martes, 23 de septiembre de 2008

¡El sidetour a las puertas de casa!


Lo confieso: aún estoy temblando. Llevo catorce minutos haciendo volteretas hacia atrás con una doble carpa sukajara porque Miranda y yo hemos sido tocados con la varita de los dioses. Sé que con este post despertaré las envidias de todo el orbe telemático y que muchos hablarán de retoques y photoshop y no les valdrá este documento gráfico, en mi humilde opinión, el más impresionante desde el desnudo del conde Lecquio, ése si retocado con photoshop. Pero así son las cosas. A joderse tocan. Sí, amigos, es rigurosamente cierto. ¡El sidetour ha llegado a las puertas de casa!



Eran apenas las ocho de la tarde y transcurrían apacibles y lentas las horas tras el intenso día de lluvia cuando sonó el portero automático:

-glbblsgllssrinngglb.

"¿Quién será?, nos preguntamos Miranda y yo con las cejas fruncidas. Bajamos a abrir al puerta y ¡estaban allí! Bruno y Albano, embutidos en psicodélicos trajes empapados a lomos del impresionante sidecar que les está llevando por inciertas y serpenteantes carreteras españolas. Bruno y Albano repartiendo abrazos y sonrisas. Húmedos y cansados, pero sin perder la compostura. Cercanos y amigables como si te conocieran desde siempre. Así son ellos, espontáneos. Sin que su condición de estrellas de la ruta les afecte en su bonhomía. Desde Arturo y Lancelot y Pajares y Esteso no se había visto tamaña apostura. En la puerta de casa. Aquí, en calle Ancla.





Han bebido dos vasos de agua y han usado nuestros váteres. Sí, amigos, Bruno y Albano, Albano y Bruno, cronista y abogado, abogado y cronista, conductor y copiloto, copiloto y conductor, han dejado gotitas de ácido úrico alrededor de nuestro inodoro. Pero lo más grande es que han usado nuestros secadores. Porque, amigos, el sidetour no para aunque llueve y diluvie, como así les ha sucedido durante la etapa de hoy, Cabo de Gata-Torremolinos, que han cubierto con ingenio y bolsas de plástico, hasta que los cielos, apiadados, se han abierto para dejarle el camino expedito en su entrada triunfal a Torremolinos, cuna e inspiración dabadabadá de cualquier españñol que se precie. Así, españñol, con dos eñes virguladas como los cojones de Babieca.

Secando los calcetines mojados por la batalla. Aquella cocina olía a... victoria.


Con sólo 30 minutos de repostaje -así son los héroes de la carretera: llegan, traen su alegría, historias y canciones, nos dan caramelos y se marchan de nuevo hasta perderse en el horizonte- todo ha cambiado en nuestra apacible jornada vespertina. (Bueno, todo, no, que Telefónica sigue sin arreglar el acceso al correo web, aunque, eso sí, ya han informado que a las seis de la tarde los técnicos se han dado cuenta del problema que teníamos los usuarios desde las siete de la mañana: vosotros sí que sois la sal de la tierra). Varias personas se han parado en la puerta asombrados por la majestuosidad del sidecar. Un vecino argentino preguntó: "¿y no llevás tracción en la rueda lateral o es sólo de arrastre? ¡Es bárbaro!". Varios chicos en bicicletas, como salidos de verano azul -no, ésos no eran de La Cala del Moral, que se conocen por sus nucas rapadas y la camiseta al cinto, eran más estilo Nerja, sonrientes y pijines como los discípulos de Chanquete- frenaron sus bicis cantarinas y con la boca abierta dijeron:


-Ay, va. ¡Qué chulo! ¡Son los del sidetour!



Y era cosa de ver la sonrisa complaciente de Bruno, mascullando "estos muchachos..." mientras sonaban de fondo canciones de los payasos de la tele. Después de los abrazos y las historias junto al fuego, las lágrimas y las promesas de que para la próxima edición se elegirá una Miss Sidetour durante el recorrido, y se hará un casting de Siderettes con hermosas chicas sin piernas -o, mejor, con el tren inferior obsoleto- para posar ligeras de ropa en un calendario sideturiano, han acabado de secar sus ropas empapadas, se han calzado los botos y han emprendido la marcha no sin antes regalarnos unos ricos caramelos de sabores, los aciditos, para que la despedida fuese menos amarga.





Mientras agitando sus manos, doblaban la esquina envueltos en un sonido de trueno, Miranda y yo nos miramos profundamente como en un hondo suspiro.

-¿Sabes? Nunca olvidaré este día.

-Son grandes, mi amor. Muy grandes.
-Mucho... Pero el váter lo limpias tú, que el Bruno se ha meado fuera.




8 comentarios:

Ginebra dijo...

Muy bonito, hombre, ni ha avisado a las vecinas ni nada. Vale que estoy doliente total y no habría podido salir pero, coño, verlos pasar por la carretera sí que habría podido. Tch... tch...

Eduardo dijo...

Grande es el escritor de este blog, que no conocía. Eso es grande, lo que me he reído leyendo esto...

buscema63 dijo...

Ginny: no le vaisé porque, conociendo su reprimido impulso fanático, lo mismo se ofrecía a cabalgar el sidecar con sus pechos al aire delante de sus hijas. Y para qué vamos a agravar la faringitis y aumentar la vergüenza de sus adlescentes hijas..
Créame, ha sido por su bien ;-)

Eduardo, grazie mile. Sus risas animan el espíritu y el tráfico web a la página. ¿Tengo el gusto de conocerle o reconocerle? Suyo,
el androide llorón.

Ginebra dijo...

Pseeee... bueno... gracias (no lo había pensado, glups)

...antidoto esencial dijo...

Solo un jajaja bien grande. Me he tronchado leyéndote.

Eduardo dijo...

Pues no, no creo que nos conozcamos. Pero soy amigo de los protagonistas del periplo e impulsor de este, animándoles a realizarlo con unas cervezas.En cualquier caso un placer haber descubierto este blog gracias a esto.

Eduardo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eduardo dijo...

Soy Eduardo, tu vecino favorito. Ahora puedo sentirme orgulloso de vivir en La Cala y decir: "por aquí pasó el sidetour"