sábado 27 de junio de 2009

Los príncipes Nubios, de Juan Bonilla (apuntes para una teoría de la salvación)



Una vez más -y ya van tres- mi amigo Miguel Ángel Oeste se me cuela en el blog para colgar una reseña sobre un libro. Es el turno de nuestro admirado Juan Bonilla y de su libro "Los príncipes nubios". Adelante (eso sí, como te vea reseñando a Antonio Gala en plan babitas de terciopelo, aquí no me pones un pie más, ¿eh?).

Apuntes para una teoría de la salvación



Bonilla, cuando era joven Dorian Gray

UNO. Empezar por el principio, por el origen de todas las cosas, por lo que asevera el narrador de esta fascinante novela que son muchas novelas: “Supongo que estaremos de acuerdo en que lo fundamental de una historia, de cualquier historia, es lo que empuja a alguien a narrarla: eso es más importante que la sustancia de la propia narración.” Eso y, como comenta el narrador de Risa en la oscuridad, “el interés y el placer de narrarla.” Luego hay muchas más cosas. No puede ser de otro modo. Pero el principio de la búsqueda que comenzó mucho pero que mucho antes es la primera frase: “Me dedicaba a salvar vidas”.

DOS. Yo me salvo. Tú te salvas. Él se salva… y así seguiría la conjugación en uno de los hipotéticos mundos normales, y en este que quieren hacernos creer que es el único real. Pero no. Mienten. Existen otros hipotéticos mundos normales y reales, como el que retrata Juan Bonilla en Los príncipes nubios, donde funciona el Yo te salvo, entonces Yo me salvo o Yo pienso que me salvo si te salvo, porque salvarse no es tan sencillo, sino más bien complicado.

TRES. Moisés Froissard Calderón, La Florida 15, tercero B, campeón de la imbecilidad, actor frustrado, cazador de hombres y mujeres para convertirlos en máquinas sexuales, entrevistador imaginario sobre sí mismo, poseedor de picores en los testículos cuando se acuesta, corredor con transeúntes que desconocen que compiten en una carrera imaginaria, lector de Stephen King…, y por encima de cualquiera de éstas: perdido, solo, incapaz de sentir deseo, amor, vida. Éste es el protagonista-narrador de Los príncipes nubios.

CUATRO. Así, de lo que trata esta espléndida novela -que es como montarse en un Fórmula 1- es de lo que trata toda existencia: encontrar ese consabido, manido, misterioso lugar en el mundo y, a la vez, vencer los miedos que nos conducen a su antojo. Encontrar y encontrarse a uno mismo y a los seres queridos y, después de eso, volar, sin ayuda, barajando nuevas ópticas y perspectivas, en las que el miedo sigue ahí, pero no le dejamos que nos dirija, no le dejamos el papel protagonista.

Bonilla, en estos tiempos ya encanecidos. El que tuvo, retuvo, hay que admitirlo
CINCO. Y sí, la historia de Los príncipes nubios es fascinante, fulgurante y muchos otros calificativos que se le pueden añadir, pero aún más importante es el modo, la manera, la forma en la que Juan Bonilla cuenta la peripecia de este salvador de personas que busca salvarse a sí mismo. Narrada en una primera persona llena de matices, de voces, trepidante y trepadora, la narración se teje en la mente del lector como una araña teje su tela en la esquina de un techo. Así, la forma hace el estilo, que está primero, que es la ganadora, la medalla de oro, y luego, segunda, medalla de plata, la trama o el argumento o como prefieran llamarlo.

SEIS. Original, ingeniosa, poderosa, con tintes de humor negro e irónicos en la estela de uno de sus escritores predilectos, Nabokov, ésta es una de esas novelas vampíricas, que te chupa la sangre y se queda recorriendo tus venas mientras y después de su lectura. El vampiro bebe sangre fresca de una virgen, el lector de este libro lee letra fresca que le desvirga.

Y es bueno que sea de esa forma, que permanezca, no podría ser de otro modo, porque todos estamos buscando la salvación, ese pertinente y complicado: Yo me salvo o Yo te salvo o Yo creo-quiero-sueño-imagino algo para la inmortalidad con la que salvarme.

SIETE. He comentado que ésta son muchas novelas, de redención, de reflexión, de aventura, de suspense, de amor… Y también, sí, afirmo, parece una novela americana donde pasan muchas cosas, donde la reflexión y la acción se mueven y se combinan con maestría.

OCHO. “Me dedicaba a salvar vidas.” Y desde esa oración uno rueda, sin freno, sin posibilidad de detenerse hasta un final que será un nuevo principio. E, incluso, cuando uno aparta sus ojos de la lectura de Los príncipes nubios durante unos minutos o unas horas, se continúa leyendo, con los pensamientos rodando por aquí y por allá y por todas partes, esperando que Juan Bonilla sufra otro empujón para narrar, da igual la historia, lo importante es ese empujón, ese interés, ese placer que nos acompaña en la lectura de sus libros.

