lunes, 30 de junio de 2008

Emoción y geometría: a propósito del fútbol



Bien, ya está aquí. La copa de Europa es nostra. Ganada de una manera en la que aún no habíamos asumido que podíamos jugar. A la holandesa, a lo Barça de Cruyff, tocando y tocando. Con chicos habilidosos, como de fútbol sala. Burreando a tiparracos más veloces, más altos, más fuertes. El juego exquisito. La nueva generación de jóvenes wasp, los sobradamente preparados y no los amísabinoquelosarrollo. Chicos que salen al extranjero y aprenden a hablar en el idioma extraño; que se adaptan a otras culturas y son respetados allá; que se alegran de las victorias, pero no son forofos; que respetan, protegen y luchan por el que, siendo mayor que ellos y estando fuera de onda estética, por ellos se parte la cara. Chicos que hablan y usan lo colectivo con respeto e ingenio. Que se lo creen. Que luchan lo necesario, pero no hacen innecesarios gestos de testosterona a la galería. Que ya que ganan lo suyo, se lo curran. Que son tan bajitos o más que yo. Que pudieron estar en mi banca, al lado. Y ser el mejor en darle patadas al balón sin dejar caer la pelota y no por ello tener que falsificar los nueve suspensos para que tu padre no te partiera la cara. Chicos con inspiración, hombro arrimado y geometría, que hacen del pase, el regate y el desmarque una cuestión estética. Porque a mí, ya está dicho, el fútbol, que me gusta mucho, me gusta por estética, símbolo y épica. Sí, épica también, pero en su grado justo: sin botellazos desde la grada, ni borracheras sin control, ni negrodemierdaveteatuputopaís.




Aquí han estado tres semanas con nosotros y han ganado en su juego. Nos han quitado el sino y el pesimismo. La justificación ontológica. Hacen fútbol de emoción y geometría. Dibujan líneas de pase que evitan las patadas. Ah, las gestas... Empiezo a imaginarme escribiendo crónicas de fútbol de la Eurocopa. Pero sólo escribí una, hace años, en El País. Jugaban el Real Madrid y el Ajax en Málaga, en un torneo veraniego. Mi amiga Esperanza, que era la encargada de hacer la crónica del partido, sintió el miedo escénico y yo me ofrecí para sustituirla. Salté al campo. Me quedó bien, pero era un partido sin trascendencia. Santi Segurola llamó por teléfono y me dijo que estaba bien escrita. Saqué pecho para mí. Y ahí se quedó la cosa.




Sí. Ahora me hubiese gustado escribir un artículo que dijese "España gana la Eurocopa dominando todos los supuestos de un partido de fútbol durante el torneo. Ha sido capaz de superar sus miedos y sinos. Ha impuesto un fútbol estético que entierra del todo los tópicos de la furia, de Viriato y los cercos de Numancia. Ha ganado dos veces de paliza a los que mejor fútbol planteaban, Rusia. Ha metido la puntilla en el último minuto a unos bigardos de dos metros encerrados en su área, Suecia. Ha remontado a la anterior campeona de Europa con los suplentes, Grecia. Ha ganado a Italia en los penaltis y ha pasado de cuartos. Ha dejado a los alemanes sin fuelle ni esperanza y no los ha goleado por milímetros. Y todo ello sin renunciar a la belleza de los toques, los desmarques y los taconazos. Precisión, emoción y geometría. Todo eso con la sensación por vez primera de que no hacía falta la letra de un himno para sentirse representante de tantos todos tan dispares"... En fin, todo eso que se escribe cuando ganas y no necesitas justificar ni tu alegría ni las hipérboles. Blablablabla.





Confieso, me repito, que a mí me gusta el fútbol. He jugado al fútbol de niño, claro. ¿Y quién no? Tuve mi equipación del Madrid y mi balón de reglamento entre mis iconos de infancia. No era muy bueno con el control y la hablidad, pero era inteligente, aprendí a tener una resistencia enorme y siempre mostré gran capacidad de sufrimiento. No sabía competir contra los míos, pero era un fiera partiéndome la cara por ellos entre ellos. Así aprendí a tener sitio en el equipo de la clase. En séptimo de EGB ganamos la medalla de oro de nuestra categoría. Yo era interior derecha. Corría la banda. Otras veces fui centrocampista distribuidor. Metí algunos goles. Ganamos ese partido de la medalla de oro por tres cero y una exhibición de clase y unión, a unos de octavo, que también eran mayores que nosotros, como los alemanes, y los suecos y los rusos. También tuve varios juegos de fútbol. Y pequeños futbolines. Y monté varios juegos de chapas poniéndole a los tapones de Colema las caras de Ardiles, Kempes, Resenbrink, Chupitaz o Sotil que recortaba del Marca. Y ya con mi hijo en el mundo he jugado a casi todos los videojuegos conocidos. De niño coleccionaba todas las estampas de Fher de la liga desde el año 69. Y ganaba a las estampas a veces, al juego de los montones.




-Mmmm. Ése...


Y pegabas con miedo y excitación en el montón de la mano izquierda de Martín Cañizares. Y el Cañi daba la vuelta lentamente al montón de repes que habías elegido; cruzabas los dedos: te estabas jugando treinta estampas, muchas de ellas faltas, y tu madre no te daba el dinero que Cañi gastaba para comprar sobres. Si ganabas, eras la hostia. Si no, al pozo de los derrotados.


-Pero, niño, ¿dónde están tus cromos?



-Me los ha ganado el Cañi a los montones.




-Pues no juegues más a los montones, que yo no te voy a dar una peseta más para estampas.



Y ahí estoy, con el Cañi. Rodeado de amiguitos. Tensos y expectantes, como años después esperando a que Casillas le pare a Di Natale el penalti. Cañi gira mi montón de estampas y...


-Siete. Sacas siete, Amancio. A-m-a-n-c-i-o.


-("Mal rollo. Como le salga a él en el otro montón, Martí Filoxía o Zubiarraín, mamá me echa la bronca. Que le salga Re, que le salga Re...").


-¡Mierda! Búa...


-Venga, dame mis estampas.


El resto de la clase lo festeja como si hubiéramos pasado a semifinales. Cañi se pone bravo.


-Venga, una revancha a cuarenta.



- No, yo me planto.


-Eres un cagao y un moña. Hay que dar la revancha.


-Que no, que uno puede plantarse cuando quiera.



-¡Moña, moña! Gafitas cuatro ojos capitán de los piojos...

Y ahí, cuando la rabia me iba a obligar a jugármela de nuevo, aparece el padre Alcaide con su silbato disolviendo el casino infantil.



-Venga a filas, que se ha acabado el recreo.



(-Como mañana no te la juegues, te enteras.


