durante el recorrido. Y, como regalo, siete "mia que tenéi güevo... recitados con piel de gallina.



Nunca, desde la epopeya de Ernesto Guevara, antes de ser el Che, en sus Diarios de motocicleta o desde el simbólico viaje de A Straight Story donde un anciano ranchero viaja a lomos de una segadora para reencontrarse con su hermano, nos habíamos enfrentado a semejante periplo antropológico y Pinito del Oro. Vivaspañacoñño. Zeis nuestro jéroe.




Éste es Bruno. Hace un año, en la Feria de El Palo (Málaga). Preparándose para la odisea.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El amor es la ley


Miranda y yo nos estrenamos como pareja artística de hecho esta tarde, en una exposición colectiva. Nos hemos bautizado como Miranda H y nuestro trabajo se llama El amor es la ley: una serie de quince fotos obtenidas en un viaje al Cabo de Gata que hicimos durante la Eurocopa con sus amigas Yolanda y Valentina. Aunque en la muestra sólo se pueden ver tres fotos por participante -hay once en total: Emilio Mula, Laura Brinkmann, Jorge Cosmen, Andrés Gómez, Delablanc, Mateo García, Mariano Galán, Tania Ramírez, Rocío Verdejo, Marcos Salas y Miranda H- nosotros hemos propuesto una especie de instalación con un álbum de fotos rojo, antiguo -era en el que mi madre pegaba sus fotos de novia y jovencita- donde se contienen, ilustrando la línea narrativa que proponemos, las 15 fotografías, acompañadas cada una de un verso extraído del poema El amor es la ley, original de Miranda H, que también puede leerse en el álbum. Es a la vez un poema-objeto, un recuerdo a la manera de mirar las fotografías con los álbumes antiguos, un álbum de cromos y un story board de la película que contamos.





La muestra se inaugura en la sala de la Sociedad Económica de Amigos del País (Plaza de la Constitución, 7) de Málaga. Se llama dAaB NaritaNews. Incursión en 11 realidades en tránsito. La organiza el estudio de diseño Narita, que dirige un amigo nuestro, artista gráfico, diseñador, fotógrafo y videoartista, Emilio Mula. La idea era trabajar en la idea de viaje, de tránsito. Se planteó como un juego a cada cual. Invitaron a Miranda sola pero al cabo empezamos a trabajar juntos y el azar hizo que naciéramos como colectivo/dúo uniendo nuestras formas de mirar, de contar, de imaginar y de decir.





En este enlace, http://www.narita.es/, pinchando abajo de la página, en el link de cada autor podéis ver los trabajos de cada cual. Se puede visitar hasta el 14 de septiembre y viene con el patrocinio de la Delegación en Málaga de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Como no sé qué pasa que no me deja el blog colgar el link os lo pongo así: es la página de narita y es las tres w punto, narita, punto, es. ¿Vale?





Y éste es el poema que acompaña a las fotografías. Os vemos por allí:



El amor es la ley.
Reina en las raíces del deseo,
alienta los volcanes y el océano,
y vuela más alto que las pieles en solsticio.

Tiene amor su razón más allá de los géneros,
del sexo donde rastreamos su fiereza:
traspasa identidades,

derroca juramentos y promesas,
tensa horizontes, imagina tierras de conquista
y pinta playas sin retorno.

Sin amor, sin su ley, es cáscara el presente,

el pasado es un cuento
y el futuro
es un perro anclado a su desdicha.

Sí. El Amor es la Ley.
Es bueno recordarlo.





martes, 26 de agosto de 2008

Benijo




En la casa que Eva G nos alquiló en Benijo (Tenerife) (http://www.lorural.es/tenerife/casaconduende/index.html) latía una energía especial. Tras una noche de sueños extraños y revolturas interiores en una casa con tanto encanto como desafío, desde el acantilado fuimos bajando a aquellas playas extraterrestres y volcánicas que se abrían como desde otro tiempo. Esta hermosa foto de Miranda se tomó esa mañana. Hace ocho días.