Lo importante entonces no es otra cosa que lo que acciona a Bonilla a escribir, su salvación, la nuestra, la historia es lo de menos, pues él la hará de más.

Así, Yo me salvo mientras leo. Tú te salvas mientras escribes. Y al revés. Yo me salvo cuando escribo. Tú te salvas cuando lees.
PD del blogger: Migue, mándame una foto tuya asín, sexy, que mis chicas lectoras (son 2) sólo entran a este blog por si tú sales y ya he puesto dos veces la misma. (Cría cuervas...)

lunes 22 de junio de 2009

Ensoñaciones Isaki Lacuesta

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Dentro de cinco horas deberé estar despejado para empezar un curso-taller llamado Cineastas sin cámara que dirige uno de los creadores fílmicos más interesantes que actualmente andan en activo, el catalán Isaki Lacuesta. Entra dentro del programa del Málaga Cinema que ha enjaretado el nuevo director del Área de Cultura de Diputación y viejo amigo Juan Antonio Vigar. Además de haber sido seleccionado para recibir el curso, que culminará el jueves a las 18.30 con una masterclass de asistencia libre en el Centro Cultural Provincial de Ollerías, también colaboro a través de mi empresa, El Pez Doble, con la producción de un concierto incluido en el programa del Málaga Cinema: el que ofecerá el viernes a las 22.00 el fabuloso guitarrista neoyorquino Gary Lucas, miembro que fuera de los Captain Beefheart, coautor junto al malogrado Jeff Buckley del impresionante Grace, y uno de los mejores guitarristas eléctricos del mundo. Gary vendrá a ofrecer su perfomance en directo sobre la proyección del filme expresionista alemán El Golem. Ya lo llevamos el pasado noviembre a la Seminci de Valladolid con un éxito absoluto y dejó al público asombrado en la butaca.

Pero no andaba insomne para hablar de Gary, que ya lo haré mañana o pasado, sino de Isaki, uno de esos creadores que han hecho del cine una forma de vida y un continuo ejercicio de experimentación entre realidad y ficción, prosa y poesía, representación y realidad. Resulta que tras un día de desconexión con Miranda y Eva en una playa llena de limo o fitoplancton marrón me propuse repasar las dos pelis que había visto de Isaki -que áun no he podido ver La leyenda del tiempo- Cravan vs. Cravan y Variaciones Marker, para ir a tono y separarme del modo productor que estas semanas anda atrayendo casi toda mi energía. Y así andaba, ya en medianoche, viendo el making of del Cravan -documental sobre las fronteras entre realidad y ficción a partir de los esbozos que quedan de un personaje real que creó su propia leyenda, el poeta y boxeador francés Arthur Cravan (http://es.wikipedia.org/wiki/Arthur_Cravan)- cuando el sueño me atrapó sobre la banda sonora de Pascal Comelade hecha para el documental. Otra más: Pascal -e Isaki- era uno de mis objetivos desde hacía años para La Música contada, y precisamente su biografía en cómic hecha por el dibujante Max la había guardado en la estantería un par de horas antes. Y era, en fin, que en el making of andaba Isaki entre rodajes, hablando con sus actores sobre la película cuando una ensoñación profunda me cerró los ojos y me incluyó en el filme. Y así me vi en la película sobre la película en medio del making of, enterito hecho materail de extra de DVD. Allí estaba de pronto, algo asombrado, tras el fin del rodaje de al película en una fiesta hablando con Isaki y contestándole a su pregunta de y tú quién eres:

-Me llamo Héctor, pero aún no me conoces. Dentro de unos años me conocerás en un taller sobre cineastas sin cámara y me darás clase.

El Isaki de mi ensoñación era tan alto como Cravan o como el alter ego que usa en su película. Mayor que yo -ahí veo a Freud, vaya- y eso que es doce años más joven que yo y de complexión física parecida a mí. Tras la confesión transtemporal me invitó a una cerveza en un bar y seguimos hablando. Estaba muy pálido y por alguna extraña razón creyó en lo que le decía. Añadió algo así como que con aquella película pasaban cosas muy raras.

Ahí me desperté. Miranda dormía a mi lado y la peli ya estaba en sus créditos. He intentado dormir pero resultaba imposible. Debía escribir esto, me he dicho, mientras me preguntaba si Isaki se acordaría de la premonición que le dije siete años antes y ahora, de golpe, recuerdo dentro de un sueño.