-No sabes perder, Cañi. Yo me había plantado.)









No. Ninguno de nosotros vimos ganar a España con goooool de Marcelino a Rusia. Sí, lo vimos en el NODO muchas veces. Como aquel gooool de Zarra frente a la Pérfida Albión, o sea, Inglaterra. Sí. Sí que vimos el gol que le coló Platini a Arconada por debajo de las piernas. Y el 12-1 a Malta. Y el goooool con gallo incluido de Rubén Cano a Yogoslavia. Y el botellazo a Juanito, que ahora se ha reencarnado en Villa. Y el codazo de Tassotti a Luis Enrique que le dejó la cara ensangrentada y lloró como cuando llorábamos de niños por una patada injusta que el que hacía de árbitro no pitaba. Nuestras fueron su rabia e impotencia, sus lágrimas de niño despojado. Y vimos con el alma al suelo el fallo del penalti de Raúl frente a Francia. Raúl ya nunca volvió a ser el mismo siendo siempre ejemplar. Y el gol de Michel a Brasil que entró dentro y nos lo pitaron fuera. Y el fallo de Cardeñosa. Y el de Salinas. Y cientos de partidos con España luchando por encima de sus posibilidades. Partidos en los que te daban un baño y nosotros respondíamos con huevos. Muchos huevos. Pero no teníamos más que furia española, sudor, huevos y patas de conejo, ristras de ajo y rezos al cielo. Muchos santos pero ningún virguero. No teníamos ni a Zico, ni a Sócrates, ni a Cruyff, ni a Maradona, ni a Keegan, ni a Platini, ni a Rossi, ni a Best, ni a Zidane. Tuvimos a Pirri, que era un machote. Y a Iríbar, que era buenísimo, pero sólo valía para parar siete de cada ocho y morir de pie, que le decían El Chopo. Bueno, y para protagonizar aquel chiste donde al final le daba una patada y despejaba a un niño que había salvado antes de un incendio. Osea, ná de ná. Al final te la metían -siempre injustamente, que para reconocernos inferiores no andábamos sobrados- y ale, a casa, y a darle un bocinazo a la señora y a echarle la culpa al árbitro en el bar de Fermín, ponme otro machaco. Claro, qué te quedaba: eras de España a regañadientes. Sí, tenías tu equipo que al menos ganaba algo: una liga, una copa, un ascenso, un torneo veraniego, una UEFA... Pero, ¿sentimiento nacional? ¿Ondeando la bandera que se ponían los fachas en el polito? ¿Quién tenía huevos de ponerse la camiseta tras la democracia, como hacían los de Brasil, los de Italia, los de cualquier país menos el nuestro? Éramos aficionados con sentimiento de culpa y sentido del ridículo. Empezábamos los torneos con la boca pequeña; luego, con los dedos cruzados, la vela a san Antonio y el lexatin; para acabar, siempre, con el sentimiento trágico de la vida y la fuerza del sino y culminar, siempre, con la riña a garrotazos y resucitando a Torquemada con algún seleccionador al que triturábamos. Ser de España era un peso, una vergüenza, un gatillazo permanente. Un trágico sino. Un muermazo.





Pues yo, esta Eurocopa del cambio de ciclo la recordaré como la Eurocopa de Miranda. Veamos: a Miranda no le gusta el fútbol. Y a mí me gusta mucho Miranda. Pero mucho, mucho. Y el fútbol, vamos... que sí, que me gusta, pero de esa forma que decía. Sólo he ido unas diez veces a un campo -eso sí, vi en el Bernabéu el 5-1 del Madrid de la Quinta del Buitre al Anderlecht- y muchas de ellas, por motivos de mi profesión periodística. Como aquel año que, trabajando en El País, nos enteramos que el Frente Bokerón del Málaga, equipo que aún estaba en Segunda B, iba a sortear una invitación al Escándalo bajo el lema, "Todos a por la guarra". Sí, así, siempre fuimos muy surrealistas y exageraos en esta tierra. Y me infiltré entre los hinchas ultras en un partido contra el Elche para hacer un reportaje. Por aquello de que tuve un pasado como actor, me metí en el papel y me gané la confianza de los hinchas salvajes, que me cantaron la traviata. Saqué un magnífico reportaje muy amparado por Soledad Gallego, hoy subdirectora del periódico, que acabó en la primera página de El País. Pero por la noche, en el resumen de televisión de Canal Sur me morí de vergüenza al verme gritando detrás de la portería del Elche gooooooool y todos a por la guarra.



-Hijo, que te he visto... vaya pinta que tenías. ¿Todo eso tienes que hacer para sacar una noticia?



Mamá era muy comprensiva, pero había cosas que no le cuadraban.



Esta Eurocopa, la de Miranda, la recordaré porque apenas he visto partidos cuando más merecía la pena verlos. Del primero, contra Rusia, cachitos de resúmenes y en directo por radio hasta el primer gol. Estaba en la playa con Miranda. En bolas y solitos. No había color. Del segundo, contra Suecia, el final del segundo tiempo y el gol de Villa. Estaba haciendo gazpachos para irnos al día siguiente a la playa. Del tercero, contra Grecia, vi los goles dos días después por Internet. Sí que vi el Italia-Francia en un día tonto, qué le vamos a hacer. Del de cuartos contra Italia, vimos Miranda, Yolanda, Valentina y yo la primera parte de la prórroga cenando bocatas en un bar de Salobreña. Se emocionaron tanto las niñas que en el coche escuchamos los penaltis por la radio del loro que nos habíamos llevado al Cabo de Gata. Valentina, que es una cocinera italiana muy guapa y no tiene traumas con el fútbol como los españoles, quería quedarse a ver el final del partido en aquel bar de Salobreña, pero íbamos a llegar a las tantas a Málaga, así que no. La voz se iba y venía pero gritamos mucho, aunque a mí me dio nosequé por Valentina. De la semifinal, contra Rusia, vi bastante más. Pero Miranda llegó al descanso para irse con unas amigas a cenar y yo tenía tantas ganas de estar con ella después de todo el día currando, que me perdí dos goles en directo.



-Pero, tío, quédate viendo el fútbol.



-Te prefiero a ti que a Iniesta.





Éste es Iniesta.

Y ésta Miranda durante el primer partido con Rusia. ¿Me comprenden o no?


Luego, al acabar la semifinal salí a la puerta de mi casa, justo al borde la la carretera y reviví ese extraño sentimiento de pasión y rechazo. Decenas de chavales rapados, con la camiseta colgada del pantalón paraban a los coches y los zarandeaban gritando A por ellos y Españaspaña. Haciendo sonar bocinas y estruendos. Berreando un rato y cortando el tráfico.