Eduard Punset: "El altruismo será la mentalidad del futuro"




Acaba de salir publicada en la revista de libros Mercurio una entrevista que realicé en junio a Eduard Punset. Enorme privilego. Creo que para lograr hablar con personas como este maraviloso divulgador científico me dediqué durante años al periodismo. Aún sigo en ello, aunque con menos asiduidad y no a tiempo completo, como hasta hace muy pocos años. Aunque la versión impresa está bastante más resumida que ésta, como aquí no gastamos papel, la cuelgo completa. El azar hizo que, durante la recién acabada edición de la Feria de Málaga, cuando el Colegio de Farmaceúticos de la ciudad le impuso su medalla de oro y brillantes, yo anduviera con Miranda, ambos cuidados y guiados por nuestra amiga Eva G., por los alrededores del Teide, Garachico y los acantilados de Benijo. No diré que lo lamento porque la belleza e intensidad de nuestra visita bien merecen que me quedara con las ganas de estrecharle la mano a este hombre que nos ha mantenido en la última década pegados al sofá de madrugada, leyendo sus libros o viendo sus programas, recordándonos cómo la ciencia, y no la religión, es la que ha abierto puertas al progreso de la humanidad. Parar leerle a él on line y acceder a las webs de su programa Redes y de su empresa Smartplanet podéis pinchar aquí: http://www.eduardpunset.es/blog/. Las fotos son cedidas por la editorial Destino. Ahí van unas cuantas líneas.


Cuando, días después de esta entrevista (1), Eduardo Punset (Barcelona, 1936) apareció en su programa de Redes hablando de cáncer con su oncólogo Rafael Rossell, muchos se sorprendieron al ver al entrañable, abogado y economista catalán, máximo exponente actual de la divulgación científica en España, sin su ya emblemática cabellera blanca desordenada, casi símbolo del científico que vive en las Batuecas, casi homenaje al sabio despistado. Ahí, contemplando los efectos de la quimioterapia, los que no le conocíamos íntimamente aprendimos algo más de este hombre que va regalando lo que va descubriendo cada día a los demás: era capaz de aprender de su propia enfermedad y era capaz de hablar de ella sin exceso de emotividad sino como un biólogo hablase a otro de los descubrimientos que había realizado en su laboratorio. En este caso, su propio cuerpo. Permanentemente ocupado, viajando de un lugar a otro, proponemos al autor de los mayores best-sellers sobre temas científicos que se han editado en nuestro país (Cara a cara con la Vida, la mente y el universo, Adaptarse a la marea, El alma está en el cerebro, El viaje a la felicidad, El viaje al amor y, en colaboración con Eugene Chudnovsky y Javier Tejada, el reciente El templo de la ciencia, casi todas editadas por Destino) una charla por medio de las redes de silicio. Amable, como siempre, aquel antiguo político y eurodiputado, no parece inmutarse ante el éxito de sus miles de ejemplares vendidos, ni por sus decenas de premios y reconocimientos internacionales; ni tampoco preocuparse por la crisis económica, como en ningún momento deja de sonreír aun cuando sabe que el cáncer del pulmón es uno de los más difíciles de erradicar estadísticamente, quizá asumiendo como suyas las teorías sobre el impacto de la improbabilidad que el economista Nassim Nicholas Taleb hiciera en su libro El cisne negro. Es fácil imaginar su voz de contar cuentos y sus párpados recién salidos de la siesta mientras se le lee.


Pregunta: Revisando su biografía, vemos el perfil de un hombre apasionado por el conocimiento y el desafío constantes. Derecho, política, economía, docencia, divulgación, ciencia y tecnología, comunicación, filosofía... Para alguien tan inquieto como usted, después de más de diez años al frente de un programa pionero como Redes, ¿no se le plantean ahora nuevas necesidades y retos?


Respuesta: Con Redes he podido sugerir que era posible conciliar entretenimiento y conocimiento en un canal de televisión. Ahora me gustaría demostrarlo en otros soportes -periódicos o revistas-, y en otros ámbitos como el de la Educación o el trabajo.


Y, por cierto, ¿qué sorpresas o novedades nos esperan en la nueva temporada de Redes?


Mayor focalización en una idea considerada fundamental para el futuro de la gente; más flexibilidad en la realización de los programas; mayor grado de representación teatral y no sólo visual de los contenidos… En suma, más sorpresas y modernidad.


Imagine que un lector de esta revista, lector habitual de literatura, quiere adentrarse en el mundo de la divulgación científica, ¿podríamos darle un pequeño menú de iniciación con obras editadas en castellano?