PD 12 horas después: He llegado, aunque diez minutos tarde, al taller de Isaki. Me he sentado en primera fila mirándole con atención, no sólo interesado en lo que contaba o proyectaba, sino como esperando que me reconociera de alguna forma. Sea por las mínimas horas de sueño o por lo hipnótico de la sesión toda la mañana parecía continuacióndel sueño. He participado todo lo que he podido -eso es habitual, tímido para eso no soy- y me he ido a tomar café con él en el descanso. Le he contado todo y le he invitado a La Música Contada. Parecía reaccionar con la misma sensación habitual a este tipo de coincidencias. Recordaba algo de La Música Contada. había recibido mis mails alguna vez, sí. En el bar donde tomábamos café estaba trabajando la chica búlgura que hasta hace un año limpiaba en mi casa, Vania. Tras venir a saludarme con alegría se ha tropezado con el camarero que traía nuestros cafés y éstos han bañado a un caniche muy peladito que tenía sometido en el suelo con sus órdenes en un extraño idioma una no menos extraña cliente de rasgos asiáticos. A mi lado, ahora mismo, en la fotografía de un calendario de cine, Audrey Hepburn sostiene eternamente un perrito diminuto en su regazo. Durante la mañana he comprobado que Isaki era más alto de lo que recordaba. Durante el curso ha lanzado vídeos de Resnais, de Marker, de Leni Riefenstahl, de Jean Gabriel Periot, de Godard, de Len Lye, de Esfir Shub, de Vertov, de Einsestein, de Medvedkine... He estado esperando un fotograma perdido, donde reconocerme, como el Zelig transformado en nazi en la película de Woody Allen. No ha sucedido aún.

martes 2 de junio de 2009

Crónicas MálagaFritas II: Gastmans

Se llama Álvaro. De apellido Gastmans. Es medio belga medio malagueño. Tiene alrededor de los 30. Estudió derecho, pero no ejerce. Ha sido líder o miembro de varias bandas locales hasta que, por fin, se ha decidio a liderar un proyecto menos punk o mod y se ha tirado al barro de ser un neochanssoniere glamouroso y distante de la mano de Conde, el compositor, músico, arreglista y productor musical pop menos reconocido y más prolífico y brilante de la escena andaluza. Gastmans canta, toca el piano, compone, toca el bajo y es dibujante de cómics e ilustrador. Suyas son las ilustraciones para el cartel de MálagaFrita. Es uno de los miembros del proyecto colectivo MálagaFrita y tocará en el I Festival Málagafrita en el Teatro Cánovas (21.00 horas 5 euros) el día 12 de junio junto a Caradefuego.

Aquí os dejo un clip de una de las canciones de su primer disco Nouvelles du grand possible, editado por Dress excess records. El clip es de Alfredo López.

Aquí un vídeo suyo:

domingo 31 de mayo de 2009

Previas MálagaFritas1. Hoy: La Maleta, de Alfredo López


Director, realizador, cámara y guionista, de cine y televisión, Alfredo López nació en Madrid (1975) pero se ha criado en Málaga y desde niño leva el cine entre ceja y ceja. Totalmente autodidacta, empieza a hacer cortos desde los 9 años, con el tomavistas de su padre usando como actores a los palillos de la ropa, perfectos soldados para sus batallas. Ha realizado, desde principios del 2000, varios trabajos en cortometrajes y vídeoclips en diferentes formatos, acaparando numerosos premios en su trayectoria. Recientemente, su corto La maleta fue premiado con el primer premio en el Youtube Intel Film, que le permitió participar en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Es asimismo creador de la primera serie de ficción online internacional que se hace en Málaga. Así, ha dirigido a distancia, a través del programa Skype, la serie para Internet American Ruse con actores en Pekín, Osaka, Gijón y Madrid, y la trilogía El cobrador del gas de las casas encantadas de la Republica China, premiada en el último Jameson-Notodofilmfest y emitido en TVE 2. Bajo esa misma técnica prepara un videoclip para el grupo de moda francés Housses de Racket. Actualmente dirige la serie Bicho malo para Neox-Antena 3 y ultima la producción del documental Fosforito, sobre el gran cantaor flamenco. Ha realizado numeroso clips para grupos como Gastmans, Caradefuego, Thalia B., Santos de Goma, Addictive Larsen, Elphomega o Hablando en Plata. El último vídeo del grupo de hiphop malagueño, El castigo de los débiles, ha sido un éxito absoluto de descargas –nº1 en MTV, Canal Fiesta y Sol Música- y será proyectado en MálagaFrita. (http://www.myspace.com/eurotrashfilms).


Crónicas malagafritas I: hoy, cómo fue y La maleta de Alfredo López.


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La maleta, de Alfredo López. Actúan el Chuky y el Zurita. Se grabó en el bar que tenía entonces el Chuky, La Cochera. Fue, tal y como ellos dicen, una paranoia que grabamos del tirón cuando cerramos el bar. Con esa paranoia improvisada fue premiado con el primer premio en el Youtube Intel Film, que le permitió participar en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Alfredo, cineasta, es uno de los creadores que participan en el I Festival Málaga Frita.

El Cenachero Enmascarado. Detrás de MálagaFrita hay superhéroes de misteriosa y anónima identidad.