Cuando pararon el autobús de línea del Rincón de la Victoria y abrieron las puertas cerradas, me asusté con la cara de terror de uan señora que viajaba dentro. No, no entiendo ese tipo de celebraciones. Poco después llegaba la policía y aquello me recordaba a los encapuchados del país vasco corriendo por todos lados. No hubo botes de humo, pero casi.




Y ésta es La Marea Roja...


Y, por fin, la final. Miranda me había dicho que iba a verla conmigo y con algunos amigos de los míos, de ésos medio moñas que no rompen papeleras y son capaces de hablar media hora de la sinestesia en un regate de Henry o del cuatro-cuatro-dos en la poesía de José Ángel Valente. Gente que cuenta historias y grita gol mientras parodia los gestos de los hinchas. Gente que ríe. Tras descartar posibilidades, quedamos en la casa de Nacho, el médico. Nos hacía la cena. "Traeros a quien queráis", dijo. Básicamente, era una excusa para no estar solos. Una excusa para celebrar no se sabe qué. Incluso, pensé, una excusa y yuna oportunidad para enseñarle a Miranda por qué y qué me gusta del fútbol.



-A mí el fútbol no me gusta porque me recuerda a mi padre. Empezaba a gritar y nos mandaba callar. La radio me ponía de los nervios. El fútbol era mi padre excluyéndome.





Eso contó Miranda mientras se alzaba la copa de Europa. Habíamos llegado seis minutos antes del final a casa de Nacho. Antes, habíamos pasado el día en la playa con sus sobrinas. Nos habíamos quedado atrapados en un atasco de regreso a casa. Para colmo, ella tuvo que regresar a sus sobrinas a casa de su madre y nuestra amiga Eva, que nos iba a acompañar, había decidido volver a Granada antes de que acabase el partido. Mierda de plan.


-No te preocupes, te espero en casa y cuando vuelvas, si te apetece, vamos a casa de Nacho o no, según lo reventada que estés, le dije, desplegando toda mi compresión de chico meritorio de esosqueyanoseencuentran.



En casa ya había logrado ver el primer gol de Torres: el gol, vamos, que el resto fueron postes y uuiras. Luego, estuve mirando la tele un rato mientras hablaba con Nacho por teléfono, que también se había quedado cortado con la caravana, y nos quitaba presión.


-Venid cuando queráis. Yo es por estar con vosotros. ¿Has visto qué baño le estamos dando a los alemanes? Es el triunfo de la técnica sobre la fuerza bruta. (Ya dije que mis amigos y yo hacemos una categoría aristotélica de un cuesco a destiempo).



Llegó Miranda a casa, ya con las niñas en su olivo, y pitó desde el coche. "Venga, vamos a casa de Nacho". Tenía la radio puesta para que no me perdiera el partido. Qué mujé. Pero yo estaba en sintonía solidaria con ella y sus compromisos con la familia, amigos y la humanidad completa. A esas horas el partido me importaba casi una mierda. Estaba siendo como esas películas de tele 5 que te echan dobladas y encima las cortan 27 veces: no hay quien se forofe. Total, estaba seguro que íbamos a ganar y tampoco sentía una emoción especial.



Por avanzar: ya ha acabado el partido. Estamos en casa de Nacho que nos ha preparado una rica cena. Miranda hace comentarios sarcásticos sobre el fútbol. Parece que de esa manera se desahoga del cansancio de tanto día D.



-El fútbol me recuerda lo peor de mi padre. Cuando nos apartaba de su lado.


Y, entonces, Nacho y yo recordamos justo lo contrario. Recordamos cuando el fútbol nos servía para hacer amigos. Cuando era un motivo para estar cerca de nuestros padres. Para cuando me di cuenta de que ni sabiéndome de carrerilla la alineación del Madrid yeyé que ganó la sexta copa de Europa iba a estar cerca de él, ya le había cogido afición y conocimientos al juego y sus aledaños. He jugado muchos partidos en el callejón donde vivía con mi hermano y una pelota gorila; o en el pasillo de mi casa, solo, con una pelotilla de las de botar sin fin; o en mi cabeza, dándole patadas a una bola de papel con los dedos, haciendo comentarios radiofónicos en voz alta para sentirme arropado. Tú solo, rugiéndote un estadio en tu pecho marcando el gol de Marcelino, el de Rubén Cano, el de Maceda a Alemania, el de Cardeñosa que nunca entró. He leído miles de crónicas deportivas. He matado la soledad o el tedio con miles de tardes de radio y Carrusel Deportivo. Aún hoy me leo el As y el Marca por internet antes de repasar El País y mis blogs favoritos. Hace años que no juego al fútbol. Si chuto al balón y me da en el juanete, veo las estrellas. Sé bastante de fútbol y me encantan las crónicas de estilistas como Julio César Iglesias, Segurola, Valdano, Sámano, Miguélez, Trueba, Gonzalo Suárez... Me joden los forofos, aunque sean de mi equipo. Si son de mi equipo, más todavía.



Pero Miranda seguía sarcástica:


-Qué emoción más grande. Siento el espíritu de la roja correr por mis venas. ¿Ahora hay que ir a la Cibeles a bañarse? (*).



Al fin, bajamos el volumen a la tele, Nacho puso un disco de Loussier interpretando a Satie en clave de jazz y otro de las cubanas Las hermanas Márquez (http://www.puertopadre.com/marquez.htm). Miranda y yo bailamos un son y ya empezamos a sentirnos donde queríamos estar. Luego, Nacho, en plan maestro de ceremonias, sacó un libro que le había regalado su bisabuela inglesa y que estaba fechado en 1906. Peter Pan in Kensington gardens. El primer libro que Barrie escribió sobre el personaje, ilustrado por Arthur Rackham. Una maravilla. Acabamos ideando una exposición sobre Peter Pan. Soltamos ideas y unimos nuestras manos haciendo un pacto de juntos podemos. Propongo un título, Tejiendo alas. Se discute y sale adelante.




Ilustración de Arthur Rackam para Peter Pan in Kensington gardens.


Pensé que, aunque fuese por ósmosis, algo había calado en todos de esa celebración del triunfo de esa España inédita. Era nuestra manera de bañarnos en la Cibeles. Miranda y yo regresamos tarde a casa, con una sonrisa de oreja a oreja. Otro motivo, digo, para que me siga gustando el fútbol, auqnue prefiera a Miranda. Ya digo, más allá de nuestros padres, cuando es emoción, memoria y geometría.


(*): Dice Miranda que no dijo exactamente eso y que recreo cosas y las adorno. Que esa frase me pega más a mí. Y que los periodistas y los escritores inventamos siempre. Es verdad, dijo más cosas y otras durante la noche. Pero yo me justifico argumentando que el realismo es una ilusión óptica, una apariencia, un recuerdo. Como la ilusión de tres dimensiones en pintura o de movimiento en el cine. Es eso, ilusión. No sé quién dijo que el cine era una mentira muy bien contada. Poseso. Pero, que le salga a Casillas un chancro blando si miento, todo lo que he contado es rigurosamente cierto. Bueno, rigurosamente...