Una introducción al debate científico que ha servido ya a mucha gente es mi libro editado en Destino: Cara a Cara con la Vida la Mente y el Universo. Es la síntesis de un trabajo de diez años conversando con los grandes científicos de este Planeta. Entre los libros más antiguos yo sigo recomendando El gen egoísta de Richard Dawkins para captar la transitoriedad y vulnerabilidad de la vida.


Si existiera una olimpiada por países de científicos y mentes pensadoras y usted fuera seleccionador olímpico español, ¿a qué científicos nuestros llevaría?


La ciencia es, por definición, universal y no distingue entre ellos y nosotros. La mayoría están localizados, provengan de donde provengan, en EEUU y Reino Unido. En el primer país, por las mejores oportunidades ofrecidas en la actualidad. Y en el segundo, por las oportunidades ofrecidas en el pasado, que no han desaparecido del todo.


¿Se podría hacer algo como Redes en las escuelas para aumentar el interés por el conocimiento de nuestros alumnos?


Se hará, sin duda alguna. Hace diez años, aunque yo lo dijera, no era cierto que la ciencia estuviera irrumpiendo en la cultura popular. Pero ahora sí es cierto. El armazón será el resultado de dos cosas: conciliar entretenimiento y conocimiento; así como mucha mayor cohesión entre la comunidad científica, el mundo industrial y el mundo político.


Llama la atención que ciertas cuestiones y materias básicas del conocimiento humano no aparezcan ni de soslayo en las escuelas. No se enseñan ni nociones de medicina (nuestra salud), de arquitectura (el habitar), de antropología (la reflexión sobre nuestra especie), de nutrición (somos, entre otras cosas, lo que comemos), de economía (seríamos menos peleles frente al estado y las corporaciones)... ¿Qué enseñaría usted en nuestras escuelas?


Hoy sabemos que la imprescindible reforma educativa pasa por "enseñar a aprender"; por "aprender a hacer," más que predicar. Aprender a comunicar a los demás y asegurarse de que a la edad escolar se llega, gracias al legado maternal, con la autoestima suficiente para lidiar con los vecinos y la curiosidad imprescindible para buscar el conocimiento y amor del resto del mundo.


Usted habla en El Viaje al amor de cuántos sufrimientos se evitarían si se enseñara a las personas desde niños que todas sus manifestaciones emocionales son un producto combinado de reacciones químicas, factores ambientales, relaciones con el afecto materno en la primera infancia y capacidad de adaptación al entorno. Viendo el dolor y desespero de las criaturas ante sus 'fracasos' amorosos, cree que hemos sido víctimas de una educación sentimental muy equivocada?


Es que no hubo educación sentimental. El mundo emocional formaba parte de la intuición y la intuición se consideraba hasta hace bien poco, irracional. No hay abismo entre las generaciones, como se ha dicho a menudo. Todas las generaciones están unidas por una ausencia alarmante de conocimiento para gestionar las emociones. Son analfabetos los mayores tanto como los jóvenes. ¿Quién sabe distinguir entre ansiedad -necesaria para estar en estado de alerta- y el miedo que corroe?


¿Cuáles cree que son las causas del auge de la divulgación científica? ¿Cree que se leen sus libros y se entienden sus programas o siguen estando dirigidos a una inmensa minoría?


Antes había muchos sabios por una parte -investigadores obsesionados con ampliar su propio conocimiento- y muy buenos payasos y entretenedores por otra. La merma del pensamiento dogmático y la comprensión pública de la ciencia requieren conciliar las dos cosas. Hasta ahora, salvo poquísimas excepciones como Carl Sagan no ha habido especialistas en conciliar entretenimiento y conocimiento en distintos soportes como el audiovisual, medios de comunicación o educativo. Estamos asistiendo al descubrimiento de una nueva especialidad que hace accesible a la inmensa mayoría lo que parecía destinado solo a las grandes minorías. Por fortuna, hoy existen ensayos científicos que se venden como libros de ficción sin renunciar al rigor, y al esplendor del conocimiento ni al entretenimiento.


Con El viaje al amor cerró la segunda parte de una trilogía centrada en ofrecer las respuestas y conocimientos científicos más recientes a las grandes preguntas que afectasen a la mayor parte de la gente. Felicidad, amor... ¿Qué queda ahora? ¿La muerte? ¿El poder? ¿La búsqueda del placer?