En apenas 11 días ya veremos los primeros pasos de MálagaFrita, un nuevo proyecto que capitaneo y donde hay mucha gente embarcada. Y más que ojalá se vaya embarcando. Meter a mucha gente en un mismo barco suele ser complicado. Y más si el barco aún se está construyendo y no se sabe bien cuál será la ruta. Para que entren tripulación y pasajeros deben hacerlo sin perder su capacidad de decidir dónde y hasta cuándo, cómo y de qué manera estar y a la vez comprometerse con ello. Tratándose de artistas, de creadores, resulta aún más complicado. Pero sin ninguna duda es mucho más estimulante. El equilibrio entre el esfuerzo y el bien común colectivo y la búsqueda individual de modos expresivos y reconocimiento exclusivo deben mantener siempre un frágil equilibrio. Todo creador debe ser algo iconoclasta para serlo de veras. Pero a la vez debe intentar dejar claro en nombre de qué o quiénes está hablando, empezando por dejar lugar y voz a todos los que nos pueblan, callan, mutan, mueren, crecen a cada rato. Vanidad, compromiso, generosidad, entusiasmo, independencia, autenticidad, voluntad, trabajo, libertad de expresión, son muchos ítems a tener en cuenta en el trabajo artítico y en su difusión. Hoy hacer y estar empiezan a ser casi la misma cosa. Pero aún no son la misma cosa. Hay que currarse la visualización de forma trasversal. Y hay que desplegar la aritmética del apoyo de manera constante. Lo cierto es que esto, este MálagaFrita cada vez se parece más a un proyecto colectivo. Y eso pone. De hecho, es lo único que pone. Para eso se está aquí. Si no se generan redes e intercambios; si no se gana conocimiento, reconocimiento, estímulos y cambios, si no se aprende y se comparte ¿para qué todo esto?

(Multi) Conde, superstar, en un concierto de Santos de Goma.

Desde hace muchos años que formo parte de los mundillos relacionados con la creación, la expresión artística y la comunicación. Ya contaré mi historia en otro momento. Estábamos con este I Festival MálagaFrita que tendrá lugar en el Teatro Cánovas del 11 al 14 de junio, donde cada actuación incluye 2 grupos musicales, shows y minimonólogos teatrales, proyección de pieza audiovisual y miniclips, así como la posibilidad de llevarse un sampler en cedé de los grupos y un cartuchito de chanquetes búlgaros. Es proyecto de mi empresa, El Pez Doble, y cuenta con el auspicio de la Consejería de Cultura de la Junta. Echan una mano económica también los del Proyecto Lunar de la Consejería de Innovación de la Junta con la cartelería. Y ya os puedo mostrar el cartel:


Lo han diseñado Nacho Gabrielli y Álvaro Gastmans. Éste los dibus, Nacho el diseño y el logo. Yo les di la idea de usar al gordo de la Victoria.


De la primera piedra hacen ya dos años y mes y medio. La primera reunión fue en mi casa, el sábado 7 de abril, sábado de Gloria entonces. Convoqué a la peña tras la mecha que encendió María Rayo tras el primer concierto que dieron Santos de Goma, y que les organicé, en la Sala Gades que entonces era del Teatro Cervantes. Después dle concierto salimos con subidón. Allí estaban los Caradefuego, los Santos... (dicho así, parecen estrellas del wrestling), Javi Ojeda, Ricardo Teixidó... Les escribí un mail convocándolos días después. María, mientras tanto, animaba y estimulaba desde los correos electrónicos, lanzando ideas e invitándome a coger el timón. En él decía: "Como ya os he dicho en los anteriores mails fui bastante más prolijo y explícito con el tema de nuestra fiestecilla/conspiración pero tampoco hace tanta falta. Ya sabréis algunos por Pepe Trueno o María Rayo o por mí mismo de qué va esto: posibilidad de montar una gira promocional de varios grupos musicales de aquí que andan en madurez (hablamos de pop y aledaños) juanto a otros artistas/profesionales malagueños de la imagen, la palabra, la promopción, la gestión, lo audiovisual llevando todo eso fuera de la ciudad y sobre todo por Europa. The Faralae Power pop Expedition, Moragaspop, The Farola Ambassador's, The Moraga Messengers, o The Never Starting Picassians Tour... Ya veremos cómo le ponemos a la niña. Vamos a intercambiar ideas y ver si podemos aprovechar recursos unos de otros. El objetivo: montar algo. ¿Que no cuaja? Hemos pasado un día a gusto. Del intercambio salen muchas cosas guapas, no sólo el sida y los piojos". Comimos en Casa Diego. Allí estaban Thalia, Alfredo López, Conde, Álvaro Gastmans, Salva Molero de FileTones, Meike, el periodista Antonio Sánchez, que ahora es el responsable de prensa del Teatro Cervantes y que casi todos conocimos de su época como redactor de cultura en La Opinión, una amiga suya, que era AR de la Warner y de la que ahora mismo no recuerdo (¡perdón!) su nombre y mi hijo Duende. Duende y Alfredo se cayeron bien, eso lo recuerdo. Aquí están las pruebas gráficas:

Y mañana, más.

sábado 30 de mayo de 2009

Catálogo de novedades ACME

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La canción es "Eugene" de Andrew Bird. La animación de John Kuramoto. Los dibujos de Chris Ware.