"Papaaá, ese payaso no tiene gracia!"

Paco de la Torre, alcalde de Málaga, en el Festival Ja, je ji, jo, ju del pasado sábado


Es sábado 28 de junio. Estamos en Málaga, en ése Palacio de Ferias y Congresos que se parece muchísimo a un Frank Gehry. ("¡Ah, sí, por ahí dicen que el arquitecto lo copió de verdad! ¿Cómo se llama? Ah, Ángel Asenjo. Vale, vale..."). Ya son casi las nueve de la noche. Estamos sentados en el público, viendo el Séptimo Festival de magia y Humor Ja, je, ji, jo, ju. Recibí un correo de mi admirado Ángel Idígoras, uno de los miembros más activos de esa asociación ejemplar que se llama AVOI, y que organiza eventos como éste para recaudar fondos para alegrarles la vida a niños enfermos de cáncer (http://www.avoi.info/). He invitado a las sobrinas de Miranda, Selva y Luna, que acaban de llegar de Madrid. Y a la madre de Miranda. Y a la hermana de Miranda, madre de Selva y Luna. Y a la chica que cuida a las sobrinas de Miranda. Y también han venido dos amigas de Miranda. Y ahí estamos todas. Yo con un cachito de cromosoma Y entre tanta equis.


-Te lo vas a pasar muy bien, ya verás, me dijo Idígoras el otro día por teléfono. Son todos muy buenos. Lleva a todo el mundo que puedas porque no se van a arrepentir y todo lo que recaudemos le viene bien a los críos.


Hay bastante público en este salón del Palacio. Familias con niños, sobre todo. Me alegro por la recaudación y los de AVOI, que son ejemplares. Estoy decidido a participar con ellos. Ya ha salido el payaso francés Jean Philippe, que hace figuras instantáneas con globos y presenta la gala; y el malabarista Raúlez que es muy canijo y se pinta un bigote y pone cara de tanguero arrastrado y juega con pelotas blancas; y el payaso Kaíto, un gordito encantador que le saca chispa y encanto a antiguas rutinas de payaso y que se ríe tan perfecto que querrías poner esa risa de aviso de llamada en tu móvil. Los niños han flipado con Kaíto que ha tocado el saxofón y ha tirado al público decenas de elefantes-globo gigantes y todos nos hemos vuelto locos dándole porrazos a los elefantes que se balanceaban sobre la tela de una araña y tal.


Selva y Luna, cuatro y diez años, ríen con diferente desparpajo. Y Miranda y Valentina y Eva ríen. Luna me mira de reojo un poco aviesa porque aún no me conoce y teme que le robe a su tita. Selva aplaude, da gritos de risa y pone mohínes y a Miranda se le pone cara casi de madre feliz o de niña que adoraba a Fofó y le gustan las sombras chinescas y hacer voces de susto para que las niñas peguen un grito o le digan:


-¡Teté, no hagas más tonterías, que pareces una niña!

Tras Kaíto ha salido de nuevo Jean Philippe y, cambiando un poco el tono de voz a otro más solemne, pide un aplauso para el señog alcalde la ciudad que ha venido a veg este ggan espectáculo del festival jojejijaju.


Y el cañón se enciende e ilumina al alcade. Y algunos pensamos: "vaya, no es mal apoyo para la asociación. No sabía que a Paco de la Torre le gustara la magia". Pero el Major se siente hoy indómito y como sabe que para un alcalde mejor foto sin honra que hilillos de Prestige, o algo así, se viene arriba y se sube al escenario. Le ponen el foco y habla.


(Nuestro alcalde habla con la fluidez de un rapero pero con el tono de un diácono de seminario. Habla ora pro nobis sin pausa alguna).


Serán sólo cinco minutos. Pero mientras los mayores ya nos echamos miraditas y levantamos cejas, los niños se impacientan y no entienden nada. Selva se remueve en los brazos de Miranda. Delante de nosotros otra niña le dice a su padre, para que lo escuche:


-Papáaaa, que se quite este payaso que no tiene gracia.


Debe haberlo escuchado el Major of the City porque acelera su discurso y se despide del público. Mientras Jean Philippe hace entrar al mejor payaso/mago de la noche, el argentino Mirko (se parecía al jugador argentino Carlitos Aimar, al que apodan precisamente El Payaso, pronunciado con esa y griega que suena a ché con ola surfeante), el alcalde sale con tres guardaespaldas por el pasillo, cumplida su función de estar allí y hacerse la foto, agradeciendo sin gracia. La cara de nuestro alcalde es la de un payaso triste, de ésos que tienen poca gracia y que salen con los graciosos para que parezcan más graciosos todavía. Véanlo si no en esta foto impagable de la última campaña electoral que adjunto.
Mirko, un payaso que tiene el Premio Mandrake de Magia, más tarde -entre chistes minimalistas del tipo: "vaya, qué hace aquí este bumerán, creí haberlo lanzado antes"- hará una alusión a la intervención del alcalde -"viene, se sube al escenario y se va, noooo, looco, qué fuerte"- y bastantes mayores aplaudirán espontáneamente.


Luego saldrá Miguel, el hombre del fuego; y Jean Philippe hará un cuento de príncipes y princesas con globos y dos niños del público; por fin, Xavier Tapias convertirá un montón de latas, botellas de plástico, cajas de cartón y trozos de papel de aluminio arrugados en personajes animados que se mueven como robots de manera inexplicable. El público aplaudirá mucho y saldrá al hall a hacerse fotos con sus héroes. El alcalde ya no estaba allí. Mientras cada cual rememora lo que más le ha gustado y Mirko acapara las simpatías de las chicas adultas, Selva dirá a Teté poniéndose melosa:


-A mí no me gustaba el payaso sin gracia.


Luego pensé, una vez más, lo necesarias que son personas como Idígoras que dan ejemplo tenaz y modestamente regalando su talento y su tiempo para que otros se beneficien. Y me grabo a fuego que tengo que unirme como sea a ese voluntariado. Por fin, acabamos todas las X, y yo con toda mi Y a cuestas, comiendo pescaíto en el Paseo Marítimo. Al menos no nos atendió el alcalde, que cuando le entra la electorálisis aguda resulta imparable. Sí, fue en el Chiringuito Gutiérrez. Recomendable. Pero eso ya es otra historia

sábado, 28 de junio de 2008

Oh capitán, mi capitán



Con el joven Adriá, con Miranda y con el Gran capitán de la Bañera de Ulises, Emilio Garrido, posamos felices tras hacer Emilio de Fernando Alonso entre las carreteras de Urueña y Valladolid permitiéndonos llegar a tiempo a Miranda y a mí para coger el tren a nuestra ciudad, Málaga. Esto fue unos meses atrás. Emilio, periodista, director y voz del programa de Radio 3 La Bañera de Ulises durante cinco años, acaba de acogerse al eufemístico expediente de regulación de empleo de RTVE, que echa a la calle, bajo apariencia de jubilación anticipada, a más de 4000 trabajadores del ente público. Entre ellos algunos de los genios de Radio 3. Él, junto a Ordovás o Carlos Faraco, es uno de estos genios del micrófono que ya no tienen sitio en RTVE.

En el momento en el que escribo estas líneas, Emilio está emitiendo en directo su último programa de La Bañera. Desde él, músicas, historias, textos, voces, gastronomías y políticas ancestrales y actuales del Mare Nostrum han tenido su espacio y cubierta. Hoy, el capitán, Nuestro Emilio 'Ulises' Garrido, se despide para navegar desde otros lugares. Pronto estará en la Red y desde aquí lo anunciaremos y lo recomendaremos. (http://labaneradeulises.blogspot.com/ y http://www.labaneradeulises.org/). Porque él es de los que no se quedan en casa lamentándose, comparte con nosotros lo que sabe y nunca encuentra tiempo para tirar la toalla.

Gracias, capitán, gracias, amigo. Nos vemos en los puertos libres. Tomaremos absenta (poquita, que ya estamos mayores) y celebraremos la amistad que regalas cada día. Cantaremos en corso o en gadita, pero cantaremos.

"¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!,
nuestro espantoso viaje ha terminado,
la nave ha salvado todos los escollos,
hemos ganado el premio que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas,
el pueblo entero regocijado,
mientras sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave..."


Vamos a darle la vuelta a los versos de Withman. En esta versión que cantaremos, llegas a puerto, sí, pero nunca yacerás frío. En estos viajes, los héroes no deben morir para ser recordados. Un abrazo, amigo. Y para todos los que quieran seguir escuchando una y otra vez las bitácoras del navegante, esta página impagable. Aquí está su viaje todo: http://www.profesionalespcm.org/sonoro/BaneraUlises.php).





Emilio en Urueña. Marzo de 2008.

Contras de Vanguardia, autoengaños y citas sin canon


Como estoy en la lista de correos de amigos/conocidos de Rafa Goicoechea, inquieto agitador cultural al que conocí por el amigo común Moi Salama y que marchó a vivir a Barcelona hace un tiempito. Una de las cosas que comparte con nosotros en la distancia de Roberto Carlos son las contras que el sábado saca el periódico La Vanguardia. Y nos las manda en una versión legible en email y esas cosas que se agradecen.



Suelen ser entrevistas rápidas pero no subnormalillas a científicos, escritores y ensayistas, nuevos sabios actuales, en una época en la que los medios de comunicación -que ya no son lo que eran y aún no saben qué acabarán siendo- van introduciendo día a día más elementos de divulgación científica. La gente ya está hasta las narices de que le repitan lo que ya saben que no es cierto. Hay hambre de conocimiento, y necesidad de aprender, al menos en algunos sectores. A principios de semana recibí esta entrevista sobre la mentira y el autoengaño, realizada hace un año a Robert Trivers, biólogo, antropólogo, psicólogo y sociobiólogo.



Como es interesante y lo mejor de la divulgación es que nunca pare la cadena, aquí lo cutypasto. Y encima lo cutypasto con dos cojones, como diría un castizo, en la semana en la que los periódicos dicen en sus interiores que se están planteando cobrar un canon por cada cita/link de blogeros y weberos, viendo cómo seguir cobrando por esos contenidos que tan mal suelen pagan a los que los elaboran. Sé de lo que hablo: he trabajado como periodista durante casi 20 años, muchos de ellos en medios tan 'reputados' como El País, Diario 16, Diario Sur o Canal Sur Televisión.



Así que, aquí tenemos a Trivers de mano ajena, mientras las empresas y corporaciones avisan que quieren sacarnos una pasta por divulgar, citando: oiga, la apropiación intelectual es otra cosa y siempre me ha parecido cutre y barriobajera; significa decir que son mías las ideas, los trabajos, los pensamientos de otros, para obtener por ello un beneficio generalmente económico. Esto es: suplantación y robo. (De eso habla Trivers también, masomeno). Nada que ver con el hecho de querer cobrar por citar y linkearse en la red a las cosas que dicen unos señores interesantes desde los medios totalizadores a los mal pagados periodistas que, cuando son buenos, limitan su capacidad a saber reelaborar en corto espacio de tiempo las ideas ajenas en un formato de tamaño y diseño preestablecido: algo muy loable y útil, y que no hace bien cualquiera, vale, pero que tampoco hay que desmadrar en su importancia. Soy periodista, insisto, y el corporativismo o el ombliguguismo no me impide corroborar este hecho. (De hecho, cuando entré a trabajar en un periódico por primera vez, pensaba que era un lugar donde se escribía mal, como de segunda división). Porque estos mismos medios que nos quieren cobrar ahora por linkearlos ni se plantean, decía, pagarle nunca al señor que piensa y al que se entrevista por el hecho de que su medio divulgue su trabajo. Sus ideas, osea, que son las que nos interesan. Así que desde las Lágrimas del Androide copiamos esta entrevista que Rafa Goico nos manda desde Barcelona.



Es el periódico La Vanguardia. Al César lo suyo, eso está claro. Ciertamente, uno de los más amenos y mejor escritos de los que se hacen en España (¿podemos o a por ellos?), subsección Cataluña, estante Barnópolis. Es una contraportada de un sábado de hace un año. Entrevista, Ima Sanchís. Habla, Robert Trivers. (La foto es de otro lugar de la red).





Considerado uno de los cien grandes pensadores científicos del siglo XX, acaba de recibir el premio Crafoord que otorga la Real Academia Sueca para complementar las disciplinas que no tienen premio Nobel. Estudia las bases biológicas de la conducta social de los animales y ha venido a dar una conferencia sobre el instinto del autoengaño en la cátedra ´El cervell social´ de la UAB.



ROBERT TRIVERS · TEÓRICO EVOLUTIVO
"El autoengaño es una adaptación evolutiva"
IMA SANCHÍS - 11/06/2007. La Vanguardia

Tengo 64 años. Nací en Washington y vivo en Nueva Jersey. Ya no estoy casado. Tengo 5 hijos y 5 nietos. Me licencié en Historia y me doctoré en Biología. Bush hace lo contrario de lo que predica Jesús, es un peligro. Soy protestante, Jesús fue un gran maestro y un profeta, pero decir que es Dios es una tontería con efectos sociales muy negativos.

- Usted fue del estudio de lo humano a lo animal.




- Sí, la gente hace lo contrario, pasan 30 años estudiando los patos y lo aplican a lo humano, pero sabemos mucho más de nosotros que de cualquier otro animal. Yo llevo 64 años siendo y observando a otros humanos.





- ¿Y a qué conclusión ha llegado?



- Que al ser humano le falta corazón. Pero mis estudios versan sobre la biología evolutiva, sobre los mecanismos biológicos adaptativos como el altruismo recíproco o el engaño y el autoengaño.






- El altruismo no es necesariamente recíproco.





- De acuerdo. Usted rasca mi espalda y yo rasco la suya, hasta ahí todo va bien. Pero existe la tentación de que usted rasque mi espalda y yo pase. Así que necesitamos un sistema emocional para vigilar a los tramposos.




- ¿Y lo tenemos?



- Sí, nos enfadamos mucho cuando hacemos cosas buenas por otros y no corresponden. El sistema de justicia evolucionó en este contexto, y no es un sentimiento acotado al ser humano, como tampoco lo es el engaño.



- Cuénteme.



- Hay numerosos ejemplos de seres vivos que emplean las técnicas del engaño con el único fin de sobrevivir y perpetuar sus genes. Los virus y las bacterias, por ejemplo, camuflan sus efectos hasta el punto de burlar el sistema inmunológico preparado para atacarlos. Y los pájaros han llegado a un alto grado de sofisticación del engaño.



- ¿Mienten?



- Sí. Cuando quieren robar comida o hacerse con la hembra de un nido vecino se inventan el ataque de un depredador y empiezan a lanzar gritos de alerta para distraer y alejar al macho del nido.



- ¿Y esas ruindades nos hacen evolucionar?



- No sabe hasta qué punto; la habilidad de contar nació de la decepción. Verá, algunos pájaros dejan su huevo en el nido de otro que, a su vez, ha aprendido a detectarlo y lo expulsa. Esos individuos espabilados aprendieron a hacer un huevo casi idéntico para que no fuera detectado. Pero los dueños del nido aprendieron a contar y, al ver uno más, destruían todos los huevos.


- ¿Quiénes suelen ganar, los mentirosos o los engañados?



- Ante una misma comunidad el mentiroso habitual está destinado al fracaso. Si el mentiroso actúa de forma repetida, las víctimas del engaño llegan a identificar la mentira y desarrollan respuestas contra ella.


- Confiados, pero no tontos.


- En un mundo complejo formado por mentirosos y engañados los mecanismos para identificar y provocar el engaño evolucionan a la vez, de manera que la complejidad y eficacia de ambas estrategias aumentan.



- ¿Hasta qué punto?


- El autoengaño es una sofisticación del engaño, ya que ocultar la mentira a uno mismo la hace más invisible ante el resto. Si yo le estuviera mintiendo, usted leería en mi rostro señales de engaño: sudor, rubor.


- Pero si usted se cree la mentira que me está diciendo, ya no hay signos evidentes.



- Así es. Creo, pero no puedo demostrarlo, que mentir le requiere mucho esfuerzo al cerebro porque hay que saber la verdad, falsificarla, suprimirla y presentar la falsedad. ¿Pero qué ocurre si la verdad queda relegada al inconsciente y la mentira a la consciencia?


- Que es un lío que pagas muy caro.


-... El coste cognitivo disminuye radicalmente. El autoengaño, en mi opinión, es un mecanismo que ha sido seleccionado evolutivamente para servir al engaño e impedir su descubrimiento. Pero es muy peligroso...


- Eso decía yo.


-... porque estás echando fuera de tu mente la realidad. Pero hay miles de ejemplos que evidencian la constante práctica del autoengaño. Tendemos, por ejemplo, a profesar opiniones más elevadas sobre nosotros mismos que sobre los demás.


- Interesante ver esa vanidad como autoengaño.



- En EE. UU. se realizó un experimento para medir el grado de homofobia entre un grupo de hombres. Se les proyectaron escenas pornográficas gays y se midió el grado de excitación sexual a través de la dilatación del pene. Resultó que los homófobos se excitaban muchísimo más que los que se definían como no homófobos.


- Curioso.



- Más curioso es que al preguntar a los sujetos cuál creían que había sido su grado de excitación, todos decían que ninguno.



- Peligroso.



- Es fundamental establecer una teoría científica del autoengaño y olvidarse de Freud y sus pseudociencias. El precio que pagamos por vivir en esas mentiras que la mente identifica como reales es muy alto. Las guerras son nido de autoengaños. Creemos que nuestra patria parte de una superioridad moral y que todo está justificado. El problema es que el autoengaño forma parte de la biología y la neurofisiología, va a ser difícil erradicarlo.



- También estudia usted la simetría.



- Sí, durante doce años he estudiado la simetría en jóvenes de Jamaica y creo que los humanos simétricos tienen ventajas evolutivas respecto a los no simétricos porque su genoma es más estable en su desarrollo. A mayor simetría, más inteligencia, rapidez física, mejor sistema inmunitario; y los simétricos son más atractivos y bailan mejor.



- Trabajando la simetría, mediante ejercicios como escribir con las dos manos, ¿puedes cambiar las sinapsis del cerebro?



- Interesante pregunta, pensaré sobre ella.










Hale, pues ya se acabado. Yo os plantearía algunas preguntas que hay hasta quien se lee de vez el cuando las entradas del puñetero blog éste y hoy me siento un poco Mary Poppins:


1. ¿Os engañáis/ habéis engañado mucho? ¿Sois conscientes de ello?

2. ¿Qué beneficios creéis que obtenéis de eso?

3. ¿Sois radicales contra algo que en el fondo os gusta y os da miedo admitirlo?

4. ¿Cuál va a ser el resultado del España-Alemania del domingo?

5. Gracias, Rafita.

lunes, 23 de junio de 2008

Hablando con Punset


Hago una entrevista al admirado y adorado Eduard Punset para la revista de libros Mercurio. Ya la colgaré por aquí completa una vez salga en Mercurio (septiembre). Entretanto, ahí va este aperitivo: una pregunta y una respuesta. Y, para seguir a Punset, a sus Redes y a sus libros, que es lo suyo, buscad entre los links de esta página que lo encontraréis en muchos lugares. De este nodo que cutypasto, saldrán muchas vías para seguir a este sabio que divulga lo que sabe:



Pregunta: Siempre me ha llamado la atención que ciertas cuestiones y materias básicas del conocimiento humano no aparezcan ni de soslayo en las escuelas. No se enseñan ni nociones de medicina (nuestra salud), de arquitectura (el habitar), de antropología (la autorreflexión sobre nuestra especie, que reduciría el antropocentrismo), de nutrición (somos, entre otras cosas, lo que comemos), de economía (seríamos menos peleles del estado y las corporaciones en ciertas situaciones)... ¿Qué enseñaría usted en nuestras escuelas? (O tal vez lo importante no sea el qué sino el cómo...).

Respuesta: Hoy sabemos que la imprescindible reforma educativa pasa por "enseñar a aprender"; por "aprender a hacer," más que predicar; aprender a comunicar a los demás y asegurarse de que a la edad escolar se llega, gracias al legado maternal, con la autoestima suficiente para lidiar con los vecinos y la curiosidad imprescindible para buscar el conocimiento y amor del resto del mundo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Molicie y atardecer en la playa de Almayate









Lo que no muere abrasado por el sol acaba abandonado en la orilla, esperando que algún coleccionista de naufragios lo rescate. Un león diminuto, un toro de latón sobre la colina, un caballo montado por una jinete que oculta su rostro y sombrerea claroscuro como Sandeman, una barca todopoderosa que ayuda a multiplicar la sombra alzada sobre la pared naranja, la familia esperando que las olas de la vida los arrastren a un lugar donde sólo se flote y, al cabo, Miranda marcándome la danza de la arena como una Tadzio generosa y sin morires de amor.

Era un 10 de junio de 2008. A las mismas horas toda España gritaba los goles de Villa en la Eurocopa. A Miranda y a mí, casi solos en la playa, nos regalaron tres matitas de alhelíes en el chiringuito El Jardín. Volvimos a casa y nos comimos un petisú de chocolate.

Van Morente canta a Von Picasso


Foto que ilustra la entrevista que Efeeme dedica a Enrique Morente. De Igor Cubillo. Abajo está el link

Ya está Morente con nuevo disco. La cosita está que arde. Al Maestro le ha ido muy bien juntándose en sus últimos trabajos con lo nuevo y exótico de alrededores (Lagartija Nick, Planetas, su propia hija Estrella, las Voces Búlgaras, Marta Sebastiaen), encuentros que han ampliado su registro y la nómina de admiradores fuera de los territorios de lo flamenco, donde a don Enrique, que cada día se parece más a van Morrison, ya no le quedaban más palos que tocar para que se le abrieran puertas. Y se le han abierto, qué duda cabe. Pero también es cierto que a regañadientes, que ya sabemos que el flamencólico confunde su pasión de aficionado con la de sumo sacerdote, que da y otorga categorías, loores y llaves del cante sólo a quien él cree que se parece a lo que ya conoce. Si por ellos fuera, el flamenco no sería una música del presente sino un recuerdo detenido de lo que a cada presidente de peña La soleá o cada locutor de programa de radio del estilo de "Por las venas del cante" o "La senda del duende" o "A compá por las ondas" -programas que suelen hacer de gratis a cambio de regalías, entradas y, sobre todo, del poder omnímodo que da el decir:

-El cantaor de Úbeda demostró que sus tercios en las soleares están muy lejos de lo que el gran Antonio Chacón iluminó en su día. Le falta convicción por no hablar del penoso alzapúa de Riverita der Castaño, falto de la energía y del duende de la tradición guitarrística de su pueblo adoptivo, Cañete el Chico, largamente recogida por D. José Luis Linarejos Sepúlveda en su ya mítico tratado, Soleá y pureza, un libro que, de estar editado debería ser lectura obligatoria para cualquier tocaor con voluntad de ser alguien en el arte de las seis cuerdas.

Y cosas así, y quedarse tan aliviado, que de todos los suboficios que el crítico/divulgador/cronista puede desempeñar quizá sea el de la subsección flamenca el que más jalalala * (*: jerga vana y vacua) puede usar para no decir nada. Como poco, habría que situarlos entre los cronistas taurinos -pero éstos al menos intentan imitar a Joaquín Vidal que escribía de cojones- y los futbolísticos. Aunque también es cierto que éstos dos últimos siempre tienen algo de realidad a la que agarrarse, ya que existen hechos que poder relatar: un resultado, un penalti, una cogida, caída de banderillas, pañuelos al foso o al presidente... Y, claro, salvo excepciones, el crítico flamenco sólo como hojas de rábano lorquismos de tercera para adornar subjetivismos poco fundamentados.

Pero, vamos, decía -que es ponerme a hablar de flamenco e irme por las ramas: algo tendrá el temita- que el Maestro Morente ha sacado disco, Picasso de Málaga. Y además de hacer, ya decíamos, lo que suele y bien le ha ido para ampliar horizontes, públicos y lugares de papeo, colaborar con unos y otros de dentro y fuera del territorio flamenco (aquí, Floren de Planetas, Josemi Carmona, Maxi de Primavera Sound, Juan Habichuela, sus niñas Estrella y Soleá, la orquesta Chekkara de Tetuán...), ha hecho también otra cosa que suele: abrazarse, ronear, acercarse o inspirarase en una figura indiscutible de la cultura universal. Si antes lo hizo con Lorca, Bécquer, Quevedo, Leonard Cohen, Leon Felipe en sus discos anteriores, desde el fundacional y deslumbrante Omega (Lorca, El pequeño Reloj, Morente sueña la Alhambra), ahora lo ha hecho con Picasso. Por klo menos no coincidieron en vida, que si no, ya me imagino a los mecenas de Prisa y BBVA planteando un encuentro con Picasso pintando, Morente cantando y José Tomás desnudo toreando improvisadamente a Nacho Duato vestido de minotauro y recogidos por la mirada afilada de Pedro Almodóvar que hará una edición especial en DVD que te regalarán acuando metas tu nómina en el banco o te suscribas Canal Plus (los cien primeros con foto de todos firmada). "Cinco genios Cinco". En fin, que de eso nos hemos librado. Lo siento por el m,aestro, que hubiera cogido una poca pasta y les hubiera puteado algún día que otro llegando tarde

Y al igual que en anteriores ocasiones, este trabajo parte de un encargo institucional -si una institución andaluza quiere tener prestigio NECESITA tener un Morente en sus mecenazgos; como antes debía tener un Barceló en su colección plástica, o un Espaliú si no tenía demasiado dinero o un Schnabel si le sobraban dinero y espacio- como fue la Junta de Andalucía en el año de la apertura del Museo Picasso de Málaga, cuando encargaron al maestro un recital sobre textos y poemas de Picasso. (Inciso, como esto del mecenazgo lo cuenta él mismo en la entrevista del Efeeme de hoy que se ha currado Igor Cubillo, pinchad al link y os encontraréis con una revista musical a la que alguos tildan de viejuna y a mí y a otros nos parece necesaria y bien escrita y muy bien documentada; otra cosa es no hable de los artistas que gustan en rockdelux, pero para eso ya está Rockdelux, ¿no?; bueno, será que soy viejuno. En fin, el link: http://www.efeeme.com/opinion/opinion_ficha.aspx?ids=2&ID=2011).

Y este otro lo pongo, aunque ya lo tengo en favoritos en el listado de la derecha, porque está escrito ejemplarmente por el compañero y admirado Pedro Calvo, gran periodista musical desde hace ya unas temporás -mítica pareja que formaban él y José Manuel Gamboa, para el que escribe, que no es nadie, el hombre que más sabe y mejor cuenta el flamenco del mundo: el mejor pedagogo poeta que uno ha conocido, Gamboa, digo- que se atreve con equilibrio y buen decir con todo lo musicalmente apreciable. Es un gran blog el de Pedro Calvo, donde hoy le he visto hablando, precisamente, de Van Morrison, casualidades de la vida. A los y las que hablan de músicas y memes, éste blog y el de sus afines le enseñará cosas. Espero, que ya uno no sabe lo que saben los otros ni lo que les interesa siquiera: http://sentaditoenlaescalera.blogspot.com/.)


Y como todo este rollo venía a que en su día a Morente le encargaron desde el Museo Picasso de Málaga que se hiciera unas cositas sobre poemas de Picasso para el día de la inauguración y yo fui uno de los privilegiados que cogió invitación y que vio de cerca a Jeremy Irons -de lejos, lo más espectacular que vino a la inauguración en asuntos de glamour y que me perdone el paisano Antonio y su Melania, pero ellos son ya como de la casa- e instigó y fue testigo de cómo a las chicas del PSOE -concejalas, militantas, delegadas y consejeras, ministras y senadoras, curadoras y gestoras culturales, directoras de institutos de la mujer o de áreas de igualdad y de gabinetes de prensa varios- se les caía el tampax cuando un servidor en pleno ejercicio de su maldad les dijo a un nutrido grupetto de socialféminas que venía a ver la colección de Picasso:

-Acabo de ver a Jeremy Irons con Antonio y Melanie en aquella sala del fondo. Carmen Giménez les está explicando unos cuadros. He entrado y me he acercado y nadie me ha dicho nada.

Y siete chicas por la igualdad fueron supirando y taconeando como gallinitas a ver a su Jeremy con jipidos de adolescente apenas reprimidos. Y es que desde Retorno a Brideshead y La misión soñaban con ése tal Irons, tan guapo, tan educado, tan alto, tan canalla y atormentado animando sus lubricidades (perdón señoras, pero todos tenemos lubricidades; ustedes más que nosotros, incluso). Luego durante la cena, algunas me reprocharon que Jeremy no estaba donde les había dicho, pero fue verlo todos entrar con Carmen Calvo, aún recién ministra, a medio afeitar, como de ir al campo, con fular y botas camperas, más impresionante aún al medirse con la ministra -que, eso sí, era muy lista y hablaba sin parar pero era, qué le vamos a hacer, muy bajita- pues acabaron de babear y me olvidaron la pequeña maldad.

Pero lo que quería contar no era esto -no me extraña que se cabrearan a veces en los periódicos conmigo, cuando me da por 'disgresar' no tengo rivales- sino que escuché esa noche, en la carpa que se montó junto al mar del puerto de Málaga y hoy en obras, a Enrique Morente cantando a Picasso -soy uno de los que conserva el cedé promocional que regalaron aquel día, con canciones y primeras versiones de lo que ahora ha garbado, como sucedió en su día con la Fundación García Lorca/Huerta de san Vicente y el disco Lorca de Morente o la banda sonora que Morente grabó antes para la obra de teatro Yerma- ante los oídos atónitos de la concurrencia.

Sí, porque allí lo que más había escuchando eran americanos, con el biógrafo picassiano por excelencia John Richardson y el arquitecto del museo Richard Gluckman a la cabeza, y franceses, con Christinne y Bernard Picasso -pero también Claude, Maya y Paloma- y sus familias en primera fila. Y lo que escuché por allá fue más bien estupor porque ellos esperaban algo más canónico y tablaero de la Puebla y no a Van Morenton haciendo por soleás tic, tac, tic, tac, tic, tactac, tictictic, tac... en su versión del poema de León Felipe El pequeño reloj. Sería como si al club de fans de Julio Iglesias en Miami les pones como telonero en un concierto privado a Daniel Johnston con Anthony and The Johnsons (hostia, qué buen freakocartel, ahora que lo pienso). Y claro, les entra turbación y epilepsia y las criaturas no saben qué cara poner porque les dicen que eso tan rarísimo para ellos es lo más en flamenco. Y ellos la última vez que vieron flamenco era a Ava Gardner bailando en La Condesa descalza. Claro, la cosa ha cambiado. (Como se enteren los picassos de que he dicho eso me mandan a un tasador con escalpelo a repasarme el escroto. Que menudos son). ¿Y los españoles a los que les gusta Morente, dónde estaban? Pues bebiendo y comiendo de gratis, tirándose el rollo, cambiando teléfonos y haciendo por parecer que nos hemos criado todos en el palacio Guggenheim pero el de Venecia y que María Callas nos cantaba el achilipú de chiquitos en la cuna. ¿Pero cómo estuvo a mi parecer? Pues mal de sonido, lo que le dispersó durante el minirecital. En exceso adulador con las autoridades (Christinne Picasso y Manuel Chaves y Carmen Calvo, sobre todos), que es algo que no le pega. Y valiente como siempre a la hora de meter a compás cualquier cosa que le echen. Picasso tiene textos muy interesantes, absolutamente surreales, que no sé yo si son lo mejor para cantar. Pero en fin, lo cierto es que de las mejores letras que se han grabado en los últimos años vienen del surrealismo lorquiano. Sólo hay que recordar la letra de La Leyenda del tiempo. ¿Bueno, pero y el disco del que hablas? Pues aún no lo tengo. Sólo informo de lo que sé.

Bueno, pues no tengo más ganas de postear sobre Morente. Que pinchéis en Efeeme y Sentadito en la escalera y os compreís o escuchéis el disco por ahí. Ah, sí, una última cosa. Para el hermano de Javier Conde, yerno de don Enrique y esposo de la simpar Estrella, Curro Conde, sí, Currito, que ha trabajado en giras con Enrique Morente, sí; bueno, que me debes 200 euros, guapo, que a ver cuándo me los apoquinas sin tobligarme a poner ni fatiga ni desagradable, que ya han pasado tres semanas desde el concierto de Chambao, yo cumplí y la cosa está malita para todos.

Y a escuchar todos al maestro, que siempre enseña. Cante por Picasso o por Iríbar.