He reflexionado sobre la felicidad. Ahora falta explicar por qué, a pesar de todo, la gente es capaz de generar una capacidad infinita para hacerse infeliz. Esto tiene que ver, primordialmente, con sus mecanismos de decisión. Me interesa estudiar, sobre todo, el funcionamiento de unos mecanismos de decisión que le impiden a la gente de la calle ser feliz. Disfrutar de la vida antes de la muerte, y no después.


¿Alguna vez creyó en dios desde el punto de vista religioso?

Como dice el filósofo norteamericano Daniel Dennet, "si Dios existe, se manifiesta muuy poco". El proceso científico, en la medida que se va ampliando -hoy sabemos por qué brillan las estrellas cuando lo desconocíamos en los años treinta-, va reduciendo el campo que se sigue interpretando recurriendo a fenómenos sobrenaturales. Falta mucho tiempo, no lo veremos en vida, para que la joven ciencia domine el panorama.


Ha hablado en varias ocasiones de los cambios que se producirán en nuestra especie gracias a la fusión entre tecnología y biología. Se ha referido a cómo no dentro de muchos años, la nanotecnología permitirá que nuestro cuerpo reduzca o elimine los efectos del envejecimiento. Pero ¿no cree que la inmortalidad es un hecho? Esto es, la materia orgánica se transforma continuamente y los conocimientos siguen actualizándose como una gran base de datos suprahumana, independientemente del acceso que tengamos a ellos.


Alguien ha calificado el fenómeno al que se refiere "el final del paréntesis darwiniano". En la evolución presidida por la supervivencia de las especies el proceso era extremadamente lento y costoso. Desde hace muy pocos miles de años todo ha cambiado. Es como si hubiéramos retrocedido, gracias a la difusión de la cultura horizontalmente, a un tiempo inicial de la vida en el que la diversidad genética se garantizaba de maneras más sencillas y variadas. Yo imagino muy bien a mis nietas manipulando genes de distintos organismos y plantas en su cuarto de estar.

¿Se podrán descargar las informaciones que guarda nuestro cerebro en un ordenador alguna vez o cargar nuestro cerebro con programas y conocimientos tal y como ilustraba en su día la película Matrix?

Ahora sabemos ya focalizar nuestra atención sobre determinados circuitos cerebrales en los cuales podemos interferir. La idea de modificar circuitos para cambiar comportamientos va guiada por el deseo de ayudar a enfermos que tienen un trastorno neurológico psiquiátrico. Pero, obviamente, hay toda clase de posibilidades en sujetos “normales”. La pregunta entonces es ¿qué es normal? Si podemos acelerar el aprendizaje cuando un niño quiere aprender a tocar el piano, lo podemos hacer. ¿Eso es bueno? ¿Lo deberíamos hacer? Se abren todo un número de cuestiones éticas que son muy importantes. Hay cosas que podrían hacerse y que tal vez no debieran emprenderse todavía porque no se conocen con precisión los detalles o efectos secundarios si los tuvieran.


Usted nació cuando comenzó la guerra civil. Ha sido político durante las primeras elecciones democráticas. En los últimos años se ha debatido sobre la necesidad de recuperar la memoria histórica para reparar heridas o bien imponer un silencio para evitar abrirlas. ¿Qué cree que permanece y qué se ha superado de aquel conflicto?


La guerra civil española pone de manifiesto el peso de la Historia en la memoria. Es enorme. No es cierto que los países con menos Historia a sus espaldas como EEUU tengan nada que envidiar a los que tienen demasiado. La Historia puede ser tan pesada de llevar y paralizante que más que un activo ha representado casi siempre un pasivo. A nivel molecular e individual, además, hoy sabemos que la memoria no solo sirve para recordar el pasado sino, sobre todo, para imaginar el futuro.

De todos los descubrimientos científicos recientes, señáleme tres que hayan transformado (o estén por hacerlo) nuestra civilización.


Justamente el peso de la memoria. El descubrimiento copernicano de que no somos el centro del mundo, ni de nada sería el segundo. Y el etercero, el principio de incertidumbre de Heisenberg que nos impide hablar de certeza, sino solo de probabilidades.


Cambio climático; descubrimiento de nuevas fuentes de energía; reparto, gestión y escasez de recursos; expansión por el universo; robots y cyborgs; los límites de la clonación; el aumento inimaginable de la esperanza de vida; el descubrimiento del funcionamiento y las capacidades del cerebro humano... Son algunos de los temas abordados por la ciencia actual. ¿Cuáles cree que son y serán en un futuro inmediato los problemas a los que la humanidad deberá enfrentarse prioritariamente?