Acaba de salir editado por Mondadori en una edición exquisita y soberbiamente traducida por mis amigas María Eloy-García y Rocío de la Maya el catálogo de Novedades ACME de uno de los genios más torturados y torturantes del mundo del cómic, Chris Ware. Me enteré por la página de mi admirada María-Eloy, poeta con habilidades performáticas y plena en su capacidad de combinar inteligencia e histrionismo (http://mariaeloy.blogspot.com/2009/05/hablemos-de-ware.html). Así que corrí a hacerme con mi dosis. Joder, que una editorial como Mondadori se decida a sacar cómics y, encima la edición sea propia de un libro de artista, es para celebrarlo, al menos entre la caterva de cuarentones entre la que me incluyo que tuvieron que leer tebeos bajo el gesto de conmiseración de los adultos de entonces que consideraban que te reblandecían el cerebro, de la misma manera que hoy los adultos consideran que el videojuego idotiza indefectiblemente a cualquier chaval que lo usa sin mueca de desprecio.





Pero es que Ware (http://es.wikipedia.org/wiki/Chris_Ware) es de todo menos alguien capacitado para reblandecerte el cerebro, más bien lo contrario, una especie de espeleólogo de automiserias disfrazado de línea clara altamente dispuesto a freírte el bienestar con muñequitos perfectamente trazados mientras tú te asombras con lo mal que puede llegar a hacerte sentir. En este catálogo de novedades ACME, Ware, tal y como antes había hecho en el fabuloso Jimmy Corrigan, el niño más listo del mundo, otra joya deliciosamente editada, esta vez por Planeta, te exige como lector una implicación física y emocional para la que sólo estamos capacitados cuando somos aún niños o adolescentes. Sus personajes son ruines, crueles, mezquinos, ignorantes, cretinos, borderlines y, aun así deliciosamente dibujados con todos los recursos más simples de la expresión artística, eso sí, con un nivel de precisión que denota la personalidad maniática y perfeccionista del autor. Colores planos, líneas definidas, círculos y líneas rectas trazan personajes que acaban siendo una suerte de clicks de Famobil o muñequitos de Lego actuando en una película gore o de porno zoofílico.

Ésta es María Eloy-García.

Ware convierte en mundo único posible un universo personal y onírico derivado de las viejas revistas llenas de anuncios insólitos del tipo "haga crecer el pelo de su calva con nuestro maravilloso producto" o "aprenda ua profesión de futuro en 15 días con nuestro método único". Sus simulaciones de esas páginas de anuncios llenas de letrillas minúsculas -por ahí radica una de las exigencias físicas que Ware impone al lector que busca penetrar en sus historietas, impidiéndole materialmente leer uno de sus cómics pensando en otra cosa que no sean las múltiples capas de lectura y las cargas de mala leche que pueblan cada palabra y cada rinconcito de su edidiciones- son manifiestos políticosociales antisistema usando las apariencias que el sistema capitalista utiliza para entontecernos y entretenernos.




Debe ser un tipo muy difícil este Ware. Su mjer revelaba en alguna ocasión lo complicado que es convivir con un tipo tan obsesionado por la perfección y por voluntad de decir y expresar exactamente lo que desea y cómo a su vez le conmovía en lo más profundo esa lucha titánica de creador con sus demonios interiores, esa voluntad de ser honesto admitiendo todos los venenos originales que poblaron su personalidad desde la infancia.


Desde hace unos meses estoy disfrutando el placer de actuar como psicopompo iniciático para Miranda en el mundo del cómic, ahorrándole caminos que no llevan a ninguna parte y llevándole directamente a piezas maestras y fuentes originales. Verla disfrutar con ello y consultarme luego pidiendo un "¿y qué leo ahora?" es algo que me hace sentirme acompañado y tremendamente útil. Cuando compré el ACME, ella me preguntó si debía empezar por ese libro y le recomendé que antes lo hiera con el Jimmy Corrigan. Una semana después no para de decirme lo depresivo que le resulta sin dejar de admirar la perfección y honestidad de su propuesta. A mí, el ACME me está revelando, entre otras cosas que ya tengo vista cansada y me obliga a quitarme una y otra vez las gafas y a ponérmelas, a no dejar ningún rincón del libro, ni sus fajillas siquiera sin hurgar, tal y como hacía de niño con los cajones llenos de libros y juguetes antiguos de casa de mis abuelos.



No voy a insitir más. Ante Ware hay que rendirse. Rendirse ante su reutilización de recursos estéticos y representativos de la historia del cómic y la historia del arte. Rendirse ante su propia rendición al esto es lo que hay detrás de la máscara, esto es realmente Matrix. Es como el Lynch que va señalando capas subterráneas de suciedad y crueldad de pesadilla bajo la aparente felicidad del american dream de los anuncios y las ilustraciones de Norman Rockwell. Big Tex, Quimby the Mouse (que es casi la venganza y el triunfo del ratón Ignacio de Krazy Kat), Jimmy Corrigan, Rocket Sam, Rusty Brown o Frank Phosphate son algunos de los personajes de las tiras que guarda y compila este fabuloso volumen. Como todo arte grande, el de Ware no permite que nadie se fíe de sus apariencias. Te exige, naturalmente, dedicación plena, que te olvides de la fastfood culture. Pero eso ya presupone a un autor que no te toma por imbécil. ¿O sí?


miércoles 13 de mayo de 2009

Pepo salta a la ficción

Pepo Pérez charlando en una cena de La Música Contada. Carlos Miranda escucha.

Pepo Pérez (http://www.pepoperez.com/) es uno de los más eruditos seres que he encontrado en mi vida y, posiblemente, una de las personas que más sabe de cómic y arte popular del mundo. Alguien que sabe trascender del datismo friki y que aplica concienzudamente principios científicos a sus investigaciones, opiniones y aseveraciones. Lo conocí una vez por nuestro común amigo Carlos Miranda -Cake, Carlitos, artista, teórico del arte y profesor en la Facultad de Bellas artes de Málaga- a quien alguna vez posteé al principio del blog como Mirandita der Perché, toda vez que le logré un robado en el Orellana donde parecía la mismita reencarnación der Camarón Shico, manque argo gachó. Habíamos coincidido alguna vez que otra en mis Músicas contadas y en alguna terraza y habíamos intercambiado charla.


Autorretrato de Pepo como Spiderman.

La conversación de Pepo es inteligente e inagotable. Puede estar hablando horas de un fotograma o una viñeta sin decir tonterías ni obviedades. A pesar de su verbofagia, que comparto, aunque intente quitarme de vez en cuando, tengo a Pepo por un tipo tímido. Creo que los habladores somos así no sólo porque nos guste escucharnos, que algo de eso habrá o asío lo dicen los freudianos de café con otras palabras y demás osis, sino porque de esa manera evitamos el silencio, el vacío de ser y, sobre todo, que nos interpelen con algo que nos saque los colores. Pepo, al contrario que yo, que soy un tipo disperso y poco dado a sistematizaciones concienzudas, es un enciclopédico ilustrado, además de un creador, divulgador, y crítico de cómics importantísimo. Sus blogs con C de arte (http://concdearte.blogspot.com/) y Es muy de cómic (http://pepoperez.blogspot.com/), son auténticas delicias, además de tener la virtud de estar trabajados con enorme rigor y constancia. Tuve la fortuna de compartir charlas con él y otros amigos etiqueta negra el día que Max vino a La Música Contada. Acabamos cenando en un restaurante de Málaga, por La Malagueta, una suerte de sador argentino dode el dueño, para postre te canta en el cogote canciones del folclore sudamericano, con voz de tanguero grave y arrastrado, algo que todos los parroquianos celebraban muchísisimo pero que a nostros nos indigestó el churrasco. Porque eso de ver cómo te vibra la nuca con Sapo cancionero o Zamba de mi esperanza mientras nos echaban todos una mirada de "cómoesposiblequeestostiposnosecallenysearrobenconmisonysiganhablandodetebeos" no es agradable, no. Eso fue la primera noche. La segunda, en el Mesón Mariano, ya nadie nos cantó y Pepo demostró como entre tdoos los Demóstenes del lugar, nadie le echaba la pata. Fotos hay que dan fe de ello.

Juan Pablo Gordillo (dueño de En Portada Cómics), Alvaro Gastmans y Conde siguen escuchando a Pepo.

Y Max, y Miranda, y Vicente y Nacho Gabrielli. Pepo es como Cristo cuando coge el hilo.


También dio fe de ello en mi última fiesta de cumpleñaos. Bueno, mía y de Miranda, donde acudió con Carlos, Cake, y durante cinco horas sólo dejaron de hablar para comer un poco de carne con mojo picón que habían hecho entre Victoria y Eva. Creo que se lo pasaron bien, pero supongo que no hubiera importado mucho el entorno porque su fiesta estuvo en las palabras e ideas que intercambiaban. Le gustó mi casa, eso sí, que no la conocía. Y me regaló el libro de Michio Kaku, Física de lo imposible, donde el físico yanquinipón revisa desde el punto de vista de la ciencia todos los conceptos y descubrimientos que aparecen en las obras de ciencia ficción de hoy bajo la luz de su posibilidad científica. Una forma amena de saber a dónde vamos tecnológica y científicamente hablando.


Max en la Música Contada. ¡Qué bien estuvo el maestro!


Pero este post venía a cuento de una pequeña anécdota de ayer. Pepo, como yo y todos los lectores de cómics de fantaciencia y superhéroes, está muy familizarizado con todo ese universo de imposibles lleno de dimensiones paralelas, viajes en el tiempo, enfrentamientos con tu doble temporal, sincronías y superpoderes habituales de las historietas y la literatura de ciencia-ficción -las pelis copian, ojo- que ahora la ciencia y las industrias de entretenimiento masivo empiezan a llevar a un terreno común. Ayer nos encontramos por la calle. Iba yo con mi hijo por el centro de Málaga camino de la Autoescuela donde le apunté para que se sacara el carné de conducir caundo lo vi andando delante nuestra. Al llamarle sus ojos se asombraron:

-Hola, tío. ¡Joder! No te lo vas a creer. Acabo de entrar en tu blog y ver el post de tu hijo. Y ahora apareces tú por aquí. Es como si la metarrealidad se hubiese materializado (o algo así dijo, que no tengo la memoria de Truman Capote para recordar textualmente todas las citas).
Era la sincronía universal. Y era algo muy de cómic. Entiéndanme. Eso pasa continuamente. Pero yo quería tener una excusa para hablar de Pepo e invitarles a que entren en su blog y se pierdan allí. A que lean alguna de sus dos entregas de El Vecino (Astiberri) (http://www.astiberri.com/elvecino/) y a que conozcan a este sabio a través de sus artículos y colaboraciones en prensa (Rock de Lux, El Periódico de Catalunya...) y de sus posts diarios en el blog.
Ayer pensé que quién era personaje en la ficción de quién. Probablemente ambos lo seamos en la de cada cual. Yo creo saber cuáles son los roles que ocupamos cada cual en mi propia ficción. Él sabrá los suyos. Ahora me pregunto si Pérez me está escribiendo o yo lo inventé a el. Probablemente haya un Alan Moore por ahí escribiéndonos a ambos. Podría decirme si mi hijo, al final, acaba sacándose el carné a la primera -que vaya pastón que cuesta- y si va a seguir estudiando como dice ahora. En este momento, me preocupa más que saber cuánto costará la factura de teletransporte en el siglo XXII.

sábado 9 de mayo de 2009

Historias en el fin del mundo


Hace apenas una hora (sábado; 17.30 horas; en casa, con Miranda) que acabé de ver, de gozar la experiencia de sumergirme dentro de un documental de Werner Herzog ( http://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Herzog) sobre el fin del mundo. Lo había encontrado y bajado a través de esta excelente página (http://documentalesatonline.blogspot.com/) donde se linquean una gran cantidad de documentales -a veces para ver onlain, a veces para descargarse de la mula, otras a través del gestor de descargas Megaupload- grabados de televisiones o compartidos por otras personas. Muy recomendable para ir agudizando el paladar y dejar de ver lo que no merece la pena. Hay para entretenerse muchas horas. La película, rodada en el año 2006 en la Antártida, respone al título de Encuentros en el fin del mundo. Está doblada, pero se escuchan las voces de los personajes, así que se puede ver sin cometer herejía o que se te inflamen las glándulas receptoras de voces impostoras. Es una suerte de poema, diario de viaje, notas con cámara, del cineasta alemán durante su estancia en un asentamiento en la Antártida en la base de McMunro. Lugar ignoto, el templo donde se encuentra el polo sur geofísico, al que acudió convocado por las imágenes filmadas que un amigo submarinista que allá trabajaba le había enviado con sus asombrosas inmersiones en el mundo subacuático que hay bajo un mar de hielo.



Si como cineasta es indiscutible cuando aborda la ficción, como documentalista Herzog ha realizado algunos de los documentales que, al menos entre los que he visto a lo largo de mi vida, podría calificar fácilmente como piezas maestras. Maestras porque están lanzadas desde el conocimiento de un hombre sabio y singular. Cínico a veces. Poeta tantas. Negrísimo otras. Pero dotado de un alma única para detectar lo verdaderamente humano que descansa en lo aparentemente fuera de lo común. Para celebrar la humanidad en los límites de ser y estar. Y, al cabo es un hombre sabio dotado de una capacidad narrativa trasversal y derivante, flaneuresca y erudita, con la que mi manera de ver se siente cercana, aspirante y gratificada. Cito como ejemplos a Grizzly man, Enemigo íntimo o Todos los enanos empezaron pequeños, todas ellas editadas en DVD, y, sobre todo, o también, a ésta auténtica maravilla poética, fantástica, visual, narrativa e intelectualmente hablando.


Foto de promoción de Grizzly Man con Herzog
Klaus Kinsky y Herzog en una escena de Enemigo íntimo

Encounters in the end of the world. Un hombre, Herzog, recibe unas imágenes de un submarinista nadando bajo un mar de hielo. La luz a través de las paredes de hielo y las burbujas ascendentes son sobrecogedoras. Resulta el anzuelo de un amigo para invitarle a mirar allá, en el lugar que dejó de ser inhabitado por el hombre tras las incursiones de Admundsen, Shackelton o Scott. Herzog, siempre tan al límite de las cosas, siempre tan inteligentemente excéntrico avisa que no va a filmar pingüinos así como así -lo acabará haciendo, pero sólo porque descubre un rastro de humanidad, o de parangón poético, en un pingüino que se desvía de la manada y se marcha solo a una empresa de la que nunca regresará vivo-, que las preguntas que le asaltan no son las habituales. Que no va a hacer un reportaje para el National Geographic sobre el calentamiento global.

Herzog

Lo que Herzog se encuentra en su viaje es una especie de isla de Nunca Jamás donde van a parar los viajeros que gustan de salir de los márgenes de los mapas. Un lugar lleno de científicos, aventureros, personajes tan sólo encadenados a su propio camino a ninguna parte o a encontrar nuevas evidencias para ampliar nuestros conocimientos científicos. Y lo va contando como un poeta que se va implicando. Encuentra tanto los inenarrables y sobrecogedores sonidos que hacen al bucear bajo el hielo las Focas de Walden (las ballenas les parecerán aprendices al lado de estas focas), los conductos místicos de las fumarolas o los telones de lava del volcán Érebo como la colección de personajes más singulares que uno imaginarse pueda: un lingüista que cuida plantas en invernadero en un lugar donde no hay ninguna lengua que estudiar: plantas en vez de dialectos; un filósofo que cita a Alan Watts con pasión exacta, y que ha viajado por todo el mundo; un biólogo submarino que sabe que ha llegado la hora de su relevo generacional y prepara un concierto en la nieve con su guitarra eléctrica mientras sigue animando a su equipo con viejas películas de ciencia-ficción de los años 50; una aventurera que ha escapado de la muerte en varias ocasiones y que entretiene a sus colegas de base encerrándose en una bolsa de deportes; un zoólogo que acaba de descubrir nuevas y sofisticadas formas de vida a medio camino entre el reino mineral y animal; un mexicano de ascendencia apache que muestra con orgullo sus manos descendientes -así le contaron- de reyes aztecas; un ruso de pasado inexpugnable y doloroso que cada día hace su mochila para viajar en cualquier momento; un vulcanólogo que se viste como los viejos exploradores de princiopios del siglo XX; un físico hawaiano que quiere fotografiar los invisibles neutrinos a los que explica como espíritus o fantasmas: están ahí, podemos medirlos, pero no verlos porque están en otro lugar o dimensión; o el esturión congelado que se guarda en los túneles subterráneos de la base americana que cubre el punto exacto donde se encuentra el polo Sur. Ese esturión que comparte altar con una lata y una pequeña instalación, un altar de palomitas de maíz heladas que guarda postales con poemas y flores como una cueva en miniatura, arqueología futura y enigmática que, profetiza o elucubra Herzog, si algún día llegaran civilizaciones del espacio a rastrear nuestros vestigios les supondría un reto entender qué significaban.




El viaje de Herzog es nuestro viaje. El hielo permite que las cosas tengan otra dimensión. Nada te distrae. Los personajes hablan del silencio ante la cámara y de los ruidos que guarda el hielo bajo sí que escuchan con la oreja pegada como indios navajos. Pero la blancura del entorno acompañada de momentos musicales sublimes es suficiente para hacerte ver las cosas de otra manera. Hasta la suma belleza de los paisajes inexplorados se planta serena y sobrecogedora ante ti como una revelación y una evidencia. Se dice -lo dicen los científicos, O Herzog resumiéndolos- que el hombre no sobrevivirá a las consecuencias de su impacto en el planeta. No hace falta que lo juren. Eso ya lo sabíamos. Pero la evidencia de estar en el lugar del límite para entenderlo, un lugar que puede que un día desaparezca, pero que hoy parece un puerto perdido y borgiano y atemporal, casi simbólico, de sabios y poetas, de locos y visionarios, te sobrecoge y piensas lo necesarias que siguen siendo las uniones de ciencia y poesía. De mirar sin saber y de seguir buscando no se sabe qué. Son la misma mirada. Una mirada que te parece extrañamente universal, esencial, precognitiva, camino obligado si quieres entender qué mierda haces en todo esto. Cuál es de verdad nuestro lugar en el mundo. Cómo es que esos hombres hablan y miran en nombre de todos, aunque no nos demos cuenta. Por qué somos como ese pingüino que se lanza a una aventura de la que nunca regresarán. Ese hombrecillo blanquinegro que camina patizambo, perdido como los personajes unidos con una cuerda y papeleras de plástico pintadas con caricaturas cubriéndoles la cabeza que al principio del documental reciben entrenamiento por si la ventisca te sumiera en la neblina helada absoluta. ¿Qué querrá encontrar ese pingüino que se suelta de la cuerda de su manada y sale de su isla helada para viajar a su propia Antártida? ¿Está realmente perdido o es la manada la que aún no ha escuchado la auténtica brújula interior? ¿Se habrá dado cuenta, como cita el filósofo exiliado en las lindes del último sur, de que el universo mira a través de nuestros ojos, oye a través de nuestros oídos, tan sólo para tomar conciencia de sí mismo?