Los dos primeros que acaba de citar sin lugar a dudas. El descubrimiento de nuevas fuentes de energía y cuidado de la naturaleza. La falta de renovación en materia de energías apunta a un colapso posible del desarrollo económico. Por eso es grave. En cuanto al impacto sobre el cambio climático de nuestros propios impactos sobre la Naturaleza sabemos muy poco todavía. Y, seguramente, podremos hacer menos aún. Pero no podemos seguir viviendo en la ignorancia de cómo evoluciona la Naturaleza, simplemente, porque lleva mucho tiempo.


Imagine a España como una empresa a la que le piden reflotar y darle una nueva posición en el mercado. ¿Qué déficits principales encuentra en esta empresa, cuáles son sus valores explotables y qué haría para situarla en una posición más competitiva en el mercado actual?


El activo principal de esa empresa con relación a los demás países competidores, radica en una mayor receptividad que otras naciones europeas a lo que viene de fuera. Los españoles siguen más abiertos a aplicar cosas que los demás han desarrollado que los franceses y alemanes, por ejemplo. Menos que durante el periodo de la transición política, pero más receptivos todavía. El principal defecto es la falta de cultura política que lleva a sus ciudadanos a ser muy sensibles a la injusticia social y diferencias de clases, pero ignoran la necesidad de que el Estado y los ciudadanos sean iguales frente a la ley común. El Estado está blindado con relación al ciudadano y eso coarta enormemente sus iniciativas. La mayor desigualdad en España es la desigualdad entre el Estado y el ciudadano, mientras que la gente sigue obcecada en otro tipo de desigualdades.


Como economista ¿qué consejos básicos daría para evitar las consecuencias de la crisis y para no caer en situaciones de pánico?


No ponerse invariablemente del bando de los perdedores. A la hora de predecir el futuro siempre existe la posibilidad de que aparezca un cisne negro cuando la mayoría de los cisnes son blancos. Y desconfíen de la gente que se toma muy en serio a sí misma.


¿Nos queda mucho todavía para llegar al fondo del pozo?

Sólo se aprende con los errores. Hemos cometido tantos que seguiremos aprendiendo durante mucho tiempo

¿Por qué las crisis son positivas?


Obligan a replantearse la Misión, los objetivos para alcanzar esa Misión y los Procedimientos para cumplir esos objetivos. Los homínidos -al contrario de otras especies- no saben moverse estratégicamente sin ser conscientes de dónde vienen y a dónde van. Sin decirse unos a otros los objetivos que tienen que cumplir. Somos muy gregarios. Y desde luego sin ponerle hilo a la aguja. Las crisis pueden ser una ocasión para perder esa gran oportunidad de fijar de nuevo el camino o para encontrar una explicación de la necesidad de sus esfuerzos.

¿No se cansa nunca, señor Punset?


No he tenido nunca este sentimiento. La mosca del vinagre -que tiene un DNA muy parecido al nuestro- cuando no trabaja sueña; es decir, aprende.

El año pasado, el sector editorial vivió un aumento que contrasta con la parálisis o descenso en picado de otros sectores. ¿El libro es ajeno a las crisis o es el mejor remedio para cuando pintan bastos?


La cultura es un medio de garantizar la diversidad a nivel horizontal casi sin esfuerzo. Antes, se hacía vertical y generacionalmente. Para que sobreviviera una especie hacía falta que sucumbieran otras. Era muy lento y costoso el cambio. Gracias a la cultura es gratis, veloz y llega a todas partes.


¿Qué está leyendo ahora mismo?


Estoy escribiendo y leyendo sólo lo necesario para escribir.

¿Cuál es su Trinidad científica?


Copérnico: No es verdad que seamos el centro del universo. Heisenberg: No podemos predecir, solo pronosticar probabilidades. Gould: No hay propósito en la evolución.

¿Le cuenta cuentos a sus nietas?


Pocos. No sabía lo importante que era y creía no tener tiempo

¿Y es capaz de reírse con las parodias que le hacen?


¡Vaya! Me emocionan.


Por último, ¿le ha enseñado algo la enfermedad?

Que el altruismo y la moral innata que precede a la implantación de las religiones, será la mentalidad del futuro.


(1): Entrevista realizada en junio de 2008. Publicada por Héctor Márquez en la revista Mercurio septiembre 2